diciembre 7, 2013 By Jose G. Muñóz

La política en sus laberintos

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@josegmunoz

La muerte de Nelson Mandela, a quien el gobierno norteamericano calificó en algún momento como “terrorista”, quien después de 27 años en prisión logró derribar el muro de la intransigente discriminación contra los negros en Sudáfrica; las evidencias de que ninguna campaña ni institución pública puede parar la discriminación contra etnias precolombinas en México; la doble moral mexicana sobre los migrantes, con la que exige trato digno a los connacionales, en Estados Unidos, pero en sus narices se viola, secuestra y asesina a los hermanos migrantes centro y sudamericanos que están de paso rumbo al Américan dream los primeros lugares que ocupa México en corrupción y de los últimos en educación; el incontenible avance del uso infame de la tecnología de Internet para satisfacer bajos instintos pederastas; las promesas moderada y extrema que van en aumento; la impunidad con la que cárteles del narcotráfico interactúan en varios estados de la República, son el contexto histórico en el que los partidos políticos hacen de las suyas intercambiando normas, reformando otras (deformando se diría con mayor precisión) para prolongar privilegios, al elaborar una Reforma Electoral que prueba en realidad que lo que se busca de manera más o menos permanentemente es que “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”, como escribió Giuseppe Tomasi di Lampedusa en la novela “El Gatopardo”.

Y hacia el interior de los partidos el horno no está para bollos; en el PAN, como es costumbre histórica en ese partido, todas las fuerzas se unen contra su actual presidente, Gustavo Madero Muñoz, para tirarlo al “basurero de la historia”. El PRD recula en su renuncia al Pacto por México, curiosamente justo después de que el líder máximo del Movimiento de Regeneración Nacional, Andrés Manuel López Obrador, sufriera un infarto al miocardio, cuando desde siempre el tabasqueño ha reprochado con rudeza el que la dirigencia del sol azteca se adhiriera al Pacto. “Es para participar en la discusión sobre la Reforma Energética”, justifican, aunque no ocultan cierta dosis de oportunismo, dado que para discutir cualquier ley no es necesario pertenecer a ningún grupo extraparlamentario, como lo es el Pacto.

En medio de todo este horrible coctel coyuntural, Andrés Manuel López Obrador deja por unos días –días clave, porque la triada PRI-PAN-PRD hace sus enjuagues no tan secretos – en la orfandad a eso que muchos han dado por llamar “la izquierda”, que no atina a decidirse quién toma la batuta del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) para encabezar la resistencia civil pacífica, como el cerco al Senado de la República, para impedir que “se entregue al petróleo a las grandes transnacionales privadas”.

De entrada, se criticó son rudeza que Andrés Manuel López Beltrán, hijo de AMLO, haya intentado un albazo hacia el interior de Morena cuando anunció el percance en la salud de su padre. Aprovechó los reflectores para anunciar que encabezaría el cerco al Senado, lo que, de entrada, ha de haber incomodado a los acompañantes de siempre de AMLO, que son Martí Batres, Ricardo Monreal, Clara Brugada, para después reflejarlo en las acciones: el cerco al Senado sólo duró ocho horas: de haber estado AMLO, el cerco n hubiera sido tan light.

Andrés Manuel López Beltrán se vio impotente para impedir que otra organización que se sumó a la lucha, la CNTE, montara su espectáculo de violencia, al derribar una valla de acero que protegía al Senado en Reforma e Insurgentes, donde los maestros fueron disuadidos por más de 500 granaderos de continuar con su escalada. López Beltrán se limitó a deslindarse de la violencia. Con AMLO, ni siquiera se les se habría registrado el molesto espectáculo que montan en cada manifestación, sabedores de la impunidad que les ofrece Miguel Mancera y Miguel Ángel Osorio Chong.

La lectura de los hechos del jueves es que la izquierda, con AMLO en pleno descanso involuntario, es como una flor sin aroma. Una nave sin brújula. Nadie en las filas de Morena ni en otros partidos cuenta con el carisma de AMLO, quien ha demostrado que incluso los mismos Chuchos, se doblegan ante un tronar de dedos del tabasqueño. Ninguno arrastra multitudes, sino que se han montado en ellas, a partir del poder de convocatoria de López Obrador, y bien lo sabe, por ejemplo, Clara Brugada, quien gobernó el territorio de Iztapalapa arrebatándoselo a los Chuchos gracias a una maniobra de AMLO, con el famoso Juanito

Analistas como Jorge Fernández Menéndez predicen que a partir de ahora nada será igual para la izquierda. No comparto ese criterio. AMLO no será detenido por un infarto. Persistirá en su lucha contra lo que considera pernicioso para “el pueblo” y creo que esa es su plataforma para participar en la contienda presidencial en 2018. La otra “izquierda, la de los “Chuchos”, se plegará. Nadie tiene el arrastre de López Obrador.


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