“Qué tanto es tantito” Muere Armando Ramírez

julio 11, 2019 By José Santos Navarro Monroy

“Qué tanto es tantito” Muere Armando Ramírez

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Por José Santos Navarro

Hablaba y caminaba como los meros ñeros de Tepito. “Total, qué tanto es tantito”, solía decir Armando Ramírez, quien sabía y entendía que en el barrio bravo todo se vende, menos la dignidad.

Aquí todo se mercaba, lo nuevo, lo chueco, lo doblado, la fayuca, la droga, las armas, las migas, las semitas, el café con piquete; ropa y cacles usados, herramienta robada y todo a lo que se le pudiera poner precio, todo eso se vendía, se mercaba.

Armando Ramírez no fue comerciante, ni boxeador, supo apartarse de los malasmañas, de los gandallas; sabía que su destino era otro, lo atrajo la magia de la lectura, la música de la Santanera y la Matancera; tenía 67 años y había nacido con el rock, mambo y el chachachá. Era apasionado del bolero y solía decir: “Quien sepa de amores, que calle y comprenda”.

Era la época del Chinchín sino es cierto. Era una mentada de madre suavizada, de cariño, entre amigos: chinchín si no, era la consigna entre los niños que no podían decir malas palabras. Armando encontró en las letras y en la cultura, la forma exacta de convivir para sobrevivir en el barrio bravo. En 1974 fundó el colectivo Tepito Arte Acá.

Su lenguaje fue cien por ciento popular, tepiteño, nunca negó la cruz de su parroquia. Era hábil para el albur, para el juego de palabras: Qué transa, chale… “qué jais de la baraña”: “Qué milanesas que no bisteces, que yo pensaba que ya morongas, pero no, veo que aún estás bien víbora (Que milagro que no te había visto, pensé que te habías muerto, pero ya veo que estás bien vivo)…

El gusto por la literatura le cambió la vida, se hizo escritor y periodista. Con los años, con su filosofía callejera, su sabor de barrio, su estilo de decir, pronto también se ganó el título de cronista. Conocía usos, costumbres y mañas del barrio, por eso escribió su primer novela Chin Chin el Teporocho, la cual también fue película.

En la televisión y diarios salía con sus crónicas callejeras. Ameno, con su estilo caía bien, la gente entendía porque era el mismo lenguaje, el de los de abajo. Tepito sólo tenía dos salidas para alejarse de la pobreza: ser boxeador o fayuquero. Él eligió un camino más difícil: ser escritor y periodista.

Armando Ramírez ya se fue, se adelantó. Uno de sus hijos informó de su muerte a través de las redes sociales. Se fue como llegó. Con carencias pero feliz a los 67 años de edad, se adelantó, pero, cómo él decía: “Qué tanto es tantito”.

Una segunda lectura a Chin Chin el Teporocho, podría ser un buen homenaje para Armando quien dejó una herencia de 16 libros escritos, siendo el más reciente “Déjame” que resultó ser el tercer libro más vendido en la también reciente Feria del Libro de Palacio de Minería.


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