marzo 12, 2014 By

ESPLENDOR JAROCHO

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Por JORGE CEBALLOS

En la entrega anterior, le comentábamos estimado lector (a) la galopante corrupción que impera en la Dirección General de Tránsito y Transporte Público a cargo de Roberto López Santoyo; documentaba a ustedes, la manera en que en algunos municipios los agentes viales, son enviados a extorsionar a los automovilistas para juntar el “moche” para el familiar del Secretario de Seguridad Pública Arturo Bermúdez Zurita.

El tema no culmina ahí. Resulta que el flamante funcionario público quien se siente intocable, hace y deshace a su libre albedrío, dirige esa dependencia como si fuera un rancho de su propiedad y los servidores públicos a su cargo, fuesen sus peones.

Pese a que esa dirección se ha convertido en una patente de corso para López Santoyo, este grita que a nadie le rinde cuentas sobre los recursos que maneja a su antojo, los cuales, según fuentes que lo conocen, en la mayoría van a parar a sus cuentas bancarias.

La mayoría de las delegaciones de Tránsito en los municipios, permanecen en el abandono, de la dirección general no reciben un solo centavo para cubrir sus gastos operarios; lo único que es enviado es el salario miserable que perciben los agentes. Salario que no rebasa los tres mil pesos por quincena.

Escuchar a Roberto López Santoyo es risible, porque mientras asegura que creará una corporación vial confiable, en la práctica la situación es otra. Vayamos por partes: la dotación de uniformes para la totalidad de los agentes de Tránsito en Veracruz y en todos los estados de la República, debería ser una obligación de la Dirección General, sin embargo, a los servidores públicos desde diciembre o noviembre de 2011 cuando estaba Carlos Demuner Pittol no se les entrega un paquete de vestimenta.

Los delegados, reciben la orden clara, precisa y concisa de Roberto López Santoyo de que los agentes compren sus uniformes, porque de acuerdo a las palabras del cuñado de Arturo Bermúdez Zurita, no los quiere ver como pordioseros (sic) causando lastima.

Es cierto que los agentes de vialidad tienen que brindar una imagen de pulcritud desde la manera de vestir y más en la de actuar, sin embargo, al señor López se le olvida que los recursos para la compra de uniformes, están etiquetados en el presupuesto. ¿A dónde van a parar los recursos para tal fin? Eso solo lo sabe el director.

Otro problema por demás grave, es que los mismos agentes viales en los municipios, tienen que pagar el combustible que consumen las chatarras que usan como patrullas, porque ni siquiera esos recursos quieren soltar en la dirección.

Lo que si es cierto, es que a Roberto López Santoyo lo cuida un sequito de policías fuertemente armados, y el director se transporta en vehículos con blindaje nivel siete que cuestan arriba de un millón de pesos.

Si nos ponemos a analizar que por cada cuatro mil habitantes hay un policía, en al menos 12 elementos que usa el director de Tránsito se descuida a 48 mil veracruzanos.

No hace falta ser especialista en la materia, ni tratar de descubrir el hilo negro, para darnos cuenta que en la dirección de Tránsito del Estado, la única ley que impera es la de Roberto López Santoyo, quien se conduce como señor de horca y cuchillo; no podemos olvidarnos la golpiza que junto a un grupo de sus elementos, le propinó a unos taxistas en Minatitlán durante un operativo.

Volvemos a preguntar ¿Quién protege a Roberto López Santoyo? ¿Por ser el cuñado incómodo se le seguirá permitiendo tanto atropellos y corruptelas? En nuestra próxima entrega documentaremos los negocios que se realizan al amparo del poder público en la Dirección General de Tránsito y Transporte Público. Jugosos negocios que se hacen con la entrega de permisos a quienes quieren concesiones para taxis.

 


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