noviembre 15, 2013 By Jose G. Muñóz

Izquierda y derecha: de la esperanza al desengaño.

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@josegmunoz

 

 

La campaña feroz que emprendieron algunos miembros del Partido Acción Nacional, contra los legisladores que votaron la Reforma Fiscal, con las que se dota al Ejecutivo de mayores recursos para desarrollar con mayor eficacia sus programas de gobierno, coincidiendo, curiosamente, con los trolles de la izquierda que interactúan en las redes sociales, retrata a una oposición mendaz, mezquina, carente de ideología, sin principios, locuaz, que busca el poder por el poder mismo.

 

La derecha se entusiasmó con el arribo al poder de Vicente Fox en el año 2000, creyendo que este pintoresco personaje intentaría aplicar los principios e ideales que están plasmados en el PAN. Fox se dijo católico y besó el anillo del Papa siendo Presidente de la República, pero su esposa vendía audiencias con él, hasta en diez millones de pesos (Olga Wornat, dixit) y los hijos de su esposa multiplicaron sus fortunas de manera exponencial al amparo de los negocios poco claros con el sector de la construcción. El narcotraficante Chapo Guzmán fue protegido por las fuerzas públicas (Anabel Hernández, dixit, en Fin de fiesta en Los Pinos) y las actividades delictivas de alto impacto, como el secuestro y la extorsión se dispararon como nunca; los sindicatos corruptos incrementaron su poder e influencia (SME, IMSS, SUTER, STPRM, FSTSE, SNTE, etc.) y estos fenómenos continuaron con su inercia en el sexenio de Felipe Calderón.

 

Al año siguiente de haber asumido Fox, en 2001, llega al poder estatal en Michoacán Lázaro Cárdenas Batel, hijo del emblemático “líder moral” del Partido de la Revolución Democrática, quien de ser un priísta a la vieja usanza, en 1987 le brotó lo democrático y se convirtió en ícono de “la izquierda” a grado que el, ése sí, luchador social encarcelado por sus ideas, Heberto Castillo, le preguntó a Cuauhtémoc dónde estaba en 1968, cuando los gobernantes de su ex partido masacraron estudiantes, a lo que el hijo del divisionario Lázaro Cárdenas respondió con el silencio. Cárdenas Batel, decíamos, llegó al poder michoacano protegido por su apellido y su pertenencia no a la izquierda, la que aportó 500 muertos en la transición que el país vivió de 1988 a 2004, sino por el privilegio que le concede en este país pertenecer a una dinastía. Curiosamente, en ese período crece a niveles insospechados la despiadada organización criminal denominada La Familia, misma que fue penetrando en todas las actividades humanas de la entidad. El secuestro, la extorsión, el cobro de piso, el narcotráfico, primero, fueron su actividad primaria, pero luego se percataron que podrían convertirse en Estado paralelo y sus jefes, con Servando La uta Gómez a la cabeza, actuaron en consecuencia: industrias de todas las ramas, comercios, farmacias, profesionales , comerciantes formales e informales y hasta autoridades municipales y estatales tendrían que pagar a La Familia, ahora “Los Templarios” las cantidades que exigieran sus sic arios, so pena de amanecer muertos, previa tortura.

 

Y esta crisis de derechos humanos se acentuó en la administración de Leonel Godoy, otro “izquierdista” que llegó al poder, luego de haber caído en la trampa de Carlos Salinas de Gortari, al aceptar ser fiscal especial para investigar los asesinatos de Francisco Xavier Obando y Román Gil Heráldez, cercanos colaboradores de Cuauhtémoc durante su campaña como candidato a la Presidencia de la República por el Frente Democrático Nacional, para hacer el ridículo de encarcelas al ex procurador de Justicia de del estado de Michoacán, José Franco Villa, quien nada tuvo que ver con el crimen, porque posteriormente Guillermo González Calderoni, ex director de la Policía Judicial federal, afirmó que quienes asesinaron a los amigos de Cárdenas fueron sicarios de Juan García Ábrego, en ese entonces jefe del Cártel del Golfo, a petición de Raúl salinas de Gortari, hermano de Carlos de los mimos apellidos, en ese tiempo Jefe del Ejecutivo de la nación.

 

Queda claro que no existe actividad delictiva permanente que no cuente con la anuencia del poder. Desde el viene-viene que cobra hasta 100 pesos en calles del Centro Histórico de la capital de la República, “por el tiempo que usted guste, mi jefe”, hasta los infames cobros de piso a cualquier actividad que se ha convertido en el calvario de los habitantes de los Estados de Michoacán, y varios del norte del país. El PAN gobernaba el país en el año 2,000, pero el PRD en Michoacán y ambos se echan la culpa de esta monstruosa realidad de la que nadie sabe cómo modificarla. Derecha e izquierda, si esos partido son representativos de esas ideologías, están en el mismo banquillo de la historia.

 

Pero la derecha y la izquierda están hermanadas en doble discurso. Vicente Fox intentó, sin éxito, que se cobrara el IVA generalizado, incluso en alimentos y medicinas. No ha explicado por qué ahora se rasga las vestiduras por los aumentos autorizados en la Reforma Fiscal, con votos del PRI y el PRD. El PRD desde enero de este año, ha emprendido una injusta escalada en los cobros del Impuesto Predial, pero con mayor saña en zonas de obvia marginación de Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Álvaro Obregón, Cuajimalpa, Milpa Alta, Xochimilco y Tláhuac. Quienes pagaban 500 pesos anuales, les ha llegado el nuevo cobro de hasta 5 mil pesos, sólo porque techaron con láminas transparentes el lavadero. Parece que el gobierno “de izquierda” de Miguel Mancera, necesita el dinero de los pobres para subsidiar el precio del boleto del Metro, donde viajan lo mismo adultos mayores gratis, cuando muchos de ellos pueden pagar sin afectar sus satisfactores indispensables, hasta los ricos. Bien podrían diferenciar los servicios de  primera y populares, para evitar el enorme déficit, creando vagones de lujo, confortables, con estéreo, aire acondicionado y hasta servicio de café, cobrando por ello altas tarifas, para estimular que miles de adinerados dejen sus autos guardados y viajen cómodos, para poder así mantener tarifas bajas a los más necesitados.

 

La corrupción que han mostrado ambos partidos transforma la esperanza de sus votantes en horrible decepción.

 

 


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