noviembre 15, 2014 By huellasmstong

Palabras del Cardenal José Francisco Robles Ortega

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Mons. Alberto Suárez Inda: Ahora quiero pedirle al señor Cardenal Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, Presidente de la Conferencia Episcopal, que nos dé una palabra sabiendo que este esfuerzo responde a un consenso, a un acuerdo unánime de los obispos de México; queremos comprometernos para alentar, para inquietar, para impulsar a todos nuestros fieles laicos, religiosos, sacerdotes en esta tarea, que es emergente, que es urgentísima que responde a una necesidad pero que también responde a un tiempo de gracia.

Pensemos que las crisis no solamente son como nos decía Monseñor Melchor, para lamentarse, sino para descubrir una oportunidad que Dios nos da de algo más auténtico, más profundo.

Escuchamos al señor Cardenal Robles Ortega.

Emmo. Señor Cardenal José Francisco Robles Ortega: Muy buenas tardes. Bienvenidos todos.

Es un gusto recibirles en este encuentro, en este espacio de diálogo, reflexión conjunta, discernimiento, escucha, palabra y enriquecimiento mutuo en un tema tan importante y trascendente como es el de la educación.

Mi reconocimiento al señor Cardenal Don Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México; y saludo al señor Nuncio Apostólico Monseñor Christophe Pierre; mi gratitud a Monseñor Alberto Suárez, Arzobispo de Morelia y Presidente de la dimensión de educación de la CEM, por ser el organizador de este encuentro.

Me alegra saber que están representados aquí muchos equipos de pastoral educativa de las diócesis del país.

Saludo también al hermano Lasallista, doctor Enrique González Álvarez, Rector de esta Casa de Estudios que nos recibe.

Mi saludo fraterno a todos los presentes. Estoy seguro que su empeño en la tarea educativa es fundamental para nuestra sociedad. Dadas las circunstancias difíciles por las que atraviesa la humanidad y nuestra patria no puedo sentir y expresar más que alegría y satisfacción por este encuentro.

Estoy seguro que de aquí saldrán luces que contrasten con tanta sombra. Confío en que las horas que están por venir serán ejemplo de respeto, concordia, serenidad.

Es interesante cómo los organizadores no nos han invitado a un congreso católico de educación, sino que han abierto un lugar de encuentro para que nos escuchemos distintos actores de la vida educativa del país.

El Papa Francisco en su lógica de generosidad y sencillez insistentemente nos ha pedido salir, dialogar, encontrarnos con todos para ofrecer nuestra visión, nuestro sentido de la vida, pero también ha hecho esta exigente exhortación para que nos dejemos interpelar por los demás para así vivir nuestra fe, en medio del mundo, de manera realista y solidaria.

Agradezco, por tanto, la generosidad de todos los que han aceptado participar en este esfuerzo.

Sabemos que en todo proyecto educativo, la constante debe ser la capacidad de diálogo inteligente, la escucha serena y generosa, para abrirnos a la comprensión, al discernimiento, al juicio sensato, profundo y por supuesto, a la caridad fraterna.

Es urgente salir de nuestra comodidad intelectual, para dejarnos interpelar por el otro. Lo anterior no implica caer en un relativismo en donde todo vale y todo se debe tolerar.

Por el contrario, debe ser la oportunidad para compartir lo que somos y creemos en una dinámica que siempre supone encontrar lo que nos acerca más que lo que nos aleja.

Criterios educativos para el diálogo.

El Papa Francisco, en el cuarto capítulo de exhortación “La alegría del Evangelio”, en el inciso sobre la paz y el bien común, numerales 222, 237, nos sugiere cuatro criterios muy interesantes para promover un diálogo capaz de construir sociedad.

Me permito comentar en este momento, sólo dos de esos criterios, que me parecen sumamente educativos.

En primer lugar, dice: “Debemos considerar que el tiempo es superior al espacio –cito sus palabras–; el tiempo ampliamente considerado, hace referencia a la plenitud como expresión del horizonte que se nos abre, y el momento es expresión de límite, que se vive en un espacio acotado.

“Los ciudadanos viven en tensión, entre la coyuntura del momento y la luz del tiempo, del horizonte mayor, de la utopía que nos abre el a futuro como causa final que atrae”. Fin de la cita.

Les sugiero pues dejar que fluya el Encuentro; no nos casemos con una afirmación, con un hecho, con una circunstancia o antecedente, sino que seamos pacientes para ver el todo.

Trabajemos en el tiempo sin obsesionarnos por resultados inmediatos; llevemos con paciencia situaciones que impone el dinamismo de la realidad.

Hoy debemos –añade el mismo Santo Padre– privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad, e involucran a otras personas y grupos, que las desarrollarán hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos.

Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad.

El segundo criterio es el siguiente: la unidad prevalece sobre el conflicto.

Entrecomillo: “El conflicto no puede ser ignorado o disimulado, ha de ser asumido, pero si quedamos atrapados en él, perderemos perspectivas, los horizontes se limitan, y la realidad misma queda fragmentada, cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad”. Fin de la cita.

Abunda el Papa en una frase genial: este criterio de hacer prevalecer la unidad sobre el conflicto, hace posible desarrollar una comunión en las diferencias que sólo pueden facilitar esas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva, y miran a los demás en su dignidad más profunda.

La solidaridad entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos, pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. Ese es el número 228 de la Alegría del Evangelio.

Debemos ser capaces, por lo tanto, de ver más allá del conflicto, la diferencia o el obstáculo.

Miremos más la realidad amplia y compleja que nuestras idea sobre ella, con el fin de integrar el todo más allá de sus partes, un diálogo con estas característica aseguro nos llevará a buen puerto.

Emergencia educativa, contextos y antecedentes.

Ahora quisiera compartir algunos hechos que enmarcan el contexto histórico de esta convocatoria de diálogo.

Gravissimum educationis.

Hace 50 años la iglesia entró en un profundo discernimiento de su ser y quehacer gracias al Concilio Vaticano II. De este importante acontecimiento surgieron siete grandes documentos.

Dentro de ellos uno destinado al tema de la educación, titulado “Gravissimum educationis”.

Dicho decreto señala claramente algunos rasgos de lo que debe ser la educación cristiana.

Dentro de su temática está el derecho universal a la educación, la educación cristiana, los educadores, medios para la educación cristiana, importancia de la escuela, obligaciones y derechos de los padres, la educación moral y religiosa, las escuelas católicas, facultades y universidades católicas.

Les sugiero su lectura y su análisis. Descubrirán que es un documento muy vigente.

Excort de Eclessia.

Posteriormente San Juan Pablo II, hace 25 años emitió la Constitiución apostólica sobre las unidades católicas “excort the ecclesie”.

En la introducción a este documento, en el tercernumeral, el Papa afirmó.: El diálogo de la iglesia con la cultura de nuestro tiempo, es el sector vital par a en el que se juega el destino de la iglesia y del mundo en este final del siglo XX.

No hay, en efecto, más que una cultura, la humana, la del hombre.
Y la iglesia experta en humanidad, según la expresión de mi predecesor Paulo VI, hablando a la ONU, investiga gracias a sus universidades católicos y su patrinonio humanístico y científicio los misterios del hobre y del mundo explicándolos a la luz de la revelación.
Fin de la cita.

Como pueden observar, la aseveracións igue siendo muy particular, muy importante y muy actual.

Educar para una Nueva Sociedad, pero la iglesia o es un conjunto de puros documentos fríos y doctrinales, es experiencia, camino, entrega, imperfecta, por supuesto, es una comunidad que buscar estar al servicio de la gente, de manera encarnada y real.

Los obispos de México hemos afirmado en el documento educar para una Nueva Sociedad, que la presencia dela iglesia en la educación es tradición viva y una constante histórica a pesar del contexto jurídico, político e ideológico que en algunos momentos les ha sido adverso.

Desde la primera escuela erigida por Fray Pedro de Gante, antes de la llega de los 12 misionero franciscanos en 1524, la fundación del Colegio de Santa Cruz, de Tlatelolco el 6 de enero de 1530 y dela Universidad de México el 25 de enero de 1553.

Hasta nuestros días la iglesia ha sido motor de la educación en nuestro país.

No siempre reconocida y valorada su ogra educativa, se puede definir como una gesta heroica en principio y después como un aporte fundamental a la labor del Estado y de los particulares para insertar a los educandos en la realidad y hacerlos mejores personas. Personas.

.Continuamos diciendo, se trata por lo demás de una historia apasionante y pocas veces explorada en México, pero que es menester difundirla de cara a enfrentar de forma conjunta la emergencia educativa que presenta actualmente el país.

Así es, la obra educativa de la Iglesia, lo decimos con humildad, pues reconocemos es Gracia de Dios, es palpable y nuestro querer es impulsarla aún más, reconociendo por supuesto los límites constitucionales de nuestras leyes.

De verdad, les recomiendo mucho el segundo apartado de este documento titulado “Iglesia y educación en México”. Es invaluable, así como la revisión del contexto cultural en el que nos corresponde educar, parte primera, y la muy sintética respuesta a la pregunta qué es educar, que también desarrolla en profundidad.

Traigo a la memoria de ustedes que los obispos de México hicimos diez propuestas concretas a toda la Nación mexicana, mismas que han sido recibidas con alegría y oportunidad.

Este documento se presentó por primera vez en el mes de octubre del 2012, mientras que la reforma educativa propuesta por nuestro Gobierno Federal se planteó el 1º de diciembre de ese mismo año.

El Episcopado Mexicano ha seguido trabajando con otros muchos actores de la sociedad y de la Iglesia, después de la publicación de este documento, para continuar no sólo promoviéndolo en toda la República Mexicana, sino también impulsando acciones concretas en este tema educativo, tal es el caso de los talleres de educación para padres de familia al servicio de una nueva sociedad.

De éste, del Padre Eduardo Corral, Secretario Ejecutivo, de la dimensión nos hablará el día de mañana. Aparecida y congregación para la educación católica de la Santa Sede.

Pero este trabajo intenso no es sólo de la Iglesia Católica en México, se desarrolla en muchas partes del mundo, como quizá ustedes ya sepan. Desde el año 2007 la educación ha sido recolocada en la atención y las prioridades de la Iglesia.

Como primera llamada podríamos citar la que dieron los obispos latinoamericanos y de El Caribe, reunidos en su Quinta Conferencia General en el Santuario de Aparecida, en Brasil, para responder ante lo que ellos afirmaron es una emergencia educativa.

En el parágrafo número 328 del documento los obispos dijeron: “América Latina y El Caribe viven una particular y delicada emergencia educativa. En efecto, las nuevas reformas educacionales de nuestro continente, impulsadas justamente para adaptarse a las nuevas exigencias que se van creando con el cambio global, aparecen centradas prevalentemente en la adquisición de conocimientos y habilidades, denotando un claro reduccionismo antropológico, ya que conciben la educación preponderantemente en función de la producción, la competitividad y el mercado. Por otra parte, con frecuencia propician la inclusión de factores contrarios a la vida, la familia y a una sana sexualidad. De esta forma no despliegan los mejores valores de los jóvenes ni su espíritu religioso, tampoco les enseñan los caminos para superar la violencia y acercarse a la felicidad, ni les ayudan a llevar una vida sobria y adquirir aquellas actitudes, virtudes y costumbres que harán estable el hogar que funden y que les convertirán en constructores solidarios de la paz y del futuro de la sociedad”, fin de la cita.

Como puede apreciarse, de esta cita la emergencia educativa es en realidad una emergencia antropológica, es fundamental tener en cualquier propuesta académica una clara precomprensión de lo que la persona humana es y está llamada a ser. Esta no es sólo utilidad económica, pertenencia a un nuevo contexto cultural o político caracterizado por una tendencia o etapa de la humanidad que hoy puede ser la tecnología o la fuerte actividad comercial.

El ser humano es mucho más, es un ser complejo, abierto a la trascendencia, capaz de ser y de tener, de amar y conocer, de consumir y producir, de transformar y perpetuar, de custodiar y cuidar, de vivir en la conciencia y la plenitud de la vida.

Imagínense ustedes que el coordinador de la redacción de este texto conocido como documento de aparecida, fue el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, actual Papa. Si revisamos su experiencia pastoral en la diócesis de Buenos Aires, nos encontramos su fuerte actividad pastoral en el ámbito educativo.

El Papa Emérito Benedicto XVI, fue también un entusiasta de este tema, tan es así que durante el año 2008 puso toda la diócesis de Roma a trabajar con una única prioridad pastoral, responder a la llamada emergencia educativa.

En su mensaje a la Diócesis de Roma sobre la urgente tarea educativa dijo: “Todos nos preocupamos por el bien de las personas que amamos, en particular por nuestros niños, adolescentes y jóvenes”.

En efecto, sabemos que de ellos depende el futuro de nuestra ciudad, por tanto no podemos menos de interesarnos por la formación de las nuevas generaciones, por su capacidad de orientarse en la vida y de discernir el bien del mal y por su salud, no sólo física sino también moral.

Ahora bien, educar jamás ha sido fácil y hoy parece cada vez más difícil. Lo saben bien los padres de familia, los profesores, los sacerdotes y todos los que tienen responsabilidades educativas directas. Por eso se habla de una gran emergencia educativa, confirmada por los fracasos en los que muy a menudo terminan nuestros esfuerzos por formar personas sólidas, capaces de colaborar con los demás y de dar un sentido a su vida.

Así resulta espontáneo culpar a las nuevas generaciones como si los niños que nacen hoy fueran diferentes de los que nacían en el pasado, además se habla de una ruptura entre generaciones que ciertamente existe y pesa, pero es más bien el efecto y no la causa de la falta de transmisión, de certezas y valores.

Por consiguiente, debemos echar la culpa a los adultos hoy que ya no serían capaces de educar. Ciertamente tanto entre los padres como entre los profesores y en general entre los educadores es fuerte la tentación de renunciar, más aún existe incluso el riesgo de no comprender ni siquiera cuál es su papel o mejor la misión que se les ha confiado.

En realidad no sólo están en juego las responsabilidades personales de los adultos o de los jóvenes que ciertamente existen y no deben ocultarse, sino también un clima generalizado, una mentalidad y una forma de cultura que lleva a dudar del valor de la persona humana, del significado mismo de la verdad y del bien, en definitiva de la bondad y de la vida.

Entonces, se hace difícil transmitir de una generación a otra algo válido y cierto, reglas de comportamiento, objetivos creíbles en torno a los cuales construir la propia vida. Fin de la cita.

Finalmente quisiera destacar que la Congregación para la Educación Católica de la Santa Sede, con el fin de continuar animando este tema ha emitido un documento llamado “Educar hoy y mañana, una pasión que se renueva”, que convoca a distintos actores a una consulta, pero también da algunas aportaciones para comprender el desafío educativo en este cambio de época.

Se tendrá el año que entra en Roma, un gran Congreso celebrativo de los 50 años de Gravissimum Educationis, y 25 años de Excort The Ecclesie.

No puedo dejar de recordar, menos en este espacio lasallista, que fue el hermano José Cervantes del Río, uno de los consultores que participó en los trabajos de redacción del segundo; además de colaborar durante algunos meses en la Comisión de Redacción de Educar para una Nueva Sociedad.

Dios le recompense.

Agradezco al equipo de la dimensión de pastoral educativa de la Conferencia Episcopal Mexicana, su entusiasta convocatoria.

Sé que han logrado conjuntar un trabajo de comunión con otras muchas organizaciones de iglesia, que se han sumado entusiastas a la promoción de este evento, entre ellas la Asociación Mexicana de Instituciones de Educación Superior Cristiana; de la Confederación Nacional de Escuelas Particulares, la Unión Nacional de Padres de Familia, la Unión Social de Empresarios de México, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México, la Universidad Pontificia de México, el Instituto Mexicano de Doctrina Social, entre otros.

A todos, muchas gracias y que Dios nos ilumine con su generosidad, sabiduría y paz.

Mons. Alberto Suárez Inda: Apreciamos el valioso iluminador mensaje del señor Cardenal Francisco José Robles Ortega.


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