PRI, volver al pasado

Postigo

José García Sánchez

El PRI está entrampado en dos vertientes a la hora de dar la cara al electorado. Se ha dado cuenta que la generación de jóvenes y bellos en la función pública no les funcionó, no sólo mostraron su improvisación, sino aceleraron el deterioro de su imagen.

El PRI al regresar al poder necesitaba mostrar caras nuevas, que en realidad no lo eran porque ese partido siempre ha sido previsible y no cuenta con una estructura de formación de cuadros, entonces se sacó de la manga jóvenes  educados en el extranjero, con buena imagen a cuadro en televisión y los lanzó hasta como presidentes de la República, y se dio cuenta que no puede repetir la historia sin la intervención de la experiencia de los priistas de viejo cuño.

El problema al rescatar a los viejos priistas es que la cola que tienen es muy larga. Es decir, los jóvenes y bellos del PRI, en cuyo grupo se encuentra el candidato Meade, deben ser asesorados por priistas viejos, que fueron quienes, a pesar de todo, le dieron solidez al partido.

Ahí está el caso de Galindo Quiñones, ahora el inefable Rubén Moreira, hermano de Humberto, ambos exgobernadores de Coahuila, y cuyo negro historial fiscal y financiero debe conocer muy bien el dos veces exsecretario de Hacienda ahora candidato tricolor.

Es decir, la cantaleta de que otros partidos representan el pasado deberá detenerse, por lo menos en boca del líder nacional del tricolor, que habla mucho y a cualquier persona que habla inglés le llama ser muy preparado. Así, el PRI está encajonado entre seguir con los  tecnócratas que demostraron su incapacidad desde el sexenio de Miguel de la Madrid y luego tomaron vuelo durante 12 años de gobierno panista, sólo para demostrar que cada vez están peor.

Porque el país, se diga lo que se diga desde las instancias oficiales, nunca ha estado peor, así como la imagen de un presidente a finales del sexenio, cuya popularidad está prácticamente al ras de suelo.

Por su parte, otro recién incorporado al CEN priista es Felipe Enríquez Hernández, quien fuera funcionario público en Nuevo León durante los dos sexenios panistas en la entidad, ahora se incorpora a la cúpula del PRI para darle la solidez que no ha sabido imprimirle Enrique Ochoa Reza.

Es decir, la experiencia se requiere con urgencia y los jóvenes priistas no se han dado cuenta que por lo menos debe darles vergüenza su actuación. Es el caso de Aurelio Nuño que tanto ponderó una reforma educativa que puede desmoronarse con la caída del líder del SNTE, Juan Díaz de la Torre, quien apoyó dicha disposición sin condiciones ni reparos de ningún tipo.

Todo por no saber de leyes, por desconocer la historia de la educación en México, por ser un improvisado que sólo está en el poder por amistad y no por capacidad.

El PRI no puede regresar a sus orígenes sin morderse la cola. Sabe que requiere de los viejos militantes, pero también intenta demostrar que es una alternativa electoral renovada. Una alternativa que se mueve aunque sea hacia el pasado. Y se queda en el intento y se estanca y en estos momentos políticos cualquier estancamiento es un retroceso.

Los nombramientos recientes en el PRI descalifica a la actual presidencia del CEN y su cúpula, al mismo tiempo muestra que las cartas que tienen están más cercanas a la corrupción que al bienestar social o partidista.