San Juditas Tadeo, el santo más venerado

Fe y fanatismo alimentan la esperanza
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Por José SÁNCHEZ LÓPEZ
Joebotlle@gmail.com

Fe y fanatismo, devoción y comercio, rezos y blasfemias, bendiciones y mentadas, feligreses y mercaderes; mezcla sui géneris que desde la madrugada de cada día 28 de mes, se congrega para rendirle tributo al santo más venerado: San Judas Tadeo, en cuyo templo se reúnen miles y miles de fieles que acuden a venerar a “UNO DE LOS DOCE”, señala un lienzo de varios metros que cuelga de uno los muros del santuario, refiriéndose a Los 12 Apóstoles.

La cita donde se congrega la mayoría de los devotos de San Juditas, como le llaman coloquialmente, y a quien lo mismo veneran que respetan y temen (porque dicen que cuando se enoja, hay que tener cuidado), de manera extraña no es en el templo que le pertenece, donde realmente es el Santo Patrono, sino en la iglesia situada en Paseo de la Reforma, colonia Guerrero.

En ese templo, los santos patrones era dos mártires de los tiempos de la conquista: San Hipólito y San Casiano, a quienes se les nombro guardianes y patronos de “La muy noble, insigne y leal Ciudad de México”.

Este recinto católico, que data de 1581, edificado sobre los cimientos de la antigua “Ermita de los Mártires”, se encuentra en la manzana que conforman las calles de Hidalgo, Héroes, San Fernando y Zarco, en pleno corazón de la Ciudad de México y cada día 28, es necesario acordonar el frente de la construcción con cercas metálicas, en una superficie mínima de 80 metros en derredor y cercar las inmediaciones, por lo que parte de la avenida Reforma, Hidalgo y otras avenidas, se ven seriamente afectadas en su circulación.

La iglesia donde realmente el Santo Patrono es San Judas Tadeo, es decir su casa, se localiza en la esquina de avenida Politécnico y Poniente 110, en la colonia Capultitlán, perímetro de la delegación Gustavo A Madero, sitio donde también se dan cita miles de feligreses, aunque no en la misma cantidad que en “San Juditas”, en Reforma, como es conocido el lugar.

Esta iglesia, de construcción modernista, es de la década de los cincuentas y, al menos en su aspecto exterior, se ve abandonada, maltratada, con los vitrales sucios, los techos ajados que requieren urgentemente de impermeabilización y los muros de pintura, además de que la afluencia de visitantes es mucho menor que la que se aprecia en la colonia Guerrero.

A juicio de uno de los cuidacoches de templo de Reforma, afirma que esos días “son los buenos”, al acudir más gente a San Hipólito: “Porque ahí de veras está la banda. La rata…Imagínate, la Guerrero, Tepito, el Centro, Garibaldi y ora que ya hasta los judiciales se lo enchalecaron…¿O qué…Si o no está la ratota?”.

Pero si bien el templo de los “Mártires de la Ermita” es de los tiempos de la conquista, la presencia de San Judas Tadeo, tiene solamente 38 años en esa iglesia y 25 de haber sido subido al Altar Mayor, para pasar de ser un “huésped”, es decir invitado especial a Santo Patrono, para rendirle culto especial, ya que todo gira en torno al “Patrón”, como también se le suele llamar.

Fue hasta 1740 cuando concluyó la construcción de la iglesia. Y aunque por diversas causas, en diferentes intervalos, algunos años estuvo cerrado al culto, finalmente a fines del siglo XIX fue entregado a los Misioneros Claretianos.

A finales de la década de los setentas, ya en pleno siglo XX, llegó San Judas Tadeo al templo de San Hipólito, aunque sólo ocupaba uno de tantos espacios destinado para los demás santos que se acostumbra ver en las iglesias, pero todavía no en el altar mayor.

Con el paso del tiempo, la veneración de muchísima gente a San Judas Tadeo, se fue haciendo más intensa, de tal suerte que en 1982, uno de los altos miembros de los Misioneros Claretianos decidió que su imagen fuera ya colocada en el Altar Mayor., pero no al centro, sino en el lado izquierdo, visto de frente el altar, Años después, sería finalmente llevado al centro del Altar Mayor.

La celebración de todos los días 28, no es porque sea la fecha de su nacimiento, sino de su sacrificio, ya que se sabe que San Judas Tadeo, (cuyo nombre significa: “Alabado sea Dios y valiente para proclamar su fe”), y el apóstol San Simón, fueron presos y martirizados en Persia, donde predicaron el cristianismo y fue el 28 de octubre, ya en los años sesentas de nuestra era, cuando les dieron muerte, aunque no se establece con precisión en que año fueron sacrificados.

Según las Sagradas Escrituras, San Judas Tadeo es mucho muy milagroso e intercesor directo con Nuestro Señor Jesucristo, dado que es su primo hermano, pues era hijo de Alfeo Cleofás, hermano del Señor San José y de Miriam Antera, hermana de San Joaquín, padre de la Virgen María.

De tal suerte, se dice que es él quien puede interceder directamente ante Jesucristo para cualquier petición, aunque también se advierte que si se le promete algo lo mejor es cumplirle, “porque tiene fama de castigador cuando no se le cumple”.

Se dice, entre los mismos devotos, que es protector de ladrones y suripantas, aunque, a juicio de clérigos, no hay ninguna base para afirmar tal aseveración, sin embargo es común que los días que se le festeja, los dos templos donde se le venera son visitados por personajes de toda laya.

Uno de los mitos que circula entre la gente, aunque para los sacerdotes no es cierto ni tiene validez alguna, es el hecho de que para que realmente sea milagroso y cumpla con todo lo que se le pida, se deben de tener en casa tres “San Juditas”: uno regalado, otro comprado y el tercero robado, versión desmentida por los mismos capellanes de los templos.

El día de su festejo, es normal observar a hombres, mujeres, niños y niñas y hasta bebés, ataviados con la túnica de San Judas Tadeo, lo mismo que rostros patibularios de verdaderos lacras, chavos banda, pero eso sí, muy devotos, que también lucen el hábito de San Judas Tadeo.

Obreros, amas de casa, uno que otro figurín trajeado y de corbata y miles de personajes, todos cargando a San Juditas, bien de bulto o cuando menos, su imagen en llaveros, estampas o en diminutas figuras dentro de cápsulas de plástico, los fieles acuden de todas partes de la República a rendirle tributo al Santo Patrono.

En la interminable romería que comienza desde muy temprana la mañana y concluye hasta entrada la noche, tiempo en el que hay misas cada hora, los devotos, en el caso de los amigos de lo ajeno, van a pedir que les vaya bien en su “trabajo”, es decir que los ayude a delinquir o bien a dar gracias porque luego de su ilícito, no los atraparon.

Y al igual que en el tiempo en que Jesús fustigó y corrió a los mercaderes que inundaron el templo, decenas de comerciantes de todo, abarrotan las dos iglesias, principalmente la de Hidalgo, en interminable fila de puestos con artículos religiosos, comida, antojitos, dulces, artesanías, fayuca, piratería, flores, etcétera.

En las inmediaciones de dicha iglesia, se observan a tripulantes de patrullas y unidades de emergencia médica, ya que es común que se requiera su intervención por algún insolado, caído o accidentado o bien por alguien que trata de aprovechar las aglomeraciones para obtener alguna ganancia, aunque no sea muy religioso.

A la entrada del templo de la Guerrero, se observa a una señora grande, humilde, que, a diferencia de numerosos pedigüeños, ella no va a pedir, sino a regalar: tortas, agua, tiempo, limosna y a pedir por todos los demás, en agradecimiento por un favor recibido de San Juditas, “más venerado que todos los santos, pues a él se le festeja cada mes y no cada año”, afirma la mujer que se niega a dar su nombre.

Los días 28, son los que mayor número de juramentos se registran por parte de muchísima gente que promete no ingerir licor, consumir drogas o cometer actos indebidos y aunque todos los días los hay, en octubre se multiplican.

Se dice también que es Santo Patrono de los buenos y los malos, en el entendido que los buenos muchas veces resultan más malos que los malos, como es el caso de los agentes judiciales que se adjudicaron su protección, bajo el argumento de que a ellos también les dicen “judas”, derivado del término “judicial” que hizo que lo tomaran como su protector.

Al respecto, los fieles de San Juditas, que no pertenecen a la policía, hacen la aclaración de que quizá si pueda ser Judas el protector de los judiciales, pero en todo caso su santo tendría que ser Judas Iscariote, “el que traicionó al Señor” y no San Judas Tadeo, ya que es de todos conocida la peculiar manera de conducirse de la mayoría de “La Tira”, como es llamada la policía en todas sus facetas.

Al respecto, este pasado 28 de enero, ocurrió un incidente entre buenos y malos, que, evidentemente, revela que alguien no cumplió con lo que había prometido y recibió el merecido castigo:

Resulta que Sergio Garibay Pérez, de 27 años de edad, con dos ingresos, uno al Reclusorio Sur y otro al Oriente, por los delitos de robo, acudió al templo de San Hipólito, vestido como San Judas Tadeo, “a dar gracias”, porque le habían salido bien dos de sus trabajos: el robo a un local de celulares y otro a un café internet, ambos en la colonia Lindavista.

Para consumar sus hurtos, le acompañaron dos menores: “El Pulga” y “La Peque”, cuya pequeña estatura era aprovechada por el ladrón para introducirlos a los establecimientos por cualquier espacio por reducido que fuera y una vez en el interior, le abrieran.

Para su mala fortuna, el mismo día que fue a dar gracias, la pareja de agentes judiciales a los que les tocó investigar los dos robos, acudieron también a la iglesia, dado que era día de San Juditas para pedirle que los ayudara en sus investigaciones.

Para mala fortuna de Sergio, quien ya había estado en la cárcel, además de que hubo quien lo reconoció, los “judas” lo identificaron de inmediato y con todo y túnica, al salir del templo, lo detuvieron y lo remitieron ante el Ministerio Público.

Ahora, se encuentra sujeto a un tercer proceso y preso en una cárcel que no conocía, el Reclusorio Norte, pero ya sin derecho a la libertad condicional, dada su reincidencia, además de las pruebas aportadas por los judiciales que, seguramente, estos sí, regresaron a dar gracias a su protector.

Tanto en uno como en otro templo, se aprecian retablos o cientos de milagros por los favores concedidos, así como muchísimas veladoras que tienen que retirar los encargados del templo por cuestión de espacio, mismo que es más reducido en San Hipólito.

Ambas iglesias, cuentan con personal de seguridad, mantenimiento y vigilancia y de hecho, los días 28, los seguidores de San Judas son prácticamente “entorilados”, como en una plaza de toros, para que entren y salgan del templo a la mayor brevedad posible, ya que son miles y miles los que van a postrarse ante San Judas Tadeo.

Pero si todos los días la afluencia de devotos resulta copiosa, los días 28 de cada mes impera la locura y el 28 de octubre, aquello se convierte en un pandemónium, donde, como de costumbre, los que obtienen mayores beneficios son los mercaderes de la fe.

Así, entre buenos y malos, comerciantes, ladrones, sexo servidoras, devotos, feligreses, limosneros y estafadores que intentan colgarle a los fieles estampitas, rosarios, escapularios y demás objetos, la imagen que predomina en ambos templos, es precisamente la de San Judas Tadeo, aunque ahora ya pueden observarse otras dos imágenes que cobran vigencia y aumentan cada día.

Se trata de “La Niña Blanca” o “La Santa Muerte”, como le llaman o hasta el santo patrono de los narcotraficantes, Jesús Valverde, cuyo busto se observan ya en muchos puestos de artículos religiosos y son ofertados por los nada católicos comerciantes a módicos precios, dicen, “porque ellos también hacen muchos milagros”, afirman.

Empero, para los fieles seguidores de San Juditas, nadie, absolutamente nadie podría desbancar a San Judas Tadeo, cuyo poder ninguno pone en duda y del que da muestras no cada año, sino cada mes y no nada más en sus dos iglesias, sino en muchos otros templos más donde también ya se le venera.

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Written By Huellas de México