La soledad de América Latina: Un discurso que aún tiene las venas abiertas

diciembre 7, 2021 By

La soledad de América Latina: Un discurso que aún tiene las venas abiertas

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Danny Antobelly

Hace casi 40 años el escritor colombiano Gabriel García Márquez, era condecorado con el premio Nobel de literatura. Fue en ese contexto que dio uno de los discursos más notables que aún retumban en los ecos de los corazones de las poblaciones silenciadas.

Una estudiosa europea decía que los ensayos son aquellos textos que “te obligan a alejarte de ellos para pensarlos”. Aquel memorable 12 de octubre de 1982, García Márquez recibía por parte de la Academia sueca el Premio Nobel de Literatura. En torno a ello, preparó un discurso idílico, arrollador y tan mágico como sus textos: La Soledad de América Latina.

Aquellas ideas que sonaban de la boca del escritor, retumbaban en el recinto produciendo un eco que aún conservan la vigencia. Esa actualidad que subyace de aquel ensayo, no se encuentra cernida a la soledad, sino que a la desolación.

Un discurso que comienza con la magia de un continente que podría ser fantástico

Aquella noche, el literario comienza su ensayo haciendo mención a las crónicas de Antonio Pigafetta seguido por las historias de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Ellos han sido quienes, en sus relatos, le daban al continente americano un perfil de misticismo.

Aquello que se garabateaba en trazos fantásticos por aquellos cronistas, poco tenían que ver con los “cerdos con el ombligo en el lomo” que aseguraba Pigafetta haber visto en su paso por américa, sino que a la abundancia que encontraban en su paisajes y recursos naturales.

Sin embargo, la soledad o la desolación, que pudo verse en América Latina, se pudo vislumbrar con mayor pavor durante el siglo XX. Con el advenimiento de las dictaduras y los 17 golpes de estado, las cinco guerras que apabullaron a naciones enteras y sus millones de desaparecidos y exiliados.

América latina: Esa latitud tan difícil de comparar

Esta joya literaria que Gabriel García Márquez le regalaba al mundo hace 40 años, no puede verse separado del plano político. Este ha sido el gran mensaje que discurría detrás de un discurso que tiene un alto grado de vigencia y actualidad: ¿Por qué los europeos aplauden la originalidad que se plasma en la literatura, pero niegan el plano político?

Asimismo, hace alusión a la imposibilidad de medir a América Latina con la misma vara con la que lo realiza Europa a su propio continente. Ya que es imposible la interpretación de las realizades con estos esquemas que nos resultan tan ajenos.

Una visión futurística tan apabullante como excepcional

Aquellos 18 minutos que cerraron ese increíble ensayo del escritor colombiano, culminaban con el futuro premonitorio de la humanidad. En donde dejaba relucir esa posibilidad empírica de la extinción del hombre como especie.

Además, se preguntaba ¿por qué el humano no busca su realización utópica, en la cual no existiera nadie que decidiese por otros, mucho menos sobre su deceso; en lugar de buscar la destrucción constante?

Este texto, que debería ser estudiado desde los niveles iniciales por la gran carga emotiva que tiene sobre la esencia de los latinos, cerraba haciendo alusión al mítico libro Cien Años de Soledad y la importancia de vivir en un lugar en donde esa utopía pudiera cumplirse: “En donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan una segunda oportunidad en la tierra”. Aquella misma segunda oportunidad que en su libro se hubo negado.

El desasosiego latino y la utopía de un tiempo mejor

El próximo 12 de octubre se cumplen 40 años de un texto que se presenta contundente y actual. En donde, sin pretender ser exegeta del autor, ha sido lo suficientemente explicito en su interpretación de la soledad de un continente abandonado a su suerte.

A lo largo del ensayo, el autor iba relatando las crónicas de los millones de personas que, por dictaduras y hambrunas, debían dejar sus naciones en búsqueda de prosperidad, o bien, de esa imperiosa necesidad de que ningún tercero les arrebatase su existencia.

Hasta el día de hoy, 6 de diciembre del año 2021, han pasado 469 meses y 25 días de aquel maravilloso discurso. Sin embargo, en esta parte de américa se siguen viviendo situaciones de exilios, estos que resultan tan duros llevando a las personas a atravesar momentos de extrema soledad.

Las familias se hacen añicos por gobiernos dictatoriales y de malas gestiones que los sumergen en hambrunas difíciles de salir, en donde no consiguen encontrar respiro.

Es por ello, que este emblemático discurso de Gabriel García Márquez, habla de la desolación de américa latina y su incapacidad de salir delante y de prosperar. También es una crítica a los gobiernos y a la gran ineficiencia de aquellos sistemas de gobiernos que se enquistaron en América Latina desde Europa. Pero lo más impactante de todo esto, es esa incomprensión general con la que el mundo ha decidido juzgar al continente.

Más de cien años de soledad

En aquellos memorables 18 minutos en el que Gabriel García Márquez sellaba un texto a la inmortalidad de la literatura y la filosofía contemporánea, la soledad se hace presente.

La soledad es un sustantivo que determina la realidad que se pueda estar atravesando. Este ha sido uno de los condicionantes que ha acompañado a los habitantes de estas tierras tan ricas y mágicas, durante tantos años de mala praxis política.

La pobreza continúa sumiendo a miles de personas a pasar hambre, increíblemente incluso en aquellas naciones que producen alimentos para el mundo. Hoy se pueden ver imágenes desgarradoras de hombres y mujeres dejando atrás a sus hijos escapándose a naciones que puedan asegurarles ese plato de comida que hoy sus países les niegan. Todo continúa intentando medirse con las varas mágicas que poco tienen que ver con América latina.

Podemos vivir cien años de soledad, no obstante, ese sueño utópico de las naciones por vivir en estas tierras fantásticas que supieron ver los europeos, se mantendrá siempre firme en el deseo por todos los habitantes que podrán romper las paredes del silencio de los corazones que viven en la desolación.

Danny Antobelly

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