La historia de las armas químicas

BBC Mundo

Las armas químicas tuvieron su debut en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) con consecuencias tan devastadoras que la comunidad internacional resolvió prohibirlas. En 1997 entró en vigor una convención para su eliminación, la cual fue ratificada por las potencias mundiales y otros países.

Los alemanes usaron el gas lacrimógeno en 1914, pero el cloro fue lanzado por primera vez en Ypres, el 16 de abril de 1915. Su efecto fue considerable porque era un arma nueva.

Fue seguido pronto por el gas mostaza, un abrasivo cuyo efecto era quemar los pulmones, ojos y piel expuesta causando ampollas masivas. Esta sustancia hirió gravemente a muchos soldados. El objetivo inicial era generar incapacidad de los soldados, de esa manera muchos de los recursos de la guerra tenían que desviarse al cuidado de los heridos.

El uso de estas armas no fue exclusivo de los alemanes. Británicos y franceses también desarrollaron y lanzaron sus gases químicos en las trincheras. Alrededor de 100.000 personas murieron y más de un millón fueron afectadas por ataques químicos.

El Protocolo de Ginebra decretó ilegal este armamento en 1925, pero eso no detuvo a las principales potencias. España e Italia lo utilizaron en sus campañas en el norte de África. Los españoles lo hicieron en Marruecos entre 1923 y 1926, y los italianos en Etiopía entre 1935 y 1940.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Alemania Nazi desarrolló agentes nerviosos. Al comienzo, se concentraron en organofostatos y pesticidas. Los nazis no usaron el gas en el campo de batalla, pero sí en los campos de exterminio. Produjeron agentes nerviosos como tabún, somán y sarín, que eran increíblemente efectivos para matar gente.

La entonces Unión Soviética también utilizó gas mostaza durante la Segunda Guerra Mundial en China, país que también fue “rociado” con químicos por las tropas japonesas.

Pero el producto más devastador de ese conflicto fue el Napalm, un compuesto de gasolina, benzol y poliestireno utilizado en bombas incendiarias, cuyos efectos han perdurado muchos años después de la guerra.

En los años 90, se estableció la Convención de Armas Químicas que prohibía su fabricación, almacenamiento o desarrollo y que fue ratificada por casi todos los miembros de la ONU, incluyendo EE.UU. y Rusia. Entró en vigor en 1997.

Su uso se ha comprobado en varios conflictos internacionales y desde el inicio de la guerra civil en Siria, en 2011, se utilizan frecuentemente.

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