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abril 4, 2014 By

LA CNDH y el misterio de la vida

José G. Muñoz García

@josegmunoz

 

El presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Raúl Plascencia Villanueva, refrendó el compromiso de la CNDH a favor del respeto a la vida al suscribir con la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal un convenio de colaboración.

Cito: “Una comisión pública de derechos humanos que no defiende el derecho a la vida, pierde sentido, ya que éste es el derecho más importante y esencial; sin la protección de ese derecho humano, poco sentido tiene estar debatiendo y peleando por la abolición de la tortura o por otro tipo de derechos, como el de la información, el derecho a la seguridad jurídica”.

 

Es noticia la postura de Raúl Plascencia Villanueva en razón de que la moda de los líderes de opinión es alinearse al impulso que está dando eso han dado llamado “la izquierda” que promueve a nivel mundial la práctica del aborto como un “derecho humano” de las mujeres. Intelectuales como Jesús Silva Hérzog-Márquez sostienen que los embriones no son sino unas cuántas células a las que no se les puede considerar seres humanos, cuando existen en todo el mundo bancos de embriones congelados en espera de ser implantados en úteros de mujeres que no han podido quedar embarazadas por la vía tradicional, debido a algún atrofia del sistema reproductivo.

 

“La izquierda”, sin comprender plenamente lo que eso quiere decir, evita el debate sobre el tema reduciéndolo a que los derechosos actúan como voceros de la “Iglesia retrograda” y se niegan a polemizar sobre el asunto con  mayor profundidad.

 

Para comenzar, el biólogo Alberts define que la célula es el elemento de menor tamaño que puede considerarse vivo, en su obra Biología Molecular de la célula. Si la célula es la unidad más pequeña de toda forma de vida conocida (vegetal o animal), se le puede entonces incluir dentro de la rama de las más grandes incógnitas que el hombre no ha podido descifrar satisfactoriamente, porque en la actualidad ningún científico del mundo puede explicar cómo se crea la vida a partir de materia inerte. Nadie sabe cuántos átomos de qué, combinados con otros de cualquier elemento, en determinadas condiciones ambientales forman la primera forma de vida (célula).

 

Apenas, el 29 de marzo de este año, El diario ABC de España publicó una entrevista con María Molina, profesora de Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid, quien informó que “por primera se ha fabricado ADN artificial de una célula compleja, similar a la de plantas y animales, incluyendo el ser humano. Se trata de un cromosoma (al que han llamado synIII) de la levadura, el hongo con el que desde hace milenios se hace pan. La cosa no termina allí: los científicos han demostrado que ese cromosoma sintético, una vez insertado en el organismo, funciona como uno natural. De todas formas, han sido contundentes: de ninguna manera se puede sostener que se haya creado vida artificial. “La vida es mucho más que ADN”.

 

En efecto, la vida es mucho más que ADN y la ciencia no la ha podido definir ni reproducir, vamos ni siquiera se ha molestado en investigar al “espíritu de la materia, como demandó el Premio Nobel de Medicina Alexis Carrel en su obra La incógnita del hombre publicada 1920.

 

Ahora bien, si la célula es vida, según la ciencia, un embrión es la primera etapa de la vida humana. Un embrión es un ser humano en formación, como lo demostró el médico francés Jéromê Lejeune

 

Le comparto un fragmento de la obra de Lejeune, instalado en la siguiente web, para vquiien desee leer el artículo completo:http://tertuliadeamigos.webcindario.com/bioetica053.html

 

“El comienzo del ser humano

Por Jéromê Lejeune.

El profesor Lejeune, catedrático de Genética Fundamental en la Universidad de la Sorbona, está considerado como el fundador de la citogenética clínica: ha sido el primer científico en verificar que el síndrome de Down, el mongolismo, es resultado de una alteración en el cariotipo humano: presencia por triplicado de un elemento 21. Firme defensor de la vida humana y de la dignidad de la profesión médica es fundador y actual presidente de la sociedad Laissez les vivre.

Este estudio constituye una comunicación del autor a la Academia de Ciencias Morales y Políticas de Francia, de la que es miembro, presentada el 1 de octubre de 1973. Su exposición sobre el inicio y primer desarrollo de la vida humana es excelente; y conduce a una conclusión sugestiva: la de que el hombre nunca está terminado.

La transmisión de la vida es muy paradójica. Sabemos con certeza que el lazo que une padres e hijos es siempre material, puesto que es del encuentro de dos células, el óvulo de la madre y el espermatozoide del padre, de donde saldrá el nuevo ser.

Pero también sabemos con la misma certeza que ninguna molécula, ningún átomo constitutivos de la célula original tiene la menor oportunidad de ser transmitida tal cual a la generación siguiente. Evidentemente lo que se transmite no es la materia, sino una modificación de ésta o más exactamente una forma.

Sin necesidad de evocar el complejo mecanismo de las macromoléculas portadoras del código de la herencia, esta paradoja aparente se borra si señalamos lo que es común a todos los procedimientos de reproducción, naturales o artificiales.

Una estatua, por ejemplo, requiere un sustrato material, de bronce, mármol o arcilla. En el momento de su producción es verdad que existe una contigüidad material entre la estatua y el molde, y luego entre el molde y la reproducción. Pero lo que se ha reproducido no es ciertamente la materia, que puede variar a voluntad del fundidor, sino exactamente la forma impresa en la materia por el genio del escultor.

Ciertamente la reproducción de seres vivos es infinitamente más delicada que la de una forma inanimada, pero procede del mismo modo, como se verá con un ejemplo familiar.

Sobre la cinta de un magnetofón es posible inscribir, por minúsculas modificaciones locales magnéticas una serie de señales que correspondan, por ejemplo, a la ejecución de una sinfonía.

Tal cinta, instalada en un aparato en marcha, reproducirá la sinfonía, aunque ni el magnetofón, ni la cinta contengan instrumentos o partituras.

Algo así ocurre con la vida. La banda de registro es increíblemente tenue, pues está representada por la molécula de D.N.A. cuya miniaturización confunde al entendimiento. Para dar una idea, diremos que si se reuniese el conjunto de moléculas de D.N.A. que especificaran todas y cada una de las cualidades de los tres mil millones de hombres que nos reemplazarán en el planeta, esa cantidad de material cabría cómodamente en la mitad de un dedal de coser.”

(…)

 

Ahora bien, todas las religiones desaprueban en aborto, más por fe e intuición de que es malo que por razones científicas, pero desde mi opinión, la vida deberían clasificarla dentro de los grandes misterios humanos, porque creo que pasarán siglos sin que puedan explicar, por ejemplo, como se formas el pensamiento y todo lo que se deriva de este (instintos, sentimientos, etc.) a partir de materia inerte. Para la ciencia lo que no se ve no existe, pero tampoco ha podido ni querido pensar sobre el pensamiento.

 

 

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