San Judas congrega a miles en templo de San Hipólito

San Judas
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Como cada día 28, pero en esta ocasión concurrirán miles de devotos al templo donde se venera a San Judas Tadeo.

La llegada de feligreses al templo de San Hipólito para venerar al primo de Jesús en su día complica el tránsito en Reforma y Avenida Hidalgo, por lo que se encuentra cerrada a la circulación en Paseo de la Reforma, desde Violeta hasta Hidalgo, informó la SSP CDMX.

Alternativas viales: Avenida de los Insurgentes, Chapultepec, Arcos de Belén, Doctor Río de la Loza, Eje Central Lázaro Cárdenas y Eje 1 Norte Mosqueta.

San Judas es el santo de las causas difíciles. San Judas Tadeo, apóstol de Jesucristo, descendía de la estirpe real de David y, por tanto, era consanguíneo de Jesucristo. En efecto, el padre de San Judas, llamado Cleofas, era hermano de san José.

“Judas” es una palabra hebrea que significa: “alabanzas sean dadas a Dios”. Tadeo quiere decir: “valiente para proclamar su fe”.

El campo de acción apostólica de San Judas fue amplísimo; evangelizó primero la Judea, después Mesopotamia y, finalmente, Persia, llevando por todas partes la luz de la verdad, transmitiendo La Palabra del Señor y obrando, en su nombre, los más preclaros milagros: el número de los discípulos aumentaba de día en día, atraía a sí muchísimos cristianos, nombraba diáconos, sacerdotes y obispos, fundando iglesias cristianas en todas las regiones que atravesaba.

Regresando a Persia, se reunió con el apóstol San Simón y ambos combatieron las herejías de Zaroes y Arfexat, sacerdotes idólatras que habían confundido la conciencia de aquel pueblo, llevándolo a revolverse en contra de la palabra y las obras de los dos apóstoles.

San Judas sabía que su misión terrena llegaba a su fin y el martirio, para gloria de Dios, estaba cerca.

Llegaron a Suamyr, ciudad de Persia. Los dos apóstoles se alojaron en casa de un discípulo llamado Semme. A la mañana siguiente a su llegada, los sacerdotes idólatras de aquella ciudad, seguidos por una multitud del pueblo azuzados por las venenosas presiones de Zaroes y de Artexat, rodearon la casa de Semme pidiendo a gritos la entrega de los dos apóstoles.

“Entréganos, oh Semme, inmediatamente a los enemigos de nuestros dioses, o si no te quemaremos la casa”.

Ante estas amenazas que no admitían réplica, san Judas y san Simón se pusieron en manos de aquellos malvados que los obligaron inútilmente a adorar a sus falsos dioses; golpeados hasta la sangre, encontraron aún fuerzas para mirarse a los ojos y san Judas, dirigiéndose a su compañero de martirio le dijo: “Hermano, veo a ntro. Señor Jesucristo que nos llama”.

La turba de los idólatras, ignorando estos coloquios celestiales, movida por un insano furor, se arrojó con mayor encarnizamiento sobre los cuerpos ya sangrantes de los dos santos Apóstoles hasta destrozarlos: ¡la corona del martirio brillaba sobre sus cabezas gloriosas!

A san Simón lo mataron aserrándolo por el medio y a san Judas Tadeo le cortaron la cabeza con una hacha y por eso lo representan con una hacha en la mano. Se cree que el martirio ocurrió en el año 70 de la era cristiana, es decir, 36 años después de la ascensión de Jesucristo. Como fueron martirizados juntos, la Iglesia celebra la festividad el mismo día de su martirio para ambos: 28 de octubre.

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Written By Max Vite

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