noviembre 12, 2013 By Redacción Huellas

«El efecto Tebartz-van Elst» en Alemania.

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El escándalo provocado por el obispo alemán Franz-Peter Tebartz-van Elst, acusado de despilfarro y falsas declaraciones y retirado temporalmente de su cargo por el papa Francisco, ha desatado una oleada de deserciones de creyentes de la iglesia católica alemana.

Las cifras oficiales indican que el “efecto Tebartz-van Elst” duplicó el promedio de bajas de católicos tanto sólo del mes de septiembre a octubre.

No sólo eso. Tal como ocurriera hace tres años, cuando quedó al descubierto el escándalo de abusos sexuales cometidos por sacerdotes alemanes, lo sucedido con el obispo de Limburgo reaviva también el debate en torno a una reforma y democratización de la iglesia católica alemana, una de las más ricas y también una de las poderosas.

“Estamos en un momento en el que la iglesia alemana tiene que replantearse muchas cosas. Si realmente se quiere ser una Iglesia para los pobres, como lo viene predicando el Papa, acá se tendrán que modificar muchas cosas”, dice en entrevista con Apro Elfriede Harth, integrante de la agrupación católica reformista alemana Somos Iglesia.

El reto es grande si se toma en cuenta que en Alemania, la Iglesia católica —a pesar de que sólo 31 por ciento de la población total profesa esta religión— tiene una influencia muy fuerte frente a la Estado y goza de jugosas concesiones otorgadas por éste mismo que la dotan de poder.

Codicia y soberbia

Los titulares de todo el mundo reportaron el pasado 23 de octubre sobre el obispo de Limburgo Franz Peter Tebartz-van Elst y la decisión del papa Francisco de apartarlo temporalmente de su sede episcopal por los excesivos y ostentosos gastos que realizó para la construcción del Centro diocesano de San Nicolás y de su nueva residencia oficial. De un presupuesto original de 5 millones de euros, la construcción requirió al final 31 millones de euros, algo así como 527 millones de pesos.

Pero la historia de los excesos y exabruptos del polémico obispo comenzó años atrás.

Fue en enero de 2008 cuando Tebartz-van Elst se convirtió en obispo de Limburgo. En ese primer año de su obispado, el clérigo decidió relevar de su puesto al párroco Peter Kollas, quien poco antes había otorgado la bendición a una pareja homosexual.
Ya desde el año 2010 los medios locales daban cuenta de las voces críticas que señalaban al obispo de tener un carácter autoritario y de despilfarro de dinero.

Esto último fue documentado por el semanario alemán Der Spiegel, que en 2012 publicó un texto en el que señalaba que para un viaje de sólo tres días a la India, Tebartz-van Elst había gastado una suma importante al viajar junto con su vicario en primera clase a ese país. Él lo negó y como la revista lo acusó de mentir, entonces prestó declaración bajo juramento. Más tarde, él mismo reconoció que viajó en business class, por lo que la fiscalía alemana inició una indagatoria por la sospecha del delito de falsedad en una declaración jurada.

La mala racha del obispo no terminó ahí. Al día siguiente de inaugurar ante más de 200 invitados la nueva sede del Centro Diocesano de San Nicolás, el pasado 5 de septiembre, Tebartz-van Elst recibió lo que la prensa local denominó el Llamado crítico de Frankfurt, una carta firmada por más de cuatro mil 500 católicos en la que se pedía a la diócesis tomar otro camino y al obispo ser un representante fidedigno y creíble. Hasta entonces sólo se sabía que las obras de construcción de la nueva sede y residencia particular se habían duplicado, de 5 a 10 millones de euros.

El escándalo fue mayúsculo cuando el Consejo de Administración de la diócesis confirmó días después que en realidad el costo de las obras había sido de 31 millones de euros. Tras semanas de turbulencia, en las que el papa Francisco intervino, hoy el obispo se encuentra recluido en retiro espiritual en un convento benedictino en la región de Bavaría, en espera de los resultados de la comisión especial creada por la Conferencia Episcopal alemana para investigar el caso.

Por: Proceso


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