noviembre 12, 2014 By Ulises Navarrete

México vive una verdadera crisis; basta de sangre: obispos

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FRANCISCO LEYVA
En un inusual y muy duro mensaje por parte de la Conferencia del Episcopado Mexicano, máximo órgano rector de la jerarquía eclesiástica, los obispos integrantes expresaron: “Los Obispos de México decimos: ¡Basta ya! No queremos más sangre. No queremos más muertes. No queremos más desparecidos. No queremos más dolor ni más vergüenza”.
En un documento denominado Mensaje Final al Pueblo de Dios, emitido este día en el marco de su XCVIII Asamblea Plenaria de Obispos, celebrada en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, en el cual comparten con los mexicanos la pena y el sufrimiento de las familias cuyos hijos están muertos o están desaparecidos, mencionan los casos de Iguala y de Tlatlaya, además que se suman a las miles de víctimas anónimas en diversas regiones de nuestros país.
“Nos unimos al clamor generalizado por un México en el que la verdad y la justicia provoquen una profunda transformación del orden institucional, judicial y político, que asegure que jamás hechos como estos vuelvan a repetirse”, indican en su documento.
Además, hacen un llamado para construir un país que valore la vida, dignidad y derechos de cada persona, “haciéndonos capaces de encontrarnos como hermanos”.
Subrayan que en medio de esta crisis vemos con esperanza el despertar de la sociedad civil que, como nunca antes en los últimos años, se ha manifestado contra la corrupción, la impunidad y la complicidad de las autoridades.
“Creemos que es necesario pasar de las protestas a las propuestas. Que nadie esté como buitre esperando los despojos del país para quedar satisfecho. La vía pacífica, que privilegia el diálogo y los acuerdos transparentes, sin intereses ocultos, es la que asegura la participación de todos para edificar un país para todos”.

ALERTA ANTICIPADA
Recordaron que en el año 2010, en su exhortación pastoral Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna, advertían sobre el efecto destructor de la violencia que daña las relaciones humanas, genera desconfianza, lastima a las personas, las envenena con el resentimiento, el miedo, la angustia y el deseo de venganza; afecta la economía, la calidad de nuestra democracia y altera la paz.
Sin embargo, señalan los obispos que con tristeza reconocen que la situación del país ha empeorado, desatando una verdadera crisis nacional. Muchas personas viven sometidas por el miedo, la desconfianza, al encontrarse indefensas ante la amenaza de grupos criminales y, en algunos casos, la lamentable corrupción de las autoridades. Queda al descubierto una situación dolorosa que nos preocupa y debe ser atendida por todos los mexicanos, cada uno desde su propio lugar y en su propia comunidad.

ESPERANZA
Estamos en un momento crítico. Nos jugamos una auténtica democracia que garantice el fortalecimiento de las instituciones, el respeto de las leyes y la educación, el trabajo y la seguridad de las nuevas generaciones, a las que no debemos negarles un futuro digno.
Nos vemos urgidos, junto con los actores y responsables de la vida nacional, a colaborar para superar las causas de esta crisis. Se necesita un orden institucional, leyes y administración de justicia que generen confianza. Es indispensable la participación de la ciudadanía para el bien común. Sin el acompañamiento y la vigilancia de la sociedad civil el poder se queda en manos de pocos.
Ante la situación que enfrentamos, los Obispos de México queremos unirnos a todos los habitantes de nuestra nación, en particular a aquellos que más sufren las consecuencias de la violencia, acompañándolos en su dolor a encontrar consuelo y a recuperar la esperanza.
Con esta certeza redoblaremos nuestro compromiso de formar, animar y motivar a nuestras comunidades diocesanas para acompañar espiritual y solidariamente a las víctimas de la violencia en todo el país:
A colaborar con los procesos de reconciliación y búsqueda de paz.
A respaldar los esfuerzos de la sociedad y sus instituciones en favor de un auténtico Estado de Derecho en México.
A seguir comunicando el Evangelio a las familias y acompañar a sus miembros para que se alejen de la violencia y sean escuelas de reconciliación y justicia.
Agradecemos al Papa Francisco su cercanía y preocupación en estas circunstancias. Unidos a él celebraremos el próximo 12 de diciembre la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, haciendo una jornada de oración por la paz. Le pediremos su intercesión por la conversión de todos los mexicanos, particularmente la de quienes provocan sufrimiento y muerte.


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