enero 18, 2014 By

Reforma educativa en acción

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José García Sánchez

 

La maestra tabasqueña seguramente es de aquellas que vienen los profesores paristas a sus enemigos a muerte. Ella sabe que estando de parte de la reforma educativa podrá seguir teniendo chamba, por ello se ampara en esta medida fascista, para violar la integridad física y mental de sus alumnos que son unos niños indefensos.

La maestra de la primaria federal “Adolfo López Mateos” amarraba a los alumnos al pupitre con cinta canela, bajo el argumento de que son “incontrolables”. Justificó que ese trato es un ejercicio de “disciplina que permite la reforma educativa”.

El discurso violento, agresivo de las autoridades educativas federales a favor de la reforma educativa marca el origen de este tipo de actos.

Primero el enfrentamiento que impulsó el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet Chemor, al asegurar que enviaría profesores “trabajadores” a donde hiciera falta para desplazar a los paristas. No hizo más que enfrentar a unos contra otros, cuando en realidad no se daban cuenta que el enemigo está precisamente en las autoridades educativas que no sólo enfrenta pobres contra pobres, sino que quiere dejar a todos sin empleo.

Pero luego vino lo más radical, el retorno de la inquisición en voz del gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, quien propuso que se encarcelara a los profesores que estaban en paro. No cabe duda que los priistas  en su retorno esconden a un fascista, pero no saben todavía cómo mantenerlo sereno.

Nunca se le ocurrirá a Eruviel proponer pena corporal a los políticos corruptos, menos aún la pena de muerte. De eso estamos seguros.

La educación es algo serio, que las propias autoridades educativas han banalizado hasta convertirla en un botín de guerra. Desde la aprehensión de la lideresa del sindicato magisterial, con causas políticas, pero sin sustento legal claro, hasta los impulsos de desplazar a todos los profesores para que se planten frente a los alumnos docentes sin ningún espíritu de lucha, mansos, obedientes, sin reclamos por la injusticia ni conciencia social.

La tarea de las actuales autoridades han colocado en la educación su principal atención, un ejemplo de ello fue la introducción forzada de catedráticos del Instituto Tecnológico de Monterrey en la UNAM, con el propósito de bajar el nivel educativo y de cuestionamiento a la educación universitaria; el hecho provocó una paralización de actividades que inició con algunos profesores, alumnos e, incluso, personal administrativo que vieron en esos maestros del Tec una amenaza contra la excelencia académica de la UNAM.

Otra de las guerras que se libra en es el Instituto Politécnico Nacional, donde también se ha colocado a la fuerza a profesores del Instituto Tecnológico de Monterrey con el propósito de impartir educación tecnológica apegada a los cánones del oficialismo, es decir, de la ultraderecha que ahora nos gobierna e impulsar desde estos injertos la reforma educativa como algo ejemplar, necesario y benéfico, siendo que en realidad es todo lo contrario.

La profesora María Esther Escalante Rosado, encargada del grupo B del segundo grado, que ataba a los alumnos pasando cinta canela alrededor de la cintura y del pupitre para que no se levantaran durante las clases es también víctima de esa violencia que surge de la agresividad de los discursos oficiales y la criminal insistencia por imponer criterios que ni siquiera coinciden con nuestra idiosincrasia ni necesidades.

Así podrá decirse que la reforma con sangre entra.


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