Balance electoral 2015: El INE, el primer perdedor

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Ciudad de México, 13 de jun.- Este 2015 fue el debut del Instituto Nacional Electoral como órgano encargado de regular y organizar las elecciones federales, no obstante los problemas que tuvo desde el inicio, le impidieron completar un proceso electoral satisfactorio, donde las trampas, la guerra sucia, la violencia y la baja participación, empañan el proceso democrático en México.

 

Participación vergonzosa

El día de ayer Lorenzo Córdova presidente del INE salió muy orgulloso a presumir la jornada electoral, tomando como principal bandera el 47.7% de participación ciudadana, como si fuera algo de lo que tuvieramos que estar orgullosos.

¿Cuantas personas votaron en realidad?

En esta jornada electoral votaron 39 millones 872 mil 246 mexicanos, es decir menos de la mitad del padrón electoral acudió a las urnas, a pesar de los millones de pesos del herario público invertidos en alentar el voto en México, menos de la mitad del padrón electoral fue a votar, lo cual es esquivalente a menos de una tercera parte del total de mexicanos. Apenas 5 millones más que en 2009 y 11 millones menos que en 2012.

Ese 47.7% también es engañoso, pues todavía hay que restarle el 4.7% de personas que anularon su voto; y aunque es difícil determinar cuantos de ellos lo hicieron de manera intencional, en redes sociales circularon cientos de votos anulados con expresiones que denotan molestia con el sistema político-electoral.

Además, también hay que reconocer que la operación política sigue siendo la forma de ganar elecciones en México, casi todos los partidos ejercen la presión, el soborno o el chantaje para empujar a la gente a las urnas, una cantidad de votantes importante que si se borrraran, haría todavía más débil la cantidad de personas que en verdad acude a votar por convicción.

El PRI y el PVEM, coalición que en apariencia estarían logrando la mayoría absoluta en el congreso, habrían sumado 14 millones 396 mil 694 votos, es decir, esta cifra es solo 1/14 parte del total de habitantes, es decir 1/14 parte de los mexicanos, determinó quien va a ejercer el monopolio en la cámara baja.

Este tipo de absolutismo ya es impensado en democracias más avanzadas como la brasileña, donde por ley ningun partido puede tener más de 70 escaños, en un congreso multicultural de más de 500 diputados.

El INE tiene muy poco que presumir si seguimos comparando el sistema electoral en México con el de otros países, ya no digamos tan avanzados como Europa, sino de la misma región de Latinoamérica.

Siguiendo con el ejemplo de Brasil, es envidiable el 80% de participación ciudadana que se ha alcanzado en los comicios para diputados en las últimas décadas, y aunque por ley coinciden con las elecciones presidenciales, el nivel de votación sigue siendo mucho más alto que las presidenciales de México.

Aunque de forma más equivalente podemos comparar al INE mexicano con Argentina, donde sí se realizan también elecciones legislativas ‘intermedias’, las más recientes en 2013, cuando acudieron a las urnas el 79.24% del padrón electoral, a pesar de que sólo era para renovar la mitad de los diputados y un tercio del senado. Las anteriores ‘intermedias’ donde se eligió la misma cantidad de legisladores, fue en 2009, con un 74% de participación ciudadana. En este tipo de democracias es notorio el avance, si consideramos también las intermedias de 2005, con un 70.9% de participación, cifras que aún en la actualidad, son impensadas en la democracia mexicana.

Venezuela, otro país latinoamericano con elecciones parlamentarias intermedias, aquí desde 2010 se lograron revertir los altos níveles de abstencionismo, alcanzando una participación del 66.45%, superior incluso que las presidenciales de México, que en su máximo nivel alcanzaron el 63% de votantes.

En el caso de Chile está pasando a la inversa que en Venezuela, pues era un país que históricamente tenía los niveles más altos de participación ciudadana tanto en las elecciones presidenciales como en las parlamentarias, manteniendo niveles por arriba del 90% de participación ciudadana en los 90’s, y por arriba del 87% después del año 2000; esta cifra únicamente se desplomó en las últimas parlamentarias de 2013, donde se alcanzó sólo el 49.3% de participación, lo que se consideró una catástrofe del sistema electoral chileno; no obstante, la peor participación de la historia de Chile, sigue siendo mejor que la conseguida por el INE en México en el presente año.

 

INequidad

A la escasa participación ciudadana, se suma también las múltiples críticas que sufrió tanto el INE como el TEPJF, quienes permitieron al PVEM hacer una cantidad récord de atropellos al reglamento electoral, antes de las campañas, durante las campañas y en época de veda electoral, e incluso durante la jornada electoral.

Persistentes y constantes violaciones, con sanciones irrisorias y hasta ridículas; en esta elección se está asentando un grave precedente de impunidad, donde la ley electoral ha sido tratada como papel de baño, con la total complaciencia de los órganos electorales, quienes han permitido el total abuso del reglamento, bajo dos escenarios probables, la total incapacidad de los órganos electorales por hacer valer la ley, o bien por una complicidad secreta que de ser comprobada, debería castigarse con todo el peso de la ley; no obstante en México ya sabemos como funcionan las cosas, por lo que no es de extrañar que la mayoría no se tome la molestia ni de ir a votar.

 

Dirigencia racista

De igual forma quedó en entredicho la honorabilidad y parcialidad de los órganos electorales, con un presidente que quedó en evidencia, burlándose grotescamente de los indígenas de México; como es posible que el principal velador de la democracia en México, tenga una mentalidad tan retrogada, haya sido puesto en evidencia, y todavía tenga el cinismo de seguir al mando como si nada hubiera pasado, desoyendo las peticiones provenientes de muchos sectores de la sociedad, que exigían de forma justificada su dimisión. Empañando con su mala imagen, la deteriorada imagen de un instituto que no ha podido consolidarse; cabría recordar los problemas que ha tenido de legitimidad el INE desde la elección misma de los consejeros, lo cual provocó el rechazo de varios partidos políticos.

 

Sistema deficiente

Otra vegüenza más, ocurrió cuando el contador actas computadas superaba el 100%, poniendo en evidencia que el instituto electoral, no fue capaz ni de diseñar un sistema y página web lo suficientemente eficientes para contar las actas adecuadamente, el sistema informático que costó millones y que presuntamente fue revisado por expertos, resulta que no podría ni siquiera contar las actas adecuadamente, una de las funciones más básicas y elementales de una elección; que clase de credibilidad puede tener una autoridad tan deficiente.

 

Democracia en juego

Aunque lo más cuestionable sigue siendo la fiabilidad de los resultados electorales, pues a lo largo del país existen múltiples acusaciones de fraude, de coacción del voto, mientras en redes sociales circularon múltiples evidencias de trampas electorales, las cuales siguen causando conflicto en diversas comunidades del país, ante la desconfianza de unos resultados que cambian facilmente; cabe recordar el ejemplo del PT que con el PREP tenía el registro y en el conteo distrital lo pierde; o el Estado de México, donde en varios municipios cambiaron los ganadores que daba el PREP, saliendo curiosamente beneficiado casi siempre el PRI; mismo caso de la elección estatal de Colima; lo cual tendrá que analizarse con gran profundidad y profesionalismo, tanto de parte de los órganos electorales, los partidos políticos, y la ciudadanía, quien tiene el derecho de exigir hacer valer la democracia.

Ante todos estos traspies, aunados al más grande movimiento de boicot electoral que había sufrido el país en toda su historia, el máximo órgano electoral queda en mala posición política, con una imagen deteriorada, como fiel representación del sentimiento que inspira en los mexicanos la política, cada vez más difícil de legitimar.

 

Primera Parte

Raúl Flores Durán. Huellas.mx

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Written By Huellas de México

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