febrero 11, 2014 By Jorge Ceballos

ESPLENDOR JAROCHO

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Por JORGE CEBALLOS

La muerte de Goyo, ya no es noticia, ahora la noticia es el legado: la unión. Su secuestro unió a un gremio, a un sector de la población que exige seguridad, esa palabra que entre quienes hacemos periodismo es utopía.

Goyo ya no está, no los arrebataron. Unas manos y mentes criminales decidieron su suerte. Deja entre el gremio periodístico del sur de Veracruz una huella imborrable. Pudo más la entrega de 20 mil miserables pesos que los millones que se invierten en materia de seguridad.

Quienes decidieron cortar de tajo la vida Gregorio Jiménez, siguieron en su mundo utópico; en el mundo en el que ellos se encuentran idealizados; en el que creen que hacer el mal, dañar, secuestrar y asesinar es lo correcto. Grave esa percepción, pero más grave aún, el mundo en el que algunos funcionarios se encuentran. Los reporteros tienen seguridad arengaba el sábado Erick Lagos Hernández, sin embargo, para ese momento Goyo, ya no estaba en este mundo.

Por ideología propia, siempre he dicho que nuestras armas no matan, simplemente hieren. El arma de todo reportero, son una cámara fotográfica, una grabadora, libreta y lapicero. ¿Qué daño podemos hacerles con esas herramientas? ¡Ninguno!

Los ojos de todo el país, están puestos en Veracruz, esta entidad en la que un reportero fue asesinado con total impunidad, una entidad en la que según estudios, es muy peligroso para ejercer el periodismo. Pero esto a muchos nos apasiona y es lo que más amamos, y por ello, seguiremos en pie de lucha. Nos quitaron a un miembro, acallaron una voz, pero en cambio levantaron a miles que están hasta la madre.

Todos –incluido yo- esperaban que milagrosamente Goyo apareciera y se reuniera con su esposa e hijas, en el fondo creíamos que la fatalidad ya había ocurrido, pero nos aferrábamos a una esperanza, esa que ayer irresponsablemente el diputado Eduardo Sánchez Macías dueño de una cadena de periódicos despertó.

De la alegría los periodistas de Veracruz, pasamos a un estado de rabia, fue lacerante escuchar al procurador Amadeo Flores Espinoza confirmar que Goyo fue asesinado el mismo día en que fue secuestrado, escuchar que vivió pocas horas después de que se lo llevaron, pero lo peor, sus asesinos creyeron que enterrándolo clandestinamente jamás sería encontrado.

En una entrega anterior, decía que no había por qué buscar culpables, porque teníamos la esperanza de saber que Goyo recorrería nuevamente las calurosas calles de Coatzacoalcos, queríamos que disfrutara de esa atenuante temperatura de más de 40 grados en el antiguo Puerto México.

¿Qué esperarán algunos funcionarios para renunciar? ¿No les ha quedado claro que le han fallado a Veracruz y sus habitantes? ¿Es tanta su falta de vergüenza que seguirán mamando la ubre presupuestal y viviendo a costa de los veracruzanos?

Ojalá que algunos funcionarios se den cuenta que los “pinches medios” estamos hasta la madre de ellos. Sé claramente que la renuncia de uno o más parásitos, no devolverán la vida de nuestro compañero, pero cuando menos servirá para quitarnos a tanto indeseable.

Es cierto, las autoridades nos devolvieron a Goyo, pero no los regresan muerto.

 


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