octubre 4, 2013 By

La violencia en su laberinto

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Mientras los verdaderos derechos humanos están ausentes en diversos estadios de la vida cotidiana –damnificados por los huracanes Ingrid y Manuel, cárceles, migrantes, discapacitados, indígenas, adultos mayores, violencia contra mujeres, bulling escolar y laboral, trata, desapariciones forzadas, pobreza extrema y muchos etcéteras más—, la disputa evidente por espacios de poder y/o defensa de privilegios se enseñorea con toda su magnitud en la capital del país, donde las facciones intentan con su peculiar violencia convencer a la sociedad civil para que compre sus respectivos proyectos.

 

La mafia del poder ha saqueado mil veces a la nación y no ha recibido el castigo merecido, ¿por qué unos muchachos sedientos de justicia que rompen unos cuántos vidrios deben ser criminalizados?, pregunta “la izquierda” ansiosa de que las fuerzas públicas, locales o federales rompa una nariz para magnificar su dolor y pregonarlo urbi et orbi. Cada nueva aparición de grupos “pacíficos” escalan nuevas provocaciones: “daños mínimos, comparados con las ganancias de la corrupción”, responden sus voceros desde sus respectivas trincheras mediáticas.

 

Noam Chomsky, filósofo norteamericano y santón de la izquierda mexicana, cuyo nombre e ideas están presentes en el diario capitalino La Jornada, escribió sobre las 10 estrategias de manipulación, y entre ellas hay una que describe a la perfección lo que en estos momentos se vive en esta guerra sin objetivos específicos declarados:

 

Crear problemas y después ofrecer soluciones.  Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad.

 

Es sabido que los plantones, marchas y capacidad destructora son anteriores a los actuales partidos “de izquierda” y que cada año vienen a la capital a cumplir con su ritual “de lucha”, que, a juzgar por los resultados, se antoja personalísima o de grupo reducido, porque gran parte de los mentores de las sierras oaxaqueñas trabajan en condiciones deplorables. ¿Tantos años de lucha y no han logrado ni del gobierno del Estado ni del gobierno federal la construcción de edificios dignos para ejercer la docencia? ¿Cuántos miles de millones obtienen como aportaciones al sindi cato, aparte de salarios a las bases? La transparencia no es el fuerte de “la izqueirda”. Véase el caso de Martín Esparza, líder del Sindicato Mexicano de Electricistas, que poco doce de los 25 mil millones.

 

“Martín Esparza y 25 integrantes del Comité Central del Sindicato Mexicano de Electricistas, tendrán facultades para administrar cerca de 25 mil millones de pesos, por concepto de cuotas sindicales a jubilados, fondos y bienes inmuebles luego de haber obtenido la Toma de Nota para el periodo 2011-2013; además el líder gremial buscará cargos de representación popular para su movimiento en las elecciones del próximo año, a través de una Agrupación Política Nacional que estará lista en octubre”, publica el portal de Milenio el 18 de septiembre de 2011. (http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/ae325c6da7214b308bcd1dc44411cbe0)

 

Los maestros de la CNTE evidencias objetivos diferentes a los de las necesidades educativas. Los de Michoacán, dañaron severamente una puerta del edifico de la Secretaría de Educación Pública el jueves 3 de junio de 2010, sin que se les enfilara juicio alguno. En este caso, el gobierno federal se hizo de la vista obesa y no pasó nada. “La puerta de madera, que representa un bien histórico que data de 1731, fue dañada con dos boquetes, uno en cada hoja y los maestros intentaron prenderle fuego, pero se activó la protección contra incendios”, publicó el portal de Milenio esa fecha.

 

Pero la violencia de estos días presenta una singular característica: el gobierno y los manifestantges se culpan mutuamente de hechos violentos perpetrados por provocadores infiltrados. La Jornada, tiene varios días insinuando –ninguna afirmación en concreto, no vaya a ser que se le suspendan las gacetillas que con tanta frecuencia publica— que es el gobierno de Mancera el que utiliza a policías vestidos de civil para agredir a manifestantes “pacíficos”, pero Televisa exhibe videos donde los manifestantes se ensañan contra policías uniformados.

 

La violencia, pues, es huérfana, pero está muy activa. Nadie se responsabiliza de ella y, como pelota, es aventada va la mano del “enemigo”. La metralla de descalificativos de uno y otro bando es impresionante: los términos “vándalos” y “gobierno represor” están a la orden del día en los medios afines a cada facción.

 

Mientras, los que sufren violaciones a sus derechos humanos languidecen en el olvido.

 


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