febrero 15, 2014 By

Los avestruces de “la izquierda” y “la derecha”

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@josegmunoz

Cuenta la leyenda que los avestruces son animales “admirables” por muchas de sus cualidades como sujetos de explotación humana, porque a pesar de ser aves, su carne es roja, como la de los bovinos y su productividad es mayor. Se enferman poco y son muy longevos (entre 75 y 80 años), con una vida productiva de 45. Pero hay muchos humanos que pasan de la admiración a la imitación en una de sus afamadas características: que por comodidad o cobardía, agrega la leyenda, esconden la cabeza en un agujero cuando advierten un peligro.

Aunque nadie puede dar un testimonio fehaciente de que los avestruces metan la cabeza en un agujero –nada más de intentar reproducir una escena de esa naturaleza se antoja que sólo podría hacerse en una superproducción jolivudense— la fama de esa fantasía resultó atractiva para políticos de izquierda y derecha que guardan ominoso silencio sobre problemas que les afectan de manera muy directa, en cuanto causantes directos de hechos que deberían avergonzar a cualquier gobernante del Siglo XXI, al margen de su etiqueta de “izquierda” o “derecha”, porque involucran a los derechos humanos universales, con los que todo gobierno tiene el compromiso ineludible de respetar.

Me refiero a las infrahumanas condiciones en que se tiene a los prisioneros de las cárceles de México, denunciadas parcialmente por el doctor Sergio García Ramírez, ex presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quien calificó a las cárceles de México como “mercados de la miseria humana” donde todo tiene precio: “la vida, la integridad, el alimento, el sexo y la esperanza de un futuro mejor”.

Creo que el eminente jurista se quedó corto en sus apreciaciones sobre la génesis del fenómeno, que atribuye a la corrupción, la impunidad y la falta de preparación en el personal que las guía. Eso es apenas una parte y en un análisis riguroso se puede concluir que parte del fenómeno se les escapa de las manos a muchas autoridades, como el gobierno interno que se ejerce de facto en una especie de selección natural del más fuerte: quien mejor golpea o navajea, puede imponerse a los demás; los de abajo, no tienen otra opción que el silencio, la sumisión y la esclavitud virtual; imposible denunciar, porque las represalias se multiplican de manera exponencial y aunque algunas autoridades quisieran, nada pueden hacer. Un fractal de lo que ocurre en las sociedades abiertas: como es adentro, es afuera.

Una mejor capacitación de los encargados de las prisiones, tanto custodios como directores, como propone García Ramírez, de poco serviría, porque en todos los niveles se experimenta la fruición del poder: tu aflicción es mi felicidad. Si te ordeno que lamas mis zapatos, lo harás. Así me siento realizado, al igual que el doctor que le dice a la parturienta que aguante los dolores, porque no pensó en el parto al momento de abrir las pernas en el coito.

El sadismo parece ser el perfil de los contratados. Y si no es un sádico manifiesto, en el ejercicio inútil de poder, no cubre los requisitos para contratarlo. Los gemidos hacen surgir al otro yo de custodios y directores

En algo tiene razón el doctor: en que la abundancia de leyes de nada sirve si cada custodio o administrador no tiene una verdadera “´profesión”, vocación, digo yo, para el cargo.

Recomendó hacer reajustes en el uso de la prisión preventiva, para evitar la sobrepoblación en las cárceles. “Hacemos una sobreutilización de la prisión preventiva. Se aplica a personas titulares de una presunta inocencia, privados de su libertad hasta que se juzguen. Su uso es excesivo. Son muy altas las cifras de presos sin condena”, agregó.

“García Ramírez criticó la prisión “innecesaria”, en referencia a los casos de reclusión “cuando no es indispensable”, a pesar de haber cometido un delito. “La prisión no es la única pena posible. Hay alternativas. Existen en nuestras leyes y en la experiencia internacional. Aplicar otros medios de sanción que no entrañen privación de la libertad con todos los efectos corruptores de esta”, publica el portal de proceso este viernes 14.

Añade la nota que “En suma, para Sergio García Ramírez la urgencia es una: restablecer el estado de derecho en las prisiones, tema que las autoridades han atendido con “oídos sordos, ojos que no ven y acciones no llegan”. Y hasta el reportero hace una calificación del jurista, al publicar que “Sobre la vulneración de derechos humanos, el silencio frente a estos y las leyes que se emiten pero no se cumplen, fue tibio: “La responsabilidad nos atañe a todos”. Y continuó: “evidentemente la carga más fuerte recae en las autoridades según sus respectivas competencias”.

Porque, en efecto, hay algo que puede cambiar este mismo sábado 15 de febrero: que las cárceles de esta capital dejen de ser la caja chica de los gobernantes, ya sean de “izquierda” o “derecha”. Tan sólo en un renglón del negocio, el pase de lista, se calcula una ganancia bruta de más de 300 millones de pesos mensuales . Esto se ha venido denunciando desde más de tres lustros y no se ven por ningún lado intenciones de terminar con esta infame industria.

Marcelo Ebrard cesó en noviembre del 2012 a José Antonio Quintanar, luego de que un grupo de presos exhibiera la ignominia en el Reclusorio Oriente, pero no acabó con el infierno denunciado. Lo cesó, digo yo, por indiscreto, no por corrupto.

Las brutalidades contra presos lo mismo se dan en el país que “defiende la democracia” en el mundo, Estados Unidos (Guantánamo), que Cuba, sistema que ha embrujado a buena parte de nuestros intelectuales “de izquierda”. Pero el negocio para el gobierno del que no habló García Ramírez, parece que ser exclusivo de nuestro gobierno “de izquierda”.

Ilustración: Hortensia


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