Meade continuidad infinita

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Garcia JosePostigo

José García Sánchez

Consciente de que la necesidad de continuidad es superior a la urgencia de cambios reales, el candidato del PRI a la Presidencia, José Antonio Meade, no repara en afirmar que aprendió de Calderón y que Peña Nieto va por el camino correcto en materia de seguridad.

Es decir, que si alguien esperaba un cambio con los presidentes del PAN, de 2000 a 2012, era irrelevante pensar que se notaría el cambio de mando.

Es de esperarse que si gana Meade, tampoco se notará el cambio, ya que tiene como brújula y guía a quienes considera sus maestros: Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, para quienes ha trabajado con el mismo entusiasmo a pesar que la mayoría de los mexicanos consideran que había posibilidad de transformar el país con un presidente de partido distinto al PRI.

Calderón tuvo valor y talante contra el crimen, dijo Meade sin sonrojarse siquiera en una entrevista.

No contento como demostrar su cambio de estafeta pero no de política y listo para emprender la carrera de relevos, aseguró que ha aprendido del expresidente y del actual mandatario, Enrique Peña, quienes (junto con Calderón), enfrentaron a la delincuencia “como mejor pudieron”. De los dos aprendió. Para ambos hay gratitud de su parte.

Para quienes tienen intereses económicos México no debe cambiar, de hacerlo sus negocios peligran, porque ocupan lugares privilegiados, tales como no pagar impuestos, ellos pueden emplear trabajadores sin derechos laborales, pueden contaminar todo lo que quieran en nombre del progreso y el desarrollo, pueden despojar de tierras a indígenas, sacar las riquezas del país sólo pagando una propina a los altos funcionarios en turno, quienes se quieren repetir hasta el cansancio para acabar de vender el país al mejor postor, etc.

Meade sabe que hacer que todo siga igual tiene sus recompensas personales, aunque las satisfacciones sociales y su prestigio personal estén tan sucio como el de su antecesor.

El trabajo de Meade en esta campaña consiste en hacer creer que la continuidad beneficia a muchos o a casi todos y no, como en realidad sucede, sólo a unos cuantos. Es decir, quiere en el discurso de campaña engatusar a los ingenuos para hacerles creer que puede haber mejoría en la calidad de vida, pero no dice de la vida de quiénes. Ya de promesas de mejoría los votantes están conscientes, como cuando difundió por los cuatro vientos Peña Nieto los beneficios de la reforma energética, para que luego de esa aprobación aumentara el gas, la gasolina y el diesel. Lo mismo sucedió con la energía eléctrica.

Esas son las promesas de campaña que no se cumplieron y que sirvieron para que la aparente oposición firmara un pacto por México que esterilizó a la oposición partidista y traicionó la confianza de los mexicanos que votaron por Peña Nieto que no fue ni el 20 por ciento de los integrantes del padrón electoral del país.

Meade no puede adelantar mucho porque está atado por los mismos condicionantes que lo impusieron. En lugar de sentirse un ciudadano, como su condición lo dicta, en busca de la Presidencia de la República, lo que hace es aliarse con el PRI, como si fuera su partido político y darle la espalda a los mexicanos, luego de afirmar que como están las cosas están bien, sólo habrá que darle continuidad para que se consoliden y lo único que consolida son las grandes diferencias económicas entre los mexicanos.

Porque si algo debemos a Calderón y a Peña Nieto es que cada vez hay pobres más pobres y ricos más ricos en el país, y eso, según Meade, debe continuar.

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Written By Huellas 2

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