El PRI no cambia

PRI
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Garcia JosePostigo

José García Sánchez

Mientras los partidos políticos preparan plataformas de trabajo, no sólo para las campañas sino proyectos de nación, para que en caso de ganar las elecciones a la Presidencia de la República pesquen su plan de desarrollo de acuerdo a su ideología y ser congruentes con su corriente política, el PRI sólo piensa en ganar a partir de las simpatías de su abanderado.

Desde meses antes, el PRI nunca propuso nada como partido político que no fuera denostaciones contra los contrincantes, principalmente contra Morena. Ya en la víspera del destape toda la atención de sus estrategas intentaron concentrar la atención de los mexicanos en quién, pero no en cómo.

El PRI, como sucedió hace seis años, centra en las simpatías de su candidato la atención del partido e intenta distraer con anécdotas de ese personaje a la población para darle popularidad.

Es decir, el culto a la personalidad lo convierten en mitad emperador y mitad artista de telenovela, y al final ni uno ni otro, sino todo lo contrario, terminan siendo vulgares ladrones del erario.

Si el PRI no ha propuesto ningún proyecto a estas alturas del partido, es que no lo tiene, pero, lo que es peor, es que considera que de ganar las elecciones seguirá el mismo esquema. Los segmentos más conservadores del país, le apuesta a José Antonio Meade, saben que habrá continuidad en caso de ganar.

El PRI es probablemente el único partido que desde hace años no se ha preparado para ganar las elecciones, da por hecho que ganará, por las buenas o por las malas, y no se esfuerza como gastador de ideas sino como trinchera contra los contrincantes de sus candidatos. Se ha reducido a practicar la guerra sucia, no sólo desde las tareas partidistas sino, en el poder, desde donde sólo defiende a sus dibrutadas, encubre a sus ex gobernadores, exalta a sus candidatos, crea cómplices, compra conciencias, subasta votos, etc.

La principal tarea electoral del PRI ha sido el fraude antes, durante y después de las jornadas electorales. De esto no hay duda y hay muchos testigos. Testigos que para el INE son invisibles, mudos y mentirosos.

El PRI basa su éxito electoral en el candidato, a quien exaltan como experto en el tema que se le mencione, hemos visto a lo largo de casi cinco año, que no es así. Al contrario.

Para el PRI el ejercicio político no es nada serio, lo único que toman en cuenta es la práctica del poder. A partir de la cual justifican todas su acciones y hacen de la democracia una oligarquía en beneficio de los poderosos nacionales y extranjeros, cuya sumisión ha sido evidente desde las primeras horas de esta administración.

El PRI tiene que cambiar para que cambien las decisiones del poder, pero está tan enquistado el poder al partido, con verdaderas raíces de corrupción, que deberá cambiar el poder para que cambie el partido. Mejor sería cambiar de partido y de personajes antes que esperar lo imposible.

Sin embargo, partidos y poder, en términos reales, son entidades diferentes. Y en este sexenio la diferencia se ha mostrado con una élite en la práctica política y el ejercicio de una corriente partidista que si bien transformó su antigua justicia social por una tendencia antipopular, sus integrantes siguen estando fuera de las decisiones trascendentes del poder y del propio partido.  

Así el tricolor, se prepara para lanzar al mercado electoral un producto que esconde la marca y oculta la calidad, aunque la envoltura pueda ser atractiva.

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Written By Max Vite

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