noviembre 15, 2014 By Huellas de México

Palabras del Monseñor Christopher Pierre

Comparte
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Mons. Alberto Suárez Inda: Y bueno, también quiero agradecer y resaltar la presencia de encargados de pastoral educativa, de diversas Diócesis de México que están aquí participando en este Encuentro, como hemos querido llamarle: “Encuentro Diálogo de Propuesta de Apertura y Escucha”.

Y finalmente, para cerrar este primer bloque de apertura, de inauguración, quiero pedirle al señor Nuncio Apostólico, nos dé su palabra y al final haga la declaratoria formal de inauguración de nuestro Encuentro.

Excmo. Señor Arzobispo Mons. Christophe Pierre: Muy buenas tardes a todos.

Saludo al señor Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara y Presidente de la Conferencia Episcopal.

También manifiesto mi reconocimiento al señor Cardenal don Norberto Rivera Carrera, Arzobispo de México y expreso mi aprecio al señor Arzobispo de Morelia, don Alberto Suárez Inda, responsable de la dimensión de educación de la CEM y organizador entusiasta de este Encuentro.

Y me alegra mucho la presencia de algunos señores obispos que han venido a escuchar, a involucrarse, ojalá, cada vez más, con este tema apasionante de la educación.

Reconozco la labor de tantos sacerdotes y religiosas, religiosos, así como fieles laicos, que están detrás de los esfuerzos que siguen dando a la Iglesia un rostro educador.

A mí me parece que la finalidad de este Encuentro es esto.

Mostrar que la iglesia, la misión de la iglesia es educar.

Todos somos educadores, todos, pero hace falta tomar conciencia de nuestra vocación de educador y de nuestra misión como educadores, para cambiar a la sociedad.

Mi saludo y estima a tantos padres de familia, a estudiantes, a maestros, directivos de escuela, rectores de universidad, a las autoridades civiles e impulsores de esfuerzos de la sociedad civil.

También saludo a aquellos que representan organismo internacional.

Y esta comunidad de la universidad de La Salle, que tan generosamente nos recibe hoy y a su señor rector, su hermano el doctor Enrique González Álvarez mi mayor gratitud y aprecio.

Una emergencia educativa. Tenemos frente a nosotros.

La situación global y nacional nos llama a hacer una reconsideración sobre los fundamentos, motivos y fines que están detrás del actual y pensar del ser humano de hoy.

Sus sistemas y dinámicas.

Es decir, estamos ante la necesidad de preguntarnos por los paradigmas que constituyan nuestro marco civilizatorio nuestro marco civilizatorio.

Debemos aceptar con humildad que la realidad nos rebasa.

A mí me parece que en esos días todos, diferente a lo que está pasando en México, nos sentimos rebasados.

Entonces hay que considerar este hecho.

Nos sorprende esta realidad que cuestiona constantemente.

Si quisiéramos encontrar una coincidencia generalizadas, no sería difícil, pues es evidente todos reconocemos que las cosas no pueden seguir igual, que algo debe cambiar, ese algo nos involucra a todos.

Muchos de ustedes intuyen inmediatamente, quizá no es algo lo que debe cambiar solamente, sino alguien.

Y en la pregunta nos encontraremos todos.

La emergencia educativa no nos lleva solamente a ampliar o profundizar los contenidos y métodos educativos a utilizar para con los niños y jóvenes de nuestros tiempos.

Tampoco nos lleva solamente a incentivar y promover la continua educación de todos los adultos. ¿Eso es la moda, verdad?

El querido Papa Francisco, en su reciente enunciación apostólica, Evangelii Gaudium va a las causas y nos dice que debemos ser capaces más allá y revisar el fondo cultural, el humus de nuestra civilización.

Ha afirmado con razón que estamos frente a un cambio de época, a un giro histórico. Es decir, nos llama a hacer ajustes a las ideas fuerza, a los grandes marcos de comprensión que dan fundamento y consistencia a nuestra cultura y su destino.

Hoy es evidente que la razón económica o legal no es suficiente para orientar la totalidad de la vida.

Ambos, mercado y estado son instituciones necesarias, pero profundamente insuficientes para estructurar de manera integral y con sentido la realidad compleja de la persona humana.

Las circunstancias nos hacen volver nuestra mirada a una exigencia moral, trascendente, integral, pero sobre todo que responda a una cultura de la vida y no de la muerte.

Reconocemos también que la solución debe pasar por un diálogo que integre la voluntad, la decisión, la virtud y el consenso de la mayoría. La realidad no cambiará por decreto por un sistema o ideología, sino en la medida que los seres humanos sean tratados como tales, como sujetos dignos, inteligentes, capaces de responder al desafío histórico y esto supone diálogo.

Pero a su vez sabemos que no puede disolverse éste en razones superficiales ni tampoco el mecanismo de control o chantaje.

Es urgente impulsar un diálogo profundo que vea al ser humano como razón primera e última, en su integridad, en su dignidad, en sus múltiples dimensiones, pero sobre todo en los valores trascendentes impresos en su corazón: la verdad, la bondad, la unidad, la belleza.

Comprendemos que la crisis de nuestro tiempo nos desafía a responder a ciertas preguntas: qué tipo de ser humano estamos formando para el futuro, qué fin puede tener una civilización que se estructura en un individualismo que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos familiares, sociales, humanos, qué futuro puede haber si promovemos un estilo de vida más preocupado del nivel, sobre todo económico, que de la calidad de la vida.

Es necesario responder socialmente a la pregunta de si la vida debe ser respeta siempre y en cualquier condición, qué civilización puede formarse si en la base del discernimiento común no se reconoce el valor de la verdad y se corrompe éste por razones de comodidad, conveniencia, poder, popularidad o criterios económicos, entre otros.

¿Puede construirse una civilización en un vacío de sentido, un vacío de valor, un vacío de relaciones verdaderas y estables?

¿Es posible formar una cultura sólida bajo la lógica del menor esfuerzo, de lo superficial, de lo cómodo, lo más barato, la apariencia?

Incluso, en una dinámica autocrítica me pregunto: ¿Es posible promover el Evangelio de Cristo sin una claridad de horizonte y sentido que tenga al ser humano como centro, fundamento y fin?

La cultura de hoy nos plantea estas y otras preguntas, sin embargo es través de un nuevo andamiaje educativo desde el cual debemos dar respuesta individual y comunitariamente.

El desafío de una nueva educación más atenta, dispuesta a trabajar con la persona, primer punto: educar.

La tarea educativa debe ser entendida mucho más allá del ámbito meramente escolar. Educar tiene que ver con la vida misma, la cual debemos acoger y entender. Ésta sale a nuestro encuentro cotidianamente y debemos aprende a dialogar y encontrarnos con ella, sin ilusiones, sin evasiones.

Cada etapa del ser humano es una oportunidad para hacer de la vida una realidad propia que nos llama no sólo a vivirla, sino a transformarla, abrazar la seriedad de la vida.

Me permite comprenderla y no padecerla. Educar es acompañar al ser humano en un diálogo con la vida, y de nuevo sólo en el diálogo con la vida el hombre descubre sus capacidades, sus límites y recursos. Sólo así la persona es en gran parte constructora de sí misma y capaz de ofrecer al otro razón, esperanza, lo que cada vez más necesitamos hoy en nuestra cultura, en nuestro país y con pasión.

Todo educador sea padre de familia, maestro, autoridad, comunicador, cualquiera está llamado a acompañar al otro en el diálogo y la participación de la vida. Sin embargo, paradójicamente ese acompañamiento lo involucra, lo pone en juego, el educador no es el observador frío, como un referente de la vida misma.

El educador no es sólo aquel que enseña, sino antes que nada es alguien que testimonia, que hace presente, que hace experiencia lo que anuncia, aquí entre pagantes descubrimos la grandeza de Jesucristo, quien no sólo nos predicó el arte de vivir, Cristo no es un maestro renovado, sino él es sobre todo al internarse se hizo signo sensible del amor del Padre dado de toda vida, la autoridad indispensable para todo acto educativo se nutre entonces no sólo de competencia y de conocimientos, sino que se funda principalmente en la coherencia de la propia vida que se abre para mostrar su belleza y su consistencia personal.

Tercer punto, la familia. La familia tiene provocación, ser un espacio continuo de experiencia y aprendizaje de la humanidad para todos sus miembros. En la familia las personas pueden hacerse humanas en la medida de sus capacidades, gracias a su propio esfuerzo personal y la ayuda mutua que reciben de sus integrantes.

Es en términos ecológicos el hábitat óptimo para el desarrollo de la especie humana. No hay que destruir a la familia, no hay que transformarla artificialmente. La familia es importante, hay un binomio que no se puede disolver familia-educación, no hay educación sin la familia, lo sabemos bien.

¿Cómo educar cuando el hogar se convierte en una casa fantasma en donde sus integrantes solo acuden a dormir después de jornadas extenuantes de trabajo? No lo sé, algo debemos hacer, pues me parece que debemos trabajar menos, pero mucho mejor.

El principal desafío educativo para la familia en el tiempo presente es ser reconocida la familia, la familia debe ser reconocida por todos, por la Iglesia, por el Estado, por la escuela, no podemos finalizar la familia, es promovida como el agente humanizador por excelencia, mientras la educación llamada formal va ocupando el centro de la escena la familia va perdiendo rápidamente su protagonismo y centralidad en la vida social, gracias a la acción deliberada de diversos factores.

Son los padres de familia los primeros responsables de la educación de sus hijos, y ellos deben aceptar y reivindicar este reto, sin delegarlo, sin evadirlo, ellos son los únicos quienes pueden acompañar a lo largo de toda la vida, de toda su vida, los aspectos más delicados y humanos de sus hijos.

4.- La escuela y la universidad. Reconocemos la importancia de estas instituciones, escuela y universidad, que acompañan la educación de niños, adolescentes y jóvenes son espacios vitales que requieren ser fortalecidos, no sólo en su administración y gestión, sino sobre todo en el servicio que desempeñan.

En estas estructuras los niños, adolescentes, jóvenes, deben experimentar constantemente la exigencia y la paciencia, la tenacidad y la cavidad, la verdad y la bondad, el gran reto que tienen es conducir a cada persona a ser siempre cada vez más consciente, más respetuoso, más inteligente, más integrada y servicial, más solidaria y justa, más humana.

La escuela no es un espacio sólo de desarrollo de competencias o valores, sino sobre todo debe ser una comodidad, no hay que tener miedo de las palabras, una comodidad virtuosa, que busca la virtud, porque podemos solamente hablar de valores, pero los valores para poder ser vivido, debe transformarse en virtud, si no son ideas, que nos encarnan en nuestra realidad.

Una comunidad virtuosa en donde la experiencia del bien, la verdad, la belleza y la bondad, se viva cada vez más y de mejor manera.

Yo quería expresar tres ideas conclusivas.

Primero. Todos requerimos re-educarnos. Estamos en un momento de cambio de época, que nos invita a ser mucho más conscientes de lo que somos, hacemos y vivimos, debemos hacer un discernimiento individual y comunitario de nuestras prioridades, fundamentos y del sentido de nuestra vida.

El reto educativo no está sólo en manos de nuestros gobernantes, está en manos de todos los que conformamos la sociedad, pues somos todos protagonistas del devenir de nuestra historia.

Segundo. La educación es un ejercicio de trascendencia, de hacer salir, del individuo de su mundo, para situarse en la realidad amplia y compleja que nos cobija.

Todo proceso educativo, implica participar, salir de nuestro mundo y nuestra comunidad, para hacernos cargo, no sólo de nuestros intereses, sino del devenir global.

Me alegro y celebro que nos reúnan en un Encuentro, en este espacio de diálogo plural, para ampliar nuestra mirada y también nuestro horizonte, y al mismo tiempo compartir lo que somos, y también lo que creemos.

En lo personal, me ayuda a entender que no estamos solos, aventados a la existencia, sino que estamos ante una presencia, presencia de amigos, pero presencia con P grande, mayúscula, que ama a todo lo humano esta presencia y que precisamente se ha hecho palabra mayúscula para ser nuestra guía, para ser, sí hay que decirlo, nuestro maestro.

Tercero. Debemos reconocer que en el centro de nuestros problemas no están solamente los sistemas, las leyes, los proyectos, presupuestos o planes, sino principalmente toda persona humana y toda la persona humana.

Hoy debemos trabajar con el capital social por educar y formar personas, no importando su edad, situación social, económica, religiosa o política, para hacerlas capaces de interactuar con solidaridad de justicia, en una dinámica trascendente y realista, con generosidad y, sobre todo, promotoras de bienestar, de belleza, de concordia y de paz.

Muchas gracias y muchas felicidades al Episcopado Mexicano por esta iniciativa.

Podemos aplaudir al Episcopado.

Este Episcopado que sigue, en otras tantas, en materia educativa, como es el documento “Educar para una Nueva Sociedad”, así como los talleres de educación para padres de familia.

Ahora les ruego a todos ustedes ponerse de pie para descansar, con el fin de hacer esta declaratoria inaugural.

Siendo las 6:00 de la tarde del día 14 de noviembre de 2014, con mucho gusto y sentido de corresponsabilidad, declaro inaugurado este Encuentro Nacional Educar para una Nueva Sociedad. Pasión que se Renueva.

Muchas felicidades a todos.


Comparte
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

COMMENTS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *