septiembre 20, 2013 By Huellas de México

La clase política exhibe su vocación depredadora

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@josegmunoz

 

Las cifras que rolan en los medios de comunicación, formales e informales, son realmente aterradoras: más de millón y medio de afectados por los huracanes Manuel e Ingrid; 300 mil de ellos, según cálculos preliminares, sufrieron la pérdida total de su patrimonio; 100 personas, aproximadamente, perdieron la vida; el número de desaparecidos, hasta el viernes 20 de septiembre, es de 68; el Fondo Nacional de Desastres Naturales está sin fondos para enfrentar la emergencia; se advierte sobre riesgo de hambruna en la zona rural de Guerrero. Pero todo eso no basta para que la clase política frene su oportunismo propagandístico y oculte su vocación depredadora.

 

Desde el oficialismo, la obligación se convierte en magnanimidad. Se minimiza la dimensión de la tragedia y se publicita hecho lo que apenas es una intención. Nadie puede negar que el gobierno hace su mejor esfuerzo por atender la emergencia, pero lo real es que lo único que proyecta es esperanza. Ningún orden de gobierno previó –ni podía hacerlo–, el tamaño del drama. Miguel Ángel Osorio Chong sostiene que se cuenta con recursos para dar la atención debida a los hermanos en desgracia, pero podrían ser cientos de pequeñas c comunidades diseminadas en los estados por donde hicieron estragos Ingrid y Manuel las que no han recibido ni un gramo, ya no digamos un kilo, de ayuda.

 

El Presidente Enrique Peña Nieto modificó radicalmente su agenda de trabajo para coordinar personalmente la atención oficial a la emergencia, pero Rosario Robles gusta de retratarse sin maquillaje repartiendo despensas, cuando el área de la que es responsable, el Desarrollo Social, requiere más bien de sus servicios como estratega, no como peona de las acciones que se deben emprender en los estados afectados. Es tiempo que ni siquiera se tiene un inventario de daños. Da la impresión que Osorio Chong y Robles tienen en mente el 2018, en lugar del allí y ahora y de los cientos de necesitados que reclaman una acción más eficaz.

 

Gobernación, bajo la batuta de Osorio Chong, no desperdició la oportunidad de informar por conducto del subsecretario de Normatividad y Medios que “será evaluada  la Coordinación Nacional de Protección Civil, a cargo de Luis Felipe Puente,  para determinar si se atendió en tiempo y forma la emergencia generada por los fenómenos meteorológicos Manuel e Ingrid. El propio Puente dio a conocer ayer que ascendió a 97 la cifra de muertos por las recientes lluvias, siendo Guerrero el estado más afectado”, informa el portal de Excélsior. ¿Una evaluación de una de sus dependencias en plena emergencia? Demasiada y sospechosa rapidez.

 

Miguel Mancera, el otro presidenciable “natural” (Ojo: ningún alcalde, gobernador, regente, jefe de Gobierno o como se le llame del Distrito federal, ha logrado llegar a ocupar la silla presidencial, desde Lucas Alamán hasta Marcelo Ebrard) aprovecha la, ocasión para enviar víveres y traer turistas defeños varados en Acapulco. No esa reprochable esta solidaridad, lo que extraña es que lo haga bajo sospecha de que es gacetilla pagada, porque el diario La Jornada, autopromovido como “de izquierda”, relata que “El Gobierno del Distrito Federal organizó una serie de vuelos chárter para enviar víveres a las personas afectadas por las fenómenos climatológicos Ingrid y Manuel en Acapulco y Zihuatanejo, en el estado de Guerrero, los mismos que trasladarán a capitalinos que están varados en los citados municipios”, lo que parece una crónica testimonial de un hecho presenciado. En ninguna parte se aclara que es un boletín de prensa emitido por el GDF. El diario da como un hecho lo hasta puede ser falso. La solidaridad “ideológica”, en este caso, se convierte en sospecha de gacetilla en tiempos de crisis.

 

Y en las antípodas de la megalomanía, la oposición de izquierda hace su aparición con bombo y platillo para erigirse como defensora única de los derechos humanos y solidaria con los “hermanos en desgracia”. Andrés Manuel López Obrador, el hombre que ha demostrado conmover a buena parte de los mexicanos (15 millones en edad de votar, según la última elección de 2012) destilando veneno y odio contra “la mafia del poder”, no perdió la oportunidad de llevar agua a su molino o de cosechar algo de la desagracia al equiparar a los damnificados de los huracanes con los desalojados maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, para quienes pidió que se les llevaran despensas parea apoyarlos en su “lucha” (más bien “luchita”, digo yo), cuando los líderes ya estaban acordando retirarse a su natal Oaxaca, vaya usted a saber con cuántas canonjías a las que están acostumbrados.

 

Pero otra “izquierda”, esa que se dice “revolucionaria”, pero no como la del PRD, que es “democrática”, sino con armas de verdad, pero con vocación propagandística que tan buenos resultados da a las otras “izquierdas”, hace su aparición en el escenario del dolor, para denunciare que “en Guerrero, la rapiña es la que ejercen los tres niveles de gobierno”.

 

En el sitio cedema.org, estos revolucionarios “de verdad” publican un boletín con fecha del 19 de septiembre en el que exponen que “El Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos (MRLCB) acusa de negligencia a los gobiernos federales y estatales durante el golpe de los fenómenos meteorológicos en el estado de Guerrero. A pesar de las evidencias de la magnitud de las tormentas, los funcionarios estaban más preocupados por la preparación de las fiestas de El Grito de Independencia”.

 

¿Y los medios? Bueno, por lo menos algunos, dieron vuelo a una versión errónea de que aviones dela Secretaría de Marina habría rescatado a los hijos de Peña Nieto y reprodujeron una foto donde aparece Jorge Álvarez, hijo de Jorge Álvarez Hoth ex subsecretario de Comunicaciones y Transportes en el sexenio calderonista, cuando los hijos del Presidente estaban con su padre en Palacio Nacional el 15 de septiembre, informa Federico Arreola, de SDPnoticias.

 

Hoy tiene México un de agua y los oportunistas tradicionales quieren llevarla a su molino. No se vale.


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