enero 16, 2014 By Huellas de México

No soy un improvisado, Leonel Luna

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Entrevista exclusiva de Leonel Luna
ENRIQUE SÁNCHEZ MÁRQUEZ
Leonel Luna Estrada es un político de nueva generación que bien pudiera tener carácter de imposible. Su grado de responsabilidad lo lleva hasta el punto de tocar los linderos del trastorno compulsivo. Es un apasionado de su trabajo, insatisfecho por naturaleza al tratar de generar más. Y de su gestión al frente de la delegación Álvaro Obregón él se define con un contundente. “No soy un improvisado”.
Sin preámbulos asienta: Soy un político que sabe dar buenos resultados.
Como titular de una de las demarcaciones más complejas, llena de retos, rezagos y compromisos aplazados, Luna Estrada está convencido que trabajar junto con la ciudadanía es el mejor secreto para cumplir las demandas de sus habitantes.
En charla amena e intensa, el funcionario perredista afirma que “el eje central de un gobierno que pretende ser exitoso es la participación ciudadana. No se puede llegar a las metas previstas si no contempla la participación de los vecinos”. Esta ha sido una mística en mi vida.
Luna, inseparable de su cel para enviar, recibir y enterarse de lo que ocurre a su derredor, se muestra atento a la participación de su interlocutor y sin decirlo se va describiendo como un guerrero moderno que sabe cómo avanzar, esquivar golpes y plantear estrategias en medio de la batalla diaria.
Seguro de sí y de sus acciones, hasta se da el lujo de aprovechar la fuerza y el coraje de sus enemigos para convertir sus acciones en una fuerza a su favor. Es como en el judo, complementa. ¿Como en el arte de la guerra?, le agrega su interlocutor.
Profesión de excelencia
A lo largo de la entrevista con Huellas de México, el responsable de la vida cotidiana en Álvaro Obregón se define sin tapabocas.
– Soy un profesional de la política, soy servidor público de carrera. Nací en una familia de políticos y no me considero un improvisado, tengo más de 27 años en la administración pública, he trabajado en gobiernos locales y federales. He aprendido mucho, sobre todo como servir a los demás con los pocos recursos con los que se cuenta.
“Mi trabajo como delegado, añade, lo entiendo como otra profesión que busca la excelencia. Lo traigo como vocación donde hay satisfacciones y también muchos sinsabores”.
¿Hasta dónde quiere llegar?
Iré hasta donde la vida me lo permita, en este contexto surge la pregunta del entrevistador: ¿Hasta dónde quiere usted llegar?
La pregunta le toma unos instantes de reflexión y responde. Hasta donde la vida me lo permita.
Explica: Creo que los objetivos pueden trazarse en vertical o en horizontal; ambas son satisfactorios.
“Me parece que el objetivo es estar contento consigo mismo, satisfecho con lo que se ha hecho y buscar alternativas que permitan continuar con la profesión”.
Abre otra pausa y cierra el comentario diciendo. En política no hay nada escrito.
Luego ríe abiertamente cuando se le pregunta si en el desempeño de su responsabilidad vive feliz, contento, traumado o desesperado ante el cúmulo de tareas que están frente a él.
– Me siento contento, hago lo que me gusta, ese es el principio básico de cualquier encomienda, empleo o profesión. Ésta, agrega, sin duda es una profesión de riesgos en donde las condiciones pueden cambiar de manera imprevista.
Y explica:
Una decisión puede provocar daños irreversibles. Ser delegado es una profesión de muchas satisfacciones, porque se construye diariamente y sobre todo porque la vinculación y la comunicación con los vecinos genera una serie de enseñanzas y compromisos muy particulares.
¿Todo este cúmulo de carga anímica aumenta por el grado de responsabilidad que uno le da, ya que finalmente uno es el que decide cuánta carga le pone a cada tarea?, se le pregunta.
La respuesta le atrae y responde con interés:
-Esa es la parte más importante, por eso se convierte en una pasión. Uno define los objetivos o los alcances, uno determina el nivel de satisfacción en términos de éxitos; nos convertimos en entes insatisfechos buscando generar más. Y también como en cualquier profesión se puede ser irresponsable o responsable, depende de la vocación misma.
“Yo -dice sin altanería- estoy en el primer plano. El de la exigencia consigo mismo”.
En un plano más relajado suelta el comentario.  Esto parece fácil pero de nuestras decisiones depende el beneficio o el daño para muchas personas y eso no lo podemos dejar a la deriva.
Así da paso para hablar de las vivencias y del rol que le toca desempeñar en un ámbito donde los retos y las necesidades crecen y se multiplican a diario.
Gestión de equilibrio
Durante una larga entrevista en el Salón de los Delegados, ahí frente a los murales del patio central y su fuente de añoranza, Luna Estrada habla con amplitud de la delegación que gobierna.
“Esta es una delegación de contrastes, compleja, de múltiples realidades, de muchos problemas, donde se requiere generar un gobierno de equilibrio que atienda necesidades de todos los sectores sociales, donde se deben tener líneas muy claras para atenderlas sin indecisiones, sin indefiniciones.

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