A Emilio Lozoya le tocará fajina

noviembre 5, 2021 By

A Emilio Lozoya le tocará fajina

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Se le acabó el cuento al “Principito” petrolero y se encienden las alertas: Del Presidente nadie se burla

  • El hombre de los exquisitos placeres, con vida de jeque árabe y lujos extravagantes, estrenó celda. No va solo, llega acompañado de toda la ira de AMLO

ENRIQUE SÁNCHEZ MÁRQUEZ

El hombre de los exquisitos placeres, el de los pañales de seda, de extravagantes lujos y acostumbrado a darse vida de jeque en lugares paradisiacos, en aviones exclusivos y yates privados, se hospedó la noche del miércoles en su nueva mansión: una fría celda del Reclusorio Norte sin la sanitización que hubiera querido y sin servidumbre a su lado.

Se le acabó el cuento al “principito” petrolero, pensó que la audiencia a la que fue convocada era un trámite más de su esquema de impunidad, como lo había hecho en cinco ocasiones anteriores, engañando cinco veces al Fiscal Alejandro Gertz Manero y al Presidente Andrés Manuel López Obrador, hasta que el sistema Anticorrupción ya no aguantó más.

Y en un movimiento sorpresivo de baraja, la suerte le cambió a Emilio Lozoya, ex director de Pemex en el gobierno pasado, enfrentándolo de manera brutal a su nueva realidad en la que podría pasar cuando menos 30 años en prisión, con obligaciones que cumplir, como hacer la fajina, pararse temprano para pasar lista cada mañana y respetar las estrictas reglas imperantes en prisión.

Lo de la fajina está por verse porque al interior del penal hay una variada carta de servicios que se pueden contratar, incluyendo hospedaje para personajes importantes en el área de visita íntima.

A la celda que le acomodaron no llega sólo, va acompañado de toda la ira de López Obrador que con esta decisión de recluirlo bajo el argumento de que puede escapar del país, se mandan señales claras que del Presidente nadie se burla.

A LOZOYA NO LE ALCANZÓ EL PUÑO

De esta forma a Emilio Lozoya ya no le alcanzó el poder, recursos y tiempo para “romperles la madre a sus detractores”, como se vanagloriaba en 2017. Hoy está en prisión al fallarle los cálculos imperdonables de haber tratado de engañar al Primer Mandatario, quien iracundo guardo su enojo de manera pública, por el golpe certero que le asestó Lozoya a su lucha anticorrupción de la que tanto presumió a partir de que éste llegó al país hace 16 meses, con el compromiso de alcanzar el beneficio de una sentencia más generosa mediante la figura del llamado “criterio de oportunidad”, ante la promesa de denunciar a importantes personajes del sexenio pasado, principalmente Enrique Peña Nieto, a su ex secretario de Hacienda, Luis Videgaray y un grupo de 70 selectos personajes más.

Por aquellos días el exdirector de Pemex se mostraba muy tranquilo y despreocupado frente a las acusaciones de corrupción que había en su contra y montado en la soberbia junto al poder acumulado de su padre del mismo nombre y la atingencia, casi servil del Fiscal, Alejandro Gertz Manero, se les hacia fácil a él y su abogado Javier Coello Trejo afirmar que podían traer a declarar al propio ex presidente, Enrique Peña Nieto.

El enojo escondido del Presidente tuvo su base en el hecho que la burla de Lozoya es una derrota amarga para el Presidente luego que Gertz Manero le hizo creer que el detenido era la llave para mostrar la corrupción del pasado; le dijo que era la clave para que peces gordos terminaran pagando sus corruptelas, pero nunca fue así.

Para librar la cárcel éste había acusado a Peña Nieto y a su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, de haber usado esos sobornos para la campaña electoral de 2012 y para comprar a legisladores de la oposición para que aprobaran la reforma energética de 2013. Entre los señalados también se encontraba el ex presidente Felipe Calderón.

Todo fue una llamarada de petate, porque no había pruebas y no las hubo durante 16, mientras el imputado se daba lujos que nadie con esa calidad podría lograr.

Como sostiene Raymundo Riva Palacio, López Obrador ha estado bastante enojado con Lozoya y Gertz Manero desde que el exdirector de Pemex fue captado cenando en un restaurante de lujo, y dentro de la propia Fiscalía General hay hartazgo por la falta de evidencias aportadas por quien le han dado toda clase de privilegios a cambio de pruebas de corrupción.

A la vista de analistas, como es el caso de Dario Celis, el presidente ya no toleró que el exdirector de Pemex se burlara de él comiendo en uno de los restaurantes más caros, comenta Darío Celis.

La cena en el Hunan dio pie a una estrategia conjunta para solicitar la prisión preventiva justificada. Se validó el temor: Lozoya tenía una amplia capacidad económica y una red de contactos que facilitaban su fuga.

De tal manera, deriva el columnista de El Financiero que no fueron los sobornos de Odebrecht ni tampoco la compra de Agronitrogenados, ni siquiera que no haya podido probar nada; lo que llevó a que encarcelaran a Lozoya fue la afrenta al presidente.

Andrés Manuel López Obrador no le perdonó a Lozoya que se siguiera burlando de él en su cara, asistiendo a uno de los restaurantes más caros en compañía de los Beckmann y los Autrey.

A AMLO SE LE CAYÓ SU TROFEO

A AMLO se le vino a tierra su mayor trofeo, luego que una de las banderas, quizás la más importante, que le dio el triunfo en las elecciones del 2018, fue su denuncia de la corrupción.

Lozoya fue aprehendido en España el 12 de febrero del 2020 y extraditado a México el 17 de julio de ese mismo año.

El 11 de agosto del 2020 Lozoya presentó una denuncia en la cual señalaba cómo la aprobación de la reforma energética involucró toda una serie de sobornos, pero lo que parecía un anuncio de grandes proporciones, se quedó en veremos.

Con esas revelaciones, Lozoya negoció su condición de testigo colaborador con la Fiscalía General de la República (FGR), lo que le permitió evitar la prisión aun cuando fuera un delincuente confeso y así se mantuvo gozando de grandes privilegios, pero ese cuadro de benevolencia se acabó el pasado sábado 9 de octubre cuando la periodista Lourdes Mendoza lo captó en una comida en el restaurante Hunan de las Lomas echando por tierra la imagen de que esta administración combatía la corrupción.

Como sostiene Enrique Quintana, el presidente López Obrador sabe que va a ser complicado cambiar las percepciones. Sin embargo, iba a ser todavía más complicado el modificarlas con Lozoya en libertad.

La percepción que establece es que no va a ser fácil para López Obrador el reivindicar la eficiencia de su pretendido combate a la corrupción, pues no hay ningún otro caso suficientemente relevante como para ser emblemático.

El próximo martes, AMLO viajará a Nueva York y hablará ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en un discurso en el que reivindicará el combate a la corrupción y por tanto, ahora se entiende.

Era inimaginable que lo hiciera con Lozoya libre.

EL QUE CENA PATO LE TOCA PAGAR

Desde antes de su translado a una celda del preventivo del Norte capitalino, su suerte estaba echada desde el pasado 21 de octubre cuando el Presidente López Obrador manifestó que era evidente que la Fiscalía General de la República se estaba tardando en resolver el caso de Emilio Lozoya

En una de sus mañaneras, el titular del ejecutivo federal aseguró que no existe un pacto de impunidad en este caso, y reiteró su confianza al fiscal, pero la estrategia para su detención provisional ya estaba en marcha.

Y es que el caso efectivamente se había alargado porque Lozoya no había probado nada de lo que denunció, ni entregó las evidencias que prometió. Al contrario, la cena en el Hunan le redujo espacio de maniobra a Gertz Manero quien se quedó sin tiempo para seguir maquillando, manipulando o inventando imputaciones, como lo escribe Riva Palacio.

A juicio de Ivabelle Arroyo de El Economista, su reclusión en gran medida no es por haber participado en una red de corrupción de dimensiones monumentales, sino por haberse burlado de las autoridades y de los mexicanos al seguir con su vida de lujo y ostentación.

Subraya que la imagen de Lozoya gozando de la vida fue un golpe a la línea de flotación del barco contra la corrupción. No sus mentiras ni su falsa cooperación, ni la burla que ya era evidente. La imagen… esa sí que golpeó el lado político del caso.

A partir de ahora, Lozoya entra en ese pozo sin fondo que es la prisión preventiva.

Y ya como colofón, Ivabelle escribe con ironía: al que cena pato, le toca pagar.

De los que también han vivido el trago amargo de su relación con Lozoya está en primerísimo lugar el Fiscal, Alejandro Gertz Manero, quien ha tenido que soportar el ridículo que su “testigo estrella” le hizo pasar mientras cenaba pato en un restaurante de lujo.

CIERRAN PACTO CON LOZOYA

En ese contexto el Ministerio Público ya dio por terminado cualquier acuerdo o pacto al que habían acordado con Lozoya, aunque su defensa aseguró en su comunicado que sigue vigente el criterio de oportunidad, una figura similar a la de testigo protegido, el cual “se traduce en una colaboración sólida y permanente con las instituciones vinculadas al sistema de justicia penal y a la Presidencia de la República” y para lo cual el Juez de la causa le otorgó 30 días de plazo para tener listo la contestación a la acusación y las pruebas con las que pretenderían mostrar la inocencia del exfuncionario.

 

LO SUYO, LO SUYO ES UNA VIDA LLENA DE LUJOS

Emilio Lozoya no dejó, ni por un momento, su vida de lujos y derroches, como la que tuvo antes de ser director de Pemex y durante los casi tres años que encabezó la principal empresa de México durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. La cena en el restaurante Hunan de las Lomas de Chapultepec, el pasado 9 de octubre, fue apenas uno de los desplantes de poder e impunidad que siempre le gustó exhibir.

Su vida a salto de mata durante los nueve meses que se mantuvo huyendo de la justicia internacional en Europa estuvo llena de lujos y no fue capaz de alejarse, ni un segundo, de su estilo de vida por lo que buscó refugio entre magnates árabes y rusos en el exclusivo fraccionamiento de La Zagaleta, en la llamada Costa del Sol, un complejo residencial de lujo dónde habitan famosos, jeques multimillonarios y prófugos de la justicia en busca de anonimato.

El sitio es tan exclusivo que sólo se entra por invitación o pagando 50 millones de euros por una de las 240 mansiones.

Este estilo de vida y gusto insaciable por el dinero se siguió reflejando tras su extradición a México, con la cortesía de la Fiscalía General de la República que le permitió seguir su proceso jurídico en una especie de libertad condicional, con un brazalete que nunca usó. Un año y cuatro meses Lozoya vivió entre sus casas de la Ciudad de México, Valle de Bravo e Ixtapan, en reuniones donde seguían abundando los vinos caros, las relaciones con sus más cercanos y los negocios.

Emilio Lozoya nunca dejó de hacer negocios: aprovechó el letargo de las autoridades mexicanas para vender propiedades en el extranjero, esconder su dinero en cuentas de paraísos fiscales e incluso pensaba regresar de nueva cuenta al sector energético mexicano, asociado con otros inversionistas. También, como lo reveló la FGR, omitió declarar 2 millones de euros producto de la corrupción de Odebrecht en una cuenta en el extranjero.

Sin embargo, el tiempo y la presión social terminaron por poner a Lozoya en su lugar y rompieron finalmente el presunto pacto de impunidad que hicieron el fiscal Gertz y el padre de Lozoya.

 


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