abril 25, 2014 By Huellas de México

Censura: ¿Para qué quieren más leyes-garrote?

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José G. Muñoz García
@josegmunoz

Decía Marshal MacLuhan que si un hecho no se da a conocer, es como si no hubiera existido y este fenómeno parece que lo comprende (n) quien (es) pretende (n) crear leyes que sirvan de herramienta para los modernos savonarolas que trabajan con aterradora eficacia para imponer mordaza a los sitios de Internet que “la autoridad competente” considere incómodos, sólo que ellos los llaman “eventos y lugares críticos para seguridad pública y nacional”.

Están programadas para este sábado 26 diversas manifestaciones simultáneas en contra de las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones, justo dos días después de que Gerardo Ruiz Esparza y varias voces del priísmo hayan salido al balcón mediático a jurar por los más profundos principios de revolución al revés (peñanietismo) que no existe intención de censurar a ningún internauta.

El discurso que niega que habría censura en la red de redes parece la reproducción grabada del discurso de todos los tiempos: No se devaluará el peso; no venderá el Estado las paraestatales estratégicas, Telmex no se privatizará; no desaparecerá Conasupo; no se privatizará el ejido; no hay presos políticos; no quedará impune el asesinato de Colosio; no se tolerará la corrupción; y miles de clichés que nos obsequian con promocionales y millones de letras impresas para anestesiar a la sociedad de los miles de iniquidades que se sufren en la mayor parte de la administración pública.

Los artículos 145, 189 y 190 y 192 son los puntos negros de la iniciativa que pretende aprobarse en el Senado, antes de que concluya el período ordinario de sesiones, el 30 de abril.

En el primero, se estipula que los proveedores “podrán bloquear el acceso a determinados contenidos, aplicaciones o servicios a petición expresa del usuario o cuando medie orden de autoridad competente”.

El 189, propone que “los concesionarios de telecomunicaciones, y en su caso, los autorizados y proveedores de servicios de aplicaciones y contenidos, están obligados a permitir que las autoridades facultadas por la ley ejerzan control y ejecución de la intervención de las comunicaciones privadas y a brindarles el apoyo que éstas soliciten de conformidad con las leyes correspondientes”.

El 190, pretende obligar a los concesionarios a a conservar un registro y control de comunicaciones que se realicen desde cualquier dispositivo, bajo cualquier modalidad, que permitan identificar con precisión la siguiente información: nombre, denominación o razón social y domicilio del suscriptor; tipo de comunicación y servicio; origen y destino de las comunicaciones; fecha, hora y duración de las comunicaciones; fecha, hora y ubicación geográfica de la primera activación de su servicio; identificación y características técnicas de los dispositivos, incluyendo los códigos internacionales de identidad de fabricación del equipo y del suscriptor; y la ubicación geográfica del dispositivo”.

Esto es, cualquier meme, cualquier crítica, cualquier razonamiento que contraríe a la “autoridad competente”, tendrá nombre y apellido. Localizable, pues, para que se le apliquen otras leyes que, por lo visto, no han quitado el sueño de los manifestantes, como el Código Civil, que castiga el abstracto “daño moral”, definido este por diversos juristas como un “daño no patrimonial” que, sin embargo, se castiga arrebatando el patrimonio del supuesto infractor, como aquel célebre juicio contra la periodista Isabel Arvide, a quien se le embargó su casa para pagar una indemnización de más de un millón de pesos a Sasha Montenegro, por haberle dicho “encueratriz.

El artículo 197 del texto propone que los proveedores del servicio de Internet deben “bloquear, inhibir o anular de manera temporal las señales de telecomunicaciones en eventos y lugares críticos para la seguridad pública y nacional a solicitud de las autoridades competentes”. ¿Quiénes son o qué amenaza la seguridad nacional? Obvio: los inconformes, los críticos, los manifestantes, los que defensores de los bosques, los que exigen que aparezcan los desaparecidos, los desempleados, los viejitos sin pensión, los jóvenes ninis y los miles que están encarcelados purgando condenas por delitos que jamás cometieron.

Existen decenas de instrumentos legales que justifican la censura y no de ahora, sino desde siempre. La Ley de Radio y Televisión, por ejemplo, dice en su Artículo 5º fracción II: que el contenido de cualquier transmisión deberá “ Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud. El artículo 10 obliga a la Secretaría de Gobernación a “Vigilar que las transmisiones de radio y televisión se mantengan dentro de los límites del respeto a la vida privada, a la dignidad personal y a la moral, y no ataquen los derechos de tercero, ni provoquen la comisión de algún delito o perturben el orden y la paz públicos;

El Artículo 63 está para la antología del absurdo: “Quedan prohibidas todas las transmisiones que causen la corrupción del lenguaje y las contrarias a las buenas costumbres, ya sea mediante expresiones maliciosas, palabras o imágenes procaces, frases y escenas de doble sentido, apología de la violencia o del crimen; se prohíbe, también, todo aquello que sea denigrante u ofensivo para el culto cívico de los héroes y para las creencias religiosas, o discriminatorio de las razas; queda asimismo prohibido el empleo de recursos de baja comicidad y sonidos ofensivos”. Querían los legisladores que los medios se convirtieran en algo peor que la Hora Nacional (¿todavía se transmite? Tengo muchos años sin radio).

Internet llegó a darle frescura a la comunicación de masas; se aprecian ingeniosos caricaturistas con talento similar o mejor al de los medios prestigiosos. En la red se puede encontrar la mayor parte de la información que ocultan los medios tradicionales; gracias a la solidaridad de internautas se ha logrado dar marcha atrás a decisiones corrompidas por funcionarios inescrupulosos, aunque a veces es la incomunicación lo que predomina en las redes: “amanecí cansado”. Me voy a bañar”. “Ya desayuné” “Tengo gripa” y miles de mensajes comunes que incomunican, También se muestran excesos como calumnias e insultos inconcebibles que en nada contribuyen a la buena convivencia. El debate suele estar ausente en grupos de trolles profesionales que intentan cambiar las políticas públicas, con cuentas apócrifas, pero siempre será preferible soportar esos excesos que caen por su propio peso, que pretender aumentar otras leyes a las ya existentes para amordazar a la inteligencia colectiva.


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