abril 24, 2015 By Redacción Huellas

Negocios y política se bañan juntos en los pantanos de la corrupción

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Ciudad de México a 24 de abril.- Los senadores del Partido Acción Nacional (PAN) presentaron un punto de acuerdo por el que solicita que la Cámara Alta pida al Ejecutivo la renuncia del secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, por incumplir con su tarea de investigar el presunto conflicto de intereses entre servidores públicos, la primera dama Angélica Rivera de Peña y la empresa Grupo HIGA. Luego de que, el presidente Enrique Peña Nieto anunció una investigación sobre las operaciones inmobiliarias de su esposa y el titular Hacienda Luis Videgaray, con Grupo Higa, para que fuera la SFP investigara y determinara en su caso si hubo conflicto de interés en la compra de bienes inmuebles como “La Casa Blanca”.

Por otro lado, Jeffrey Davidow, ex Embajador de Estados Unidos en México, y el ex Presidente del gobieno español José María Aznar encabezaron el anuncio de la fusión entre la consultoría multinacional DLA Piper, de la que son socios consejeros, con el despacho mexicano también especializado en negocios Gallástegui y Lozano, una firma de abogados que en 1985 fundaron Eduardo Gallástegui Armella y Gerardo Lozano Alarcón, hermano del hoy Senador panista Javier Lozano Alarcón; al respecto, se presume que el hermano del Senador Lozano, Aznar y Davidow van por negocios en Telecom y Pemex, público Sinembargo.

Cabe recordar que en 2010, Gerardo Lozano fue señalado por el supuesto uso de información confidencial del Gobierno mexicano para que la empresa Intermix, de la que era socio, le ganara a Petróleos Mexicanos la marca “Pemex” para comercializar cualquier tipo de producto en Estados Unidos; además, se le denunció por beneficiarse del 2000 al 2004 con contratos con Petróleos Mexicanos, mismos que se reactivaron en 2007 y 2008 cuando su hermano, Javier Lozano, era el titular de la Secretaría del Trabajo en el Gobierno del Presidente Felipe Calderón Hinojosa.

En este contexto, Jorge Zepeda Patterson considera que “El poder y la posibilidad de transgredir están íntimamente vinculados. Es fascinante saber que los destinos de otros dependen de la propia voluntad, pero es mucho más adictiva la sensación de estar por encima de las restricciones que afectan al resto de los mortales”; “Cualquiera que sea suficientemente rico puede rentar o incluso poseer un helicóptero para desplazarse por la ciudad sin necesidad de amargarse la existencia en un embotellamiento interminable. Pero sólo los políticos pueden darse la satisfacción de utilizar con fines personales o familiares una aeronave que pertenece al patrimonio público.”; en ese sentido, Paterson añade: “El poder es una droga que sólo tiene efectos cuando es ejercido, y pocas maneras más potentes de ejercerlo que utilizarlo para realizar todo aquello que a los demás les está prohibido.”

A su vez, el columnista de El Financiero, Raymundo Riva Palacio indicó que: “La nueva ley, con todas sus virtudes, es una respuesta a la irritación ciudadana, pero no como el principio para un cambio ideológico –entendido como el compromiso con una idea– para enfrentar ese cáncer, sino con una motivación política y reduccionista que no sustenta el entusiasmo de la clase política”; “México tiene una sociedad política tolerante con servidores públicos ladrones, ligados al crimen organizado y cínicos consumados, a quienes defienden con un espíritu de cuerpo que los hace igualmente corruptos”; por lo que, “la gangrena de la corrupción cuesta 1.5 billones de pesos al país, equivalente a 10 por ciento del Producto Interno Bruto”; en ese sentido, el último informe de Transparencia Internacional colocaba a México en el lugar 106 de los 177 países más corruptos, a 87 lugares de Uruguay, el mejor clasificado en América Latina, añadió el comunicador.

En opinión del periodista Salvador Camarena: “Se equivocan quienes creen, o quienes dicen, que el tema de estas campañas es la corrupción. El asunto central de estos comicios es el hartazgo. La esencia de este proceso electoral radica en la certidumbre de que la función ha comenzado pero que pase lo que pase, el final de esta comedia que algunos quieren presentar como drama es uno sólo: sea “mayor” o sea “menor”, el nuevo reparto del poder entre los partidos en nada cambiará nuestra realidad, caracterizada por la impunidad de los poderosos. El entrecomillado de las palabras mayor y menor obedece a que nada hay en el panorama, nada en los protagonistas, que haga prever que eventuales variaciones realmente implicarán una modificación sustancial del statu quo.”, sentenció Camarena.

 

 

Redacción. Huellas de México


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