El PRI discriminado

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Postigo

José García Sánchez

No cabe duda que los priistas tienen a su peor enemigo en sus propias filas y no puede atribuírsele a una deslealtad, sino a la incapacidad. Para no ir más lejos su dirigente nacional, Enrique Ochoa, quien mostró en un momento de tensión al gran racista que lleva dentro al utilizar la palabra prietos a designar, no exento de rencor, a quienes se fueron a otro partido.

La llegada de Enrique Ochoa Reza al partido ha estado más cercano a la comedia que a la capacidad negociadora o a la lucha partidista. Su mueca disfrazada de sonrisa delata una máscara que no puede arrancarse del rostro.

Bautizado por sus propios compañeros como Clavillazo, por su parecido con el cómico del cine nacional, no se le conoce idea o propuesta personal que pueda recordarse. Sólo la descalificación ramplona del enemigo y la exaltación gratuita de sus correligionarios y no correligionarios, pero que están dentro del esquema conservador de su partido, como es el caso de quien para este gran ignorante es un político muy preparado. Claro, en la tierra de ciegos el tuerto es rey.

La torpeza de Ochoa Reza debe ser motivo suficiente para destituirlo, su manera de hablar el español no es la mejor, no sabe la diferencia entre los géneros gramaticales que se enseñan en primaria. Habla de “primer presidenta”, por ejemplo, y otras fallas graves, de primaria que lo colocan en el lado opuesto de un funcionario preparado que son lo que al parecer prefiere, pero junto a él cualquiera está “muy preparado”.

Ochoa Reza debería darle un vistazo al padrón de militantes y ver cuántos se han salido de su partido desde su llegada, seguramente se sorprenderá, pero el padrón de militantes del PRI es un galimatías que nadie entiende.

El INE ha declarado que ni el PRI ni otro partido tienen al corriente el número de militantes, porque el 20.09 por ciento de su padrón simplemente no existe. Ahí están los muertos, los desaparecidos, los encarcelados, los que inflaron la filiación con datos falsos, etc.

Si bien el padrón electoral del tricolor es mentira en su quinta parte, en el resto de los partidos no es diferente.

Sin embargo, el PRI, como partido en el poder, tiene una estructura mayor y mejor, apoyado por hombres y mujeres instalados en el poder, tiene la obligación de mantener permanentemente un padrón exacto, casi preciso. No es así.

El PRI es un apéndice de poder, a pesar de que en éste el grupo gobernante desprecia a la militancia, incluyendo a su líder, de quien seguramente se avergüenzan y no por el color de su piel, sino por no pertenecer a la élite de quienes tienen postgrado en el extranjero y son jóvenes y bellos.

No es lo mismo la militancia utilizada como carne de cañón en las campañas y precampañas que la élite del poder que viven en una esfera de cristal lo suficientemente opaca como para no darse cuenta de la realidad de su país. Sólo tienen ojos para sus similares.

El PRI tiene a simple vista, dos caras, que en tiempos electorales intentan infructuosamente de parecer una sola, pero se les nota diferentes, hasta en el color de la piel.

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Written By Max Vite

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