Francisco revive el sueño (imposible) de que haya cardenalas y obispas

septiembre 28, 2015 By

Francisco revive el sueño (imposible) de que haya cardenalas y obispas

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Ciudad de México a 28 de septiembre.- Aunque por enésima vez, el papa exhorta «una participación de las mujeres, una participación más activa», pero eso no significa que se «clericen»; mientras tanto, Cristo no dudo en alejarse de la ley de Moisés para afirmar la igualdad en los derechos y en los deberes, por parte del hombre y de la mujer, detallan analistas; en ese sentido, el papel de la mujer en el Cristianismo puede ser reorientado con el reclamo de Francisco I.

Tras su homilía del sábado 26 durante una misa en Filadelfia (este), en la Basílica de San Pedro y San Pablo de Filadelfia, el papa Francisco volvió a poner en el tapete de las discusiones ante muchos representantes del clero el tema de la participación de las mujeres en la Iglesia lo mismo que la de los laicos, aunque con imprecisiones que dejan demasiado campo a la especulación, como el que en un futuro inmediato que las mujeres puedan recibir el sacramento del sacerdocio o incluso que puedan formar parte del cuerpo cardenalicio, para que posteriormente sean las voces autorizadas de Vaticano las que se dediquen a negar que sea la intención de Francisco y de la Iglesia Católica “clerizar” a las mujeres o a los laicos. Dijo Francisco textualmente: «Sabemos que el futuro de la Iglesia, en una sociedad que cambia rápidamente, reclama ya desde ahora una participación de los laicos mucho más activa».

En ese sentido, en agosto del año 2013, el papa Francisco concedió una entrevista a La Civiltà Cattolica, la histórica publicación de la Compañía de Jesús —en España, ha sido difundida por Razón y Fe; al respecto, durante seis horas divididas en tres días, su director, el sacerdote Antonio Spadaro, conversó con el Papa sobre la situación crítica de la Iglesia, los temas candentes de su pontificado y también sobre sus gustos y pecados; por lo que, ante el cuestionamiento de quién es Jorge Mario Bergoglio, responde: “No sé cuál puede ser la respuesta exacta… Yo soy un pecador. Esta es la definición más exacta. Y no se trata de un modo de hablar o un género literario. Soy un pecador”; en dicha entrevista, Francisco se muestra crítico con una Iglesia «obsesionada» con el aborto o el matrimonio gay.

Además, en dicho encuentro periodístico, el Papa se muestra partidario de afrontar, “hoy”, el papel de la mujer en la Iglesia: “Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del ‘machismo con faldas’, porque la mujer tiene una estructura diferente del varón. Pero los discursos que oigo sobre el rol de la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que esta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad. Es preciso, por tanto, profundizar más en la figura de la mujer en la Iglesia. Hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer. Solo tras haberlo hecho podremos reflexionar mejor sobre su función dentro de la Iglesia. En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.

Por lo que, el periodista JuanAriasRíodeJaneiro indica que por la cabeza del papa Francisco ha pasado la idea de nombrar cardenal a una mujer. «Este Papa, que no parece Papa, ha llegado a Roma desde la periferia de la Iglesia con un programa bien concreto: cambiar no sólo el aparato herrumbroso de la maquinaria eclesial sino también resucitar el cristianismo de los orígenes».

No obstante, en diciembre de 2010 Francisco había negado que tenga previsto nombrar mujeres cardenales, tal y como recogieron algunas informaciones, ya que entiende que deben de ser «valoradas» en la Iglesia, pero no «clericalizadas». «Así lo ha asegurado el Santo Padre en un adelanto de una entrevista para La Stampa recogido por Europa Press, en la que aborda diversos temas referentes a su Papado como la reforma de la Curia o las críticas desde Estados Unidos por su supuesta ideología marxista»; sin embargo, en la entrevista que había concedido en la que apostaba por reflexionar sobre el «puesto específico» de la mujer en la Iglesia, ha desmentido esta posibilidad.

En ese sentido, el especialista AntoniCarolIHostench, señaló que «la participación más activa de las mujeres en la vida eclesial no es un eufemismo, ni una concesión caritativa para con ellas: es una necesidad vital». «Por lo pronto, hay sectores sociales que sólo podrán ser recristianizados (recuperados para Cristo) con la intervención de la mujer. Incluso, el mismo quehacer teológico necesita la aportación del punto de vista femenino: cada vez son más las mujeres que, con la debida preparación, están trabajando muy eficazmente en la reflexión teológica», considero Carol i.

De tal manera que, «la promoción social de la mujer es algo que se debe especialmente al cristianismo»; «Cristo jugó un papel auténticamente revolucionario en los años de su vida terrena. «Él -en efecto-, superando las normas vigentes en la cultura de su tiempo, tuvo en relación con las mujeres una actitud de apertura, de respeto, de acogida y de ternura» (JUAN PABLO II, Carta a las mujeres, 3). «Basta pensar, por ejemplo, en el pasaje de la mujer adúltera sorprendida por los judíos y presentada ante Jesucristo para que Él ratificara la sentencia de lapidación (cf. Jn 8, 3-11). También acoge con profundo y sereno cariño a la Magdalena (cf. Lc 7, 36-50); a ella misma -como primicia- se le revela Cristo resucitado (cf. Jn 20, 11-18); se entretiene con la Samaritana en el pozo de Sicar (cf. Jn 4, 1-45), etc».

Así, «Jesucristo no llamó ninguna mujer a formar parte de los Doce. Al actuar así, no lo hizo para acomodarse a las costumbres de su tiempo, ya que su actitud respecto a las mujeres contrasta singularmente con la de su ambiente y marca una ruptura voluntaria y valiente (…)», añadió el analista.

Sin embargo, a diferencia de Jesús, Pablo marginó a la mujer en el origen del cristianismo; al respecto, «Francisco [y lo dice así, ni Primero después ni Papa antes de Francisco, sino ‘Francisco’, el fiyu de Francisquina la de Tomasa. Estos son los que alaban las decisiones del nuevo pontífice] quiere resolver ese problema durante su pontificado porque está convencido que la Iglesia de hoy está manca y coja sin la mujer en el lugar que le correspondería, que sería ni más ni menos que el que ya tuvo en los inicios del cristianismo, donde ejerció un enorme protagonismo»; «Por lo menos hasta que Pablo acuñó su teología de la cruz y jerarquizó y masculinizó a la Iglesia. Pablo fue el fundador del cristianismo; hasta ese momento los cristianos eran una secta judía enemiga de Roma y de la jerarquía judía que pactó con ella. Por eso crucificaron a uno que se llamaba Jesús de Nazaret. Pero estos no se enteran. Ni conocen la Iglesia ni la historia. Ni desde la perspectiva del creyente ni desde ninguna otra. Y estos son los que alaban a Paquirri I. Con eso ya está dicho todo»(…)

 

Redacción. Huellas de México


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