enero 7, 2014 By

Dividendos magisteriales

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José García Sánchez

Las obras públicas son el gran pretexto de los gobiernos para recibir a cambio por lo menos el famosos diezmo; es por ello que a las autoridades del Gobierno del Distrito Federal les urgía que los profesores de la Sección XXII abandonaran las inmediaciones del Monumento a la Revolución.

Así podían inventar un deterioro grave e “invertir” en su recuperación.

Ahora declararon pérdida total de vegetación, grafitis en el piso, iluminación afectada, así como deterioros en bancas y bolardos, fueron algunos de los daños que la Autoridad del Espacio Público registró en la Plaza de la República.

Informó que se detectaron daños en por lo menos 950 metros cuadrados de jardineras, probabilidad de cuatro árboles muertos, pérdida total de vegetación, grafitis y anclajes a pisos y drenes saturados. Así, se intensificaron los trabajos de limpieza y desinfección del área liberada en la Plaza de la República, luego del repliegue del plantón magisterial.

Además, aseguran que se dio mantenimiento a la cisterna y bombas de agua de las fuentes, reparación que habían realizado semanas atrás, problema en el que nada tienen que ver los profesores, simplemente le apuestan a la desmemoria y a ponderar los pretextos para hacer obra de restauración que les deja más dinero que una obra nueva.

Las acciones del GDF pueden suponer que lo gobierna el PAN o el PRI, a juzgar por la vocación represiva de sus gobernantes. Nunca en los gobiernos del PRD en la Ciudad de México se ha visto tanto descaro. El colmo es la declaración del secretario de Gobierno, Héctor Serrano, quien asegura que actuaron contra los profesores a petición de la población, como si esto, de ser cierto, los convirtiera, de la noche a la mañana, en entes democráticos.

La pregunta de los capitalinos radica en saber que si en realidad ellos obedecen las peticiones de los capitalinos no había razón alguna para aumentar las trifas del Metro y menos aún con encuestas amañadas. Miguel Ángel Mancera no puede decir en algún momento que escucha a la población de la capital del país, hay muchos ejemplos de lo contrario.

Su política en el DF es de imposición, autoritarismo y represión, pero de sumisión con los grandes intereses nacionales e internacionales. La línea de todo gobierno es obedecer las disposiciones de los grandes consorcios, de los foros internacionales, de la banca multinacional, y ni el PRD ni Miguel Ángel Mancera son la excepción.

Ya sabemos lo que puede esperarnos cuando otro personaje de ideología híbrida y de indefiniciones políticas quiera alcanzar una gubernatura.

El ejemplo de las candidaturas ciudadanas la ha puesto Mancera, quien no queda mal con nadie, porque nunca se dijo perredista pero tampoco puede decirse traidor a sí mismo, porque nunca prometió seguir la política del partido que lo postuló ni la de su propia trayectoria pública.

Si los propios militantes de los partidos políticos, sin excepción, dan giros de 180 grados, qué puede esperarse de quienes quieren el poder sin ninguna trayectoria que dé certeza a los electores.

La política en México es un proceso de enriquecimiento, nadie puede negarlo, menos los propios políticos que llevan al cargo la vocación del delincuente y la tentación del robo desde que buscan la candidatura.

Así, las banquetas del Monumento a la Revolución o el Zócalo o cualquier otra obra pública es un beneficio extra para los gobernantes actuales del Distrito Federal.


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