El Experimento para ir a Marte: 520 días en una cápsula

junio 20, 2015 By Huellas de México

El Experimento para ir a Marte: 520 días en una cápsula

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Por Daniel Oberhaus

Resulta que no es necesario viajar hacia la oscuridad sin fin de la antártica para hacer un estudio sobre la soledad en el espacio. De hecho el estudio más grande que se ha hecho sobre aislamiento ocurrió en medio de la octava ciudad más grande del mundo. Por 520 días, seis personas de Rusia, Italia y China fueron encerradas dentro de un módulo en Moscú para probar los efectos del aislamiento en una dinámica de pequeños grupos y sicología individual.

Los candidatos fueron seleccionados en Rusia, China y Europa. Depués de rigurosas evaluaciones sicológicas y medicas, el grupo quedó reducido a 11 personas que pasaron los siguientes seis meses entrenando para los próximos 520 días, donde aprendieron una docena de experimentos que iban a realizar en el interior, practicando actividades en grupo y finalmente sometiéndose al riguroso entrenamiento de supervivencia que todos los astronautas deben hacer para prepararse frente a la posibilidad que sus módulos aterricen en un lugar remoto una vez que vuelvan a la Tierra.

De estos 11 finalistas, 6 fueron seleccionados basados en distintos criterios, pero la habilidad para funcionar dentro de pequeños grupos fue quizás la cualidad más importante que se buscaba en estas personas.

Diego Urbina, un ingeniero italiano, fue uno de estos finalistas, y el 3 de junio de 2010 fue encerrado en el modulo ruso junto con otros 5 miembros de la tripulación. Iban a tener poco contacto con el mundo exterior, con la excepción de colocar muestras de orina y sangre a través de una escotilla en la puerta principal. Durante el primer y último mes de la simulación, la tripulación pudo contactarse con el control de la misión y pudieron enviar mensajes en video, que demoraban más en llegar a medida que la tripulación se «acercaba» a Marte.

Ademas de esto no había internet, no había llamadas por teléfono y dos veces al día podían subir un archivo que se les enviaba a las familias de los participantes.

La cápsula. Imagen vía ESA/S. Corvaja.

Los días en el modulo estaban llenos de actividades. La tripulación se levantaba a las 8 de la mañana y comenzaban sus días haciendo diagnósticos, tomando su presión sanguínea y ocupándose de la limpieza. Durante las siguientes ocho horas, la tripulación se entretenía experimentando, por ejemplo, simulaban actividades en la superficie de Marte (de hecho en el modulo había una pieza completa dedicada a este propósito, incluso con piso de tierra color rojo). Luego de comer estaban desocupados, por lo que tenían que encontrar algo que hacer.

«Hubo periodos que fueron menos atareados y otros que fueron muy difíciles», me dijo Urbina. «Realmente no me aburrí porque siempre había algo que hacer; nos esforzamos por mantener nuestras cabezas ocupadas en algo».

La tripulación sobrevivió el año y medio en que estuvieron dentro del módulo jugando videojuegos, leyendo libros y viendo películas. Eran particularmente aficionados aCounter Strike.

«Era nuestro juego favorito», recuerda, «es divertido. Intenté mostrarles otros videojuegos, pero ninguno les gustó. Es emocionante porque es una actividad en conjunto; son los rusos contra el resto del mundo».

Urbina pasó mucho tiempo leyendo: logró terminar 27 libros durante el proyecto Mars500. Urbina se dio la tarea de leer todos los libros de Gabriel García Márquez durante su estadía, un objetivo que no pudo cumplir pero que encuentra fundamental para haber terminado la misión con éxito.

«El mejor consejo que le puedo dar a alguien que pase mucho tiempo en un vuelo espacial, es buscar objetivos a pequeño y mediano plazo» dice, «mantener tu cabeza ocupada en este tipo de objetivos te dará una sensación de éxito. Eso es lo que encontré más valioso».

«Extrañé el mundo en general. Ver las cosas en movimiento, ver los automóviles, los perros, el sol».

La experiencia de Urbina fue, por lo general, positiva. A diferencia de algunos de sus camaradas, él no tuvo problemas para dormir e incluso pudo pasarla bien durante su estadía. De todas formas hubo aspectos del experimento con los que tuvo problemas.

«Extrañé el mundo en general. Ver las cosas en movimiento, ver los automóviles, los perros, el sol. Mis colegas eran asombrosos y no podría haber elegido mejores personas para estar encerrado, pero comienzas a extrañar conocer nuevas personas en las noches, la variedad social», dijo, «para mí esa fue la parte más difícil».

La tripulación salió del módulo el 4 de Noviembre del 2011, con los ojos muy abiertos y sonrisas en sus caras. Se veían un poco pasmados a medida que los miembros de la prensa los bombardeaban con preguntas y flashes. Como me contó Diego, la tripulación logró aprender mucho durante su tiempo en Marte y no sólo sobre la sutileza de Counter Strike, sino también sobre el estrés inherente a un viaje de larga duración hacia el planeta rojo.

Como dice en el sitio web de Mars500, habían 10 propósitos científicos primarios a la hora de conducir este experimento, los que iban desde probar la eficacia de los sistemas de soporte vital abordo de una nave espacial dirigida a Marte, hasta los métodos para monitorear la salud y la capacidad de trabajo de los astronautas a bordo, basados en varias pruebas y diagnósticos. Pese a que la tripulación ciertamente mostró anomalías psicológicas durante la misión (como el insomnio), otros elementos del experimento fueron más prometedores, como el experimento con la «máquina de ensaladas», la que entregó información crucial para crecer vegetales en condiciones tan poco favorables.

Quizás uno de los aspectos más exitosos de la simulación fueron los experimentos dietéticos auspiciados por la universidad Erlangen. Producir resultados exactos en experimentos que involucran manipular la dieta de los sujetos es generalmente muy difícil, porque requiere semanas de monitoreo de los hábitos alimenticios y largos seguimientos y pruebas, lo que significa que los datos provenientes de estos experimentos casi siempre son poco fiables. Aquí fue cuando los participantes de Mars500 pudieron ofrecer una solución: la incapacidad de poder salir del módulo significó que eran un grupo perfecto para monitorear los efectos de una manipulación en la dieta.

«Fue difícil porque teníamos que comer exactamente lo que ellos nos daban, nada más ni nada menos. Creo que el experimento de Erlangen fue el experimento más difícil de todos», dice Urbina. «Cuando ‘llegamos’ a Marte, estuvimos comiendo la misma comida enlatada que comen en la Estación Espacial Internacional. En el camino de vuelta comimos más que nada comida deshidratada, a la que hay que agregarle agua caliente primero».

Durante el primer año de la misión, la dieta de la tripulación fue regulada completamente para que el equipo de Erlangen pudiera ver el efecto que se produce al reducir drásticamente la ingesta de sal. Los investigadores encontraron que el balance de sal en el cuerpo es aun más complicado de lo que ellos habían asumido, una relación que planteó ideas interesantes sobre los efectos de la sal en la presión sanguínea y el metabolismo humano.

Si bien muchos pensarían que más de 500 días de aislamiento del resto de la sociedad podrían ser mucho tiempo, Ubirna dice que no tendría problemas a la hora de viajar en una verdadera misión a Marte. Si bien no está interesando en una misión sin retorno, Urbina dice no tener problemas con un viaje de ida y vuelta, ya que siempre está la esperanza de volver.

«Salir del módulo después de 520 días fue una de las experiencias más extrañas de mi vida. Me llevó tiempo acostumbrarme, quizás meses. Es como llegar a un nuevo mundo», dice. «Definitivamente iría a Marte, sin dudas. Pero tener la esperanza de volver es algo en lo que pensamos todos los días».

Fuente. vice.es


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