Más de 400 penales, bombas de tiempo en México

Cereso
Son “gobernados” por narcotraficantes, secuestradores y homicidas, entre otros delincuentes
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Por ROBERTO MELENDEZ
Bajo la divisa de la impunidad, violencia extrema, corrupción, ineficiencia y complicidad de autoridades carcelarias, más de 90 por ciento de los mal llamados Centros de Readaptación Social del país, con excepción de los federales, son “gobernados” por narcotraficantes, secuestradores y homicidas, entre otros delincuentes, quienes han convertido las cárceles en “bombas de tiempo”, las que pueden estallar en cualquier momento, como recientemente ocurrió en Acapulco, con graves consecuencias.
Por lo menos 200 mil reos son explotados por los “emisarios del mal”, prisioneros en penales de Guerrero, Zacatecas, Nuevo León, Tamaulipas, Oaxaca, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Durango y Baja California.
“Suman aproximadamente 400 las bombas de tiempo que pueden estallar”, comentan especialistas al referirse al número de penales que son manejados por delincuentes altamente peligrosos; la mayoría de los penales en las 32 entidades federativas son centros de explotación y vejaciones en los que quienes se encuentran privados de su libertad se contaminan al aprender todas las modalidades de la delincuencia, además de exponer permanentemente sus existencias si no acceden a la exigencias de la delincuencia organizada”.
Se estableció que son miembros de los cárteles del Golfo, Zetas, Sinaloa, Juárez y Jalisco Nueva Generación, los que manejan y encabezan los autogobiernos en los penales del país, en los que anualmente se registran cientos de fugas, principalmente en la zona norte, situación que podría ser compartida por el estado de Zacatecas, donde, en el penal de Cieneguillas se evadieron más de medio centenar de criminales, la mayoría de ellos calificados como sumamente peligrosos.
Investigaciones de gabinete y campo e informes obtenidos en instituciones ministeriales, policiales y penitenciaras, ratifican que no menos de 90 por ciento de los Centros de Readaptación Social estatales y municipales son gobernados, dirigidos por ex líderes, lugartenientes, operadores y jefes de sicarios de las grandes empresas del narcotráfico, quienes, sostienen,  son amos y señores de las cárceles, en las que se hace lo que ellos ordenan, no lo que digan los directores y alcaides. Son ellos los que ordenan lo que se debe hacer.
“Son narcotraficantes, quienes desde el interior de los penales continúan operando para los Cárteles del Golfo, Zetas, Pacífico, Milenio, Familia Michoacana, Caballeros Templarios, Tijuana y Sinaloa, quienes ordenen a quienes hay que proteger o bien extorsionar y explotar e incluso egresar ilegalmente de los penales, en los que controlan la distribución de drogas y bebidas embriagantes, la prostitución y el comercio de todo tipo de artículos”, acotaron analistas y estudiosos de la problemática.
El destacado penalistas Alberto Woolricho Ortiz aseguró que la “mejor radiografía” que se ha elaborado a la fecha en torno a la “verdadera situación” se vive las cárceles es la elaborada por el luchados social Eduardo Gallo y Tello, ex presidente de “México Unidos Contra la Delincuencia”, quien confirmó que el 90 por ciento de las cárceles de la República cuentan con “autogobierno” y que el mismo es dirigido por narcotraficantes, quienes mediante la violencia extrema han establecido el terror, el derramamiento de sangre, la violencia, la, el abuso en la mayor de sus expresiones y también la muerte.
 “Lo sorprendente es que las autoridades –tanto federales como estatales y municipales– apenas se den cuenta de la pudrición que existe en el interior de los pomposamente llamados Centros de Readaptación Social, los que en realidad con universidades del crimen y centros de perdición, en el que sobreviven los más fuentes, los influyentes y ricos. La readaptación social es una utopía, un cuento de hadas y falso pronunciamiento de autoridades penitenciarias. Es un hecho que los grandes y poderosos delincuentes tienen comprados a custodios, directivos y empleados de los casi 500  penales estatales y municipales, en los se encuentran confinados más de 200 mil reos, la mayoría de ellos del fuero común, más no por ello menos peligrosos o violentos que los del fuero federal, entre los que destacan los narcotraficantes.
 Por su parte, los estudiosos de la problemática estimaron que en las cárceles, con excepción de las federales, existe una sobrepoblación de decenas de miles de  internos, lo que ha ocasionado que quienes se encuentran sujetos a proceso o cumplen sentencia vivan hacinados, en condiciones infrahumanas, lo que muy poco interesa a las autoridades penitenciaras, las que al igual que los envenenadores públicos y demás gama de criminales, se concretan a explotar a los presos y enriquecerse de manera escandalosa.
“El poder corruptor de los narcotraficantes, al igual que la extrema violencia que utilizan para imponer su voluntad, son muy superiores a las intenciones de las autoridades oficiales para erradicar de las cárceles el régimen de sangre, terror, impunidad, corrupción y muerte que han impuesto los Barones de la droga, para quienes no hay nada imposible, como lo pinta de cuerpo entero la espectacular e histórica fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán del Centro Federal de Readaptación Social de Puente Grandes, Jalisco, el 19 de enero de 2001, sin que a la fecha se tengan siquiera indicios de su paradero.
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Written By Max Vite

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