marzo 14, 2014 By Jose G. Muñóz

A estado famélico, autodefensas obesas

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José G. Muñoz García

@josegmunoz

 

Los gobiernos del Estado de México y del Distrito Federal, casi a coro, sostienen que no existen atuodefensas en lo que se conoce como la Zona Metropolitana del Valle de México, una gran ciudad con más de 20 millones de habitantes, pero múltiples mandos políticos en fragmentos del territorios que la geopolítica llama municipios, cuyos mandatarios trabajan bajo criterios disímbolos, lo que provoca enormes huecos por donde se cuelan grupos de poder fáctico que operan bajo diferentes denominaciones delictivas que afectan de manera grave la salud del Estado nación.

 

Durante los mandatos de Enrique Peña Nieto en el Edomex y Marcelo Ebrard en el D.F. se marcaban perfectamente las diferencias en materia de seguridad entre una y otras demarcaciones. Un ejemplo muy simple está marcado aún  con la impunidad con la que los diversos grupos delictivos cobran cuota de piso a transportistas y otros negocios en los municipios de Los Reyes, Texcoco, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla, Naucalpan, Huixquilucan, pero no en el D.F. En ambos territorios también las policías tienen bien diferenciada su fama: las extorsiones a los automovilistas en el Edomex no bajan de 500 pesos.

 

Esto es Eruviel Ávila heredó una inercia que se le está saliendo de control especialmente en los municipios conurbados de la ZMCM. Les comparto esta la información que publica el portal de El Financiero el 12 de marzo:

“VALLE DE MÉXICO. Durante los primeros 72 días de este año se han registrado al menos 160 ejecutados en el Estado de México, cifra que constantemente aumenta por la ola de violencia que padecen sus habitantes desde el año pasado. Solamente ayer miércoles en el municipio de Cuautitlán Izcalli se reportaron cuatro personas ultimadas con armas de fuego, uno de ellos maniatado y con un disparo en la cabeza. Esta localidad mexiquense registra 34 casos de personas ejecutadas relacionadas con grupos del crimen organizado en los últimos tres meses y medio, muy por arriba de municipios de la zona oriente como Ecatepec con 16; Nezahualcóyotl, 14; Naucalpan, 11, y Chalco con 10.”

 

Nótese que se pone énfasis que la crisis de inseguridad es mayor en Cuautitlán Izcalli, donde apareció una narcomanta de la que lo se enteraron los medios convencionales, pero que debería estremecer la conciencia: cito textualmente, respetando ortografía y sintaxis originales:

“Sabemos que están hartos de la inseguridad y de los rateros que acosan cada día a la gente. Somos del Cártel del Golfo y venimos a limpiar la plaza para que usted y su familia estén tranquilos. Rateros, secuestradores, violadores, extorsionadores, malos funcionarios y contrarios, más vale que se alinien, (sic) porque no se va a tolerar estas conductas que laceran a la sociedad. Autoridades municipales, estatales y ejército, la guerra no es con ustedes, dejenos trabajar y nosotros no nos metemos con ustedes. Empieza la limpia, dejenos trabajar y verán los resultados. Atte: El comandante…” (ilegible).

 

El mensaje tiene la aparente intención de buscar el respaldo de la sociedad al cártel del Golfo, organización criminal que se apoderó de la vida política y social de Tamaulipas. Allí, ningún alcalde gobierna por sí solo. Jueces civiles y penales, funcionarios estatales y federales se pliegan a la voluntad de los mafiosos que cobran cuota de piso a toda actividad económica. La ausencia total del Estado. Pero en realidad es una misiva a gobiernos de los tres órdenes: que nadie se entrometa en sus actividades, porque entonces será contra ellos la guerra. Un reto inadmisible que se lanza en pleno corazón de la sede de los poderes de la Unión.

 

En 1983, Miguel de la Madrid, el primer presidente tecnócrata de la era moderna, anunciaría a la ciudad y al mundo que a partir de entonces, México tendría “menos Estado y más sociedad”. Más pronto que tarde De la Madrid mostraría las “bondades” de la nueva filosofía de la Revolución: fundó con prestanombres una empresa de seguridad denominada Panamericana de Protección que se convirtió en el azote de las calles de la ZMCM. Sus vehículos blindados y sus tripulantes armados sembraron el terror, golpeando y asesinando ciudadanos y provocando accidentes  en cientos de autos particulares. Curiosamente, ninguna demanda contra la “empresa” prosperó. Otra “curiosidad”: mantuvo el monopolio del traslado de valores por muchos años. El Estado famélico comenzaba a rendir frutos a los promotores del “libre mercado”.

 

Los mensajes que aparecen en narcomantas a lo largo y ancho del territorio nacional generalmente son reclamos a los gobiernos local, estatal y federal por la protección que se brinda cárteles rivales, pero los de la ZMCM se amenazas a los delincuentes comunes, sin organización. Quieren, cual Estado alternativo, el monopolio del delito, de cualquier orden: secuestro, extorsión, asesinato, violación. Exigen a los poderes legalmente constituidos que “no se metan” que los dejen “trabajar”.

 

Hemos de insistir que el Estado mexicano de obeso, pasó a padecer anemia que lo mantiene agonizante. Los linchamientos de delincuentes, son apenas débiles síntomas de una enfermedad que puede agravar su salud. Las víctimas no sólo se están dando en materia de inseguridad. Hay que voltear hacia empresas oligopólicas que asesinan la ecología del campo; que extorsionan con asombrosa impunidad a sus clientelas, ante la mirada –esa sí, obesa—impasible de un Estado que se niega a ejercer sus funciones.


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