noviembre 15, 2014 By Redacción Huellas

Bienvenida al Encuentro Nacional Educar para una Nueva Sociedad

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México, D.F., 14 de noviembre de 2014.

Versión estenográfica de las Palabras de Bienvenida al Encuentro Nacional Educar para una Nueva Sociedad, Pasión que se Renueva, celebrada en el Auditorio “Adrián Gilbert” de la Universidad La Salle.

Mons. Alberto Suárez Inda: Me da gusto saludar a todos en este encuentro de diálogo, de reflexión, de esperanza.

Saludo a muchos rectores, padres de familia, maestros, autoridades civiles, hermanos sacerdotes, religiosos, personas de la sociedad que nos acompañan.

Es un gusto que haya una representación de México, de nuestra patria, de todas las provincias eclesiásticas en este Encuentro.

En verdad reconozco el sacrificio, el esfuerzo que ha significado venir y quiero aplaudir su ánimo, su generosidad en este compromiso apasionante, difícil, de la tarea educativa.

En primer lugar, quiero agradecer al señor Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México su hospitalidad, estamos aquí en su Diócesis, amablemente él ha aceptado que tengamos aquí el Encuentro.

Saludo al señor Nuncio Apostólico, Monseñor Christophe Pierre, entusiasta colaborador de la Comisión Episcopal, de la Dimensión de Educación.

Estamos esperando dentro de unos momentos la llegada del señor Cardenal Francisco Robles Ortega, Presidente de la Conferencias Episcopal, que terminando la Asamblea Lago de Guadalupe, pues viene en camino.

Saludo con mucha gratitud también al Monseñor Melchor Sánchez de Toca, Subsecretario del Pontificio Consejo para la Cultura del Vaticano, bienvenido, Monseñor Melchor.

Y bueno, pues quiero también agradecer la presencia del licenciado Armando Meléndez Ortega, representante del señor Secretario de Educación Pública, licenciado Emilio Chuayffet Chemor.

Agradecemos ahora, si el señor Cardenal Norberto nos da una palabra, un saludo.

Emmo. Señor Cardenal Norberto Rivera Carrera: Muchas gracias, señor Arzobispo.

Me da una grande alegría ver tanta gente interesada en los retos de la educación.

Yo creo que uno de los retos y para mí el más importante en el México en que estamos viviendo es llegar a los más pobres, a los más desprotegidos con la educación.

Es un derecho humano consagrado por nuestra Constitución, es un derecho humano reconocido internacionalmente, pero ahí está muy bien declarado en el papel. Aquí no es realidad, ni por los activistas, ni por los titulares de Derechos Humanos veo que se ocupen de este derecho humano.

Andan muy preocupados por los derechos reproductivos de los niños y de los adolescentes, pero no de un derecho fundamental, como es el derecho a la educación que tiene todo ser humano.

Ojalá y que nos ocupáramos un poquito más de este reto.

Digo, nos ocupáramos, porque debe ser preocupación de todos, no solamente las autoridades federales, no solamente de la iglesia, sino de todas las instituciones, porque mucho de lo que estamos viviendo se debe a esos polvos que hemos dejado, mucha gente está fuera del presupuesto de la educación.

Yo veo otro reto importante, por supuesto que es muy importante preparar a las personas para una profesión, para un trabajo, pero creo que es mucho más importante si vemos el reto de que esa persona que se ha preparado, que tiene el privilegio, porque es un verdadero privilegio en México todavía, que esa persona sienta la responsabilidad social que tiene; no es solamente para que tenga una carrera, para que él salga adelante, sino yo creo que es un reto el que toda persona que pase por nuestras universidades se prepare a pagar esa hipoteca social que tiene.

Nuestro Jefe, Nuestro Jefe Máximo nos dijo que él había venido para que tengan vida y la tengan en abundancia, por lo menos eso nos dice San Juan. Y yo creo que tenemos que preocuparnos porque todo ser humano, toda persona tenga vida y la tenga en abundancia.

Vivimos en una ciudad, en un país, en un mundo pluralista y tenemos que preocuparnos del desarrollo integral de la persona, pero toda persona está llamada a la comunión, a la solidaridad y vivimos en un mundo muy fragmentado. Tenemos que preocuparnos, en primer lugar, dentro de nuestras comunidades eclesiales, de nuestras instituciones educativas para vivir lo más importante que tenemos, que es la Comunión, la Comunión con Dios y la Comunión con nuestros hermanos.

Creo que esto es sumamente importante, buscar el desarrollo, pero sí, el desarrollo dentro de la solidaridad, dentro de esa pluralidad, pero siempre buscando la Comunión del ser humano, porque vivimos en una cultura que nos invita a la individualidad y que se manifiesta, nos han dicho esta semana ahí, en el selfie, todo mundo quiere tomarse su selfie y tiene su cuarto lleno de selfies, hasta con el Papa.

Bueno, pero para vivir esa Comunión, esa solidaridad, esa humanización de la educación, tenemos un reto grande, el más grande a nivel transversal y que no estamos acostumbrados que eso se explicite. La educación tiene que ser con amor.

A mí me impresionó cuando hace 18 años un secretario de Educación Pública, quizá ustedes no lo recuerden porque son muy jóvenes, pero se apellidaba Limón, con el cual yo podía tener conversaciones con cierta frecuencia, me decía: “Oiga, su aportación es muy buena, pero por primera vez en un proyecto educativo de México se va a incluir la palabra ‘amor’, nunca en un proyecto educativo de México se ha incluido esa palabra y sin esa palabra no hay verdadera educación ni en el hogar ni en la escuela ni en ninguna parte, le digo: “Oiga, eso es muy importante, pero es más importante que la palabra es que haya un proyecto educativo en donde realmente estemos convencidos de que no puede haber educación si no hay amor al alumno, si no hay amor a la sociedad a la cual nos debemos, si no hay amor a las instituciones de un país al cual pertenecemos, etcétera.

Dice: “Oiga, es que eso es revolucionario”. Sí, así lo dijo un señor hace 2 mil años que era revolucionario, era muy revolucionario y lo único que introdujo es dar su vida por nosotros. Yo espero que en estas reflexiones sintamos verdaderamente un reto, un reto para llegar hasta donde no hemos llegado, con los más pobres, los más desposeídos.

Qué bueno que algunos estén pensando en derechos humanos de tercera generación. Otro reto que menciono es no solamente hay que preparar para una carrera profesional, para un desempeño en el trabajo, sino hay que preparar para un servicio solidario en la comunidad.

A mí me impresionó la primera vez que visité a Israel, encontrarme con un judío allá en Israel, no porque estuviera en Israel el judío sino porque me dijo: “Es que yo soy mexicano y me vine a Israel a trabajar en favor de mi patria, pero tengo que regresar a México”. Y le digo: “¿A qué?” Dice: “A estudiar hidráulica, estamos hablando del año 75. Y le digo: “¿Y te gusta mucho la hidráulica?” Dice: “No tengo ni idea, pero es lo que necesita mi país, ingenieros hidráulicos y yo me tengo que preparar para ayudar a mi país en hidráulica”. Yo creo que fue muy buen proyecto el que se desarrolle en aquellos tiempos.

El tercer reto que mencionaba es que tenemos que trabajar en todos los aspectos. El centro es la persona y desarrollarla en todos sus aspectos para que tenga vida y la tenga en abundancia, aquí y en el más allá, ahora y después de la tumba.

Y trabajar es un gran reto del desarrollo, pero un desarrollo humano no basta si no va acompañado del amor, si realmente un proyecto educativo no tiene como línea transversal el amor, yo creo que el capítulo 13 de la Carta a los Corintios, de la Primera Carta a los Corintios, nos reprocharía.

Muchas gracias.

Mons. Alberto Suárez Inda: Agradezco mucho, señor Cardenal; Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, Presidente de la Conferencia Episcopal de México.

Y lo mismo saludo con afecto al señor Obispo de Veracruz, don Luis Felipe Gallardo Martín del Campo; señor Obispo de Texcoco que está por acá, Juan Manuel Mancilla Sánchez; señor Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas, Monseñor Enrique Díaz Díaz; y el señor Obispo Auxiliar de Monterrey, Pérez Talamantes.

Muchas gracias por estar aquí. Quizá algún otro hermano obispo se incorpore.

Agradezco al señor Cardenal sus palabras, porque de alguna preparan lo que va a ser mañana el inicio de nuestra reflexión: educar en el amor y en la libertad.

Será la reflexión con que iniciaremos mañana y que es la base pues de la realización del ser humano también y sobre todo para nosotros: discípulos de Jesús.


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