enero 22, 2014 By Max Vite

Privatizar la investigación

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José García Sánchez

 

La reforma educativa comienza a mostrar sus frutos, tal y como habían anunciado sus impulsores.

Ahora la educación privada será subsidiada con el dinero de los contribuyentes, en una acción que atenta contra la sobrevivencia de las universidades públicas, carentes de presupuesto y que deben reducir progresivamente su matrícula.

La reforma educativa tiene beneficiarios, sin duda, y esas son las universidades privadas, alma mater de los actuales funcionarios priistas.

Así, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología firmó un convenio de colaboración para incorporar al Sistema Nacional de Investigadores a los científicos y tecnólogos que laboran en las instituciones particulares de educación superior del país.

Si las universidades privadas que a ojos vistas son un negocio, no pueden canalizar recursos a la investigación, no pueden los contribuyentes apoyar este tipo de actividades sin su consentimiento, mientras no estén matriculados todos los estudiantes que demandan educación media y superior.

Este en realidad es un atentado contra el futuro del país, además de profundizar las diferencias sociales y desviar recursos públicos a instituciones privadas.

Como si hubiera sido poco el regalo a la iniciativa privada las consecuencias de la reforma energética, ahora la educación superior estará beneficiada en las instituciones privadas, cuando en realidad hay proyectos productivos y de gran envergadura en las instituciones públicas que se han detenido o abandonado por falta de presupuesto.

Enrique Cabrero, director del Conacyt, señaló cínicamente que “esto significa que el consejo aportará, a través del SNI, el cien por ciento del monto del estímulo económico a los investigadores miembros de este sistema que laboran en instituciones particulares de educación superior, con el objetivo de que contribuyan al desarrollo integral de la investigación científica y tecnológica en México”.

La institución federal hizo el anuncio en un comunicado en el que señala que al acto acudieron 40 rectores de instituciones particulares, quienes, se afirmó, adquieren el compromiso de canalizar el equivalente de los recursos que el SNI destinará al “incentivo de sus investigadores, al desarrollo de la investigación en sus instalaciones, así como al fomento de posgrados de excelencia”.

Las finanzas de las universidades privadas no son muy sanas, las universidades patito, prácticamente todas las particulares, tienen graves problemas en la calidad de la enseñanza. Recientemente, por ejemplo, fueron contratados por el Poli maestros del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, con el único objetivo de bajar el nivel educativo, para lo cual los catedráticos del Tec no hacen ningún esfuerzo.

Este atentado contra la educación popular y gratuita viene a mostrar el camino de la actual administración, no sólo en materia educativa sino en toda la riqueza del país. La decisión del Conacyt, con anuencia del Ejecutivo, es un verdadero crimen.

Históricamente las instituciones particulares no habían sido incluidas en el pago de este estímulo económico, por lo que representantes de estos organismos plantearon ante el Conacyt la necesidad de contar con el apoyo para los investigadores que laboran en ellas y que están adscritos al SNI.

En 2008 el Conacyt aceptó contribuir con el pago del 30% del estímulo que se otorga a los investigadores miembros del SNI en las instituciones particulares, lo que permitió que la educación superior tuviera un mayor número de investigadores nacionales.

Este estímulo ya representaba un exceso tomando en cuenta las carencias de la educación superior pública, pero ahora el presupuesto, es decir el esfuerzo de los mexicanos, se destinará a hacer de cada investigación un subsidio a la empresa privada, tal y como es la costumbre de la educación privada que siempre pugnó por hacer trajes académicos a la medida de las empresas y de ahí el gran deterioro de la enseñanza universitaria que redujo su visión y alcance, gracias a esas propuestas que produjo egresados desechables y que ahora están en el desempleo por estudiar carreras que sólo les servían a una empresa y que ahora no los necesita.

La educación en México, al igual que la investigación, se privatiza. Ya nadie puede decir lo contrario.


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