febrero 14, 2014 By Redacción Huellas

A Michoacán como al EZLN: The Economist

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Ciudad de México, 14 de febrero.– El Presidente Enrique Peña Nieto está tratando de restablecer el equilibrio después de 12 años de una descentralización del poder cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) estaba en la oposición. Ahora “ha impuesto su autoridad en Michoacán de una manera no vista desde que el Presidente Carlos Salinas de Gortari intentó neutralizar el levantamiento indígena zapatista en el estado sureño de Chiapas en 1994″, publica este día The Economist.

En el artículo titulado “Gobernando México. Todos los hombres del Presidente”, el semanario londinense destaca que tres grupos están luchando por el control de Apatzingán. Uno es el “mortal” cártel de Los Caballeros Templarios.

El otro, es el los grupos de autodefensa que ayudaron a impulsar a los templarios fuera de su bastión. Y el tercero y “más poderoso” es representado por un grupo de jóvenes empleados del gobierno federal, encabezados por Alfredo Castillo Cervantes, que fueron enviados por Peña Nieto para retomar el control de Michoacán. “Muchos de este tercer grupo sirvieron a Peña cuando era Gobernador del estado de México.

Ellos se conocen desde hace años y bromean como amigos en un club de tenis. Su inserción en Michoacán refleja una tendencia creciente en la política mexicana: la resurrección de un viejo, pero eficaz estilo de gobierno presidencial”, dice la prestigiosa revista en el artículo publicado este día.

The Economist dice que a pesar de que el Comisionado Alfredo Castillo hable de la soberanía de Michoacán y la autonomía de su Gobernador priísta, él es quien en la práctica manda. Menciona que tanto el Procurador General como el Jefe de Seguridad Pública del estado han sido sustituidos por la gente de Castillo, que lo acompaña desde cuando trabajó con Peña Nieto en el Estado de México.

“La mayoría de los seis subprocuradores y algunos de los 200 funcionarios encargados del cumplimiento de la ley y de las funciones policiacas son subordinados de Castillo y por tanto del presidente”, dice el texto del semanario.

Reseña que el 4 de febrero, Peña Nieto siguió el ejemplo de Carlos Salinas con el anuncio de una inversión de 45 mil millones de pesos en Michoacán, “de la que más tarde se supo que casi la mitad ya estaba en el presupuesto federal de 2014″, refiere la publicación. Indica que al mismo tiempo de este anuncio, Peña creó “lo que puede convertirse en un gobierno paralelo en el estado, ordenando a a sus secretarios nombrar a un representante de alto nivel para Michoacán”.

The Economist afirma que Peña Nieto no tiene ni la fuerza ni la notoriedad de algunos de sus predecesores del PRI durante el periodo de dominio absoluto del partido. Sin embargo, destaca los intentos para imponer disciplina a los gobiernos regionales, la cual va más allá de Michoacán. “Para la mayoría de los gobernadores, que son del PRI, esto es un regreso a la forma de hacer negocios acostumbrada”, dice el semanario.

Dice que en Michoacán esto ha obligado a la gente de Peña hacer algunas concesiones poco comunes, como fue el caso de que las tropas federales y la policía retomaron Apatzingán con la ayuda de grupos civiles, “algunos de los cuales llevaban armas de asalto ilegales”.

Fuente: Sinembargo


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