marzo 7, 2015 By Ulises Navarrete

Violencia e inequidad, dos regalos para las mujeres

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Francia Sánchez Patiño
Llegó la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y el compromiso para impulsar una cultura ciudadana de igualdad de género en todas las actividades se mantiene dentro de un proceso inacabado.
La promoción de la igualdad de género y los derechos humanos avanza lentamente.
Analistas, promotores de estas metas de igualdad y estudiosos del área reconocen que “nos falta mucho por hacer pero estamos en la ruta correcta, por lo que hay que redoblar esfuerzos para alcanzar una sociedad más justa donde todas y todos podamos ejercer plenamente la ansiada autonomía”.
Cierto es que hay avances.
Durante los últimos 20 años las cuotas de género han sido el más importante instrumento logrado desde la arena electoral para lograr la representación de mujeres en los congresos y los órganos de toma de decisiones.
Las cuotas de género han impulsado liderazgos femeninos, que desde antes ahí estaban pero ahora se han visibilizado.
Los números así lo demuestran.
Javier Aparicio Castillo, profesor-investigador del CIDE, recordó la evolución porcentual de las cuotas de género en la legislación electoral mexicana, que pasó de 20 por ciento en 2009, a 40 por ciento para 2012 y avanzó hacia un esquema paritario de 50 por ciento en 2015.
Con cifras, demostró que a las mujeres -en las pasadas contiendas federales, hasta en 70 por ciento se les propuso en distritos perdedores para los propios partidos que las postularon, por lo que hubo un sesgo en su denominación.
Pronosticó que en 2015, dos tercios de las ciudadanas que sean registradas como candidatas, lo serán en un distrito perdedor; por lo que, personalmente esperaría una representación femenina entre 82 y 110 diputadas de mayoría relativa para la próxima legislatura.
Georgina López Hernández, investigadora de El Colegio de México, resaltó que a pesar del creciente pluralismo político en México y los avances a las reglas para la selección de candidaturas, todavía no tenemos una pluralidad de género en lo local, debido a la existencia de factores que condicionan la presencia de las mujeres.
“Esta desigualdad se manifiesta, en la práctica, en los bloqueos y obstáculos a los liderazgos femeninos, el predominio de los hombres en las estructuras de las organizaciones políticas, estatales y nacionales, y en el arraigo de una cultura tradicional que considera que los espacios de poder a nivel local son masculinos, segregando y discriminando a las mujeres”, enfatizó.
La periodista Sara Lovera López destacó que “las mexicanas hemos actuado en las transformaciones del país, hemos sido protagonistas y realizado propuestas”, por lo que hoy no debe sorprender que se haya logrado la paridad.
Para Lovera, la ciudadanía plena de las mujeres se encuentra con aquellas que saben qué quieren, las que saben que pueden y las que pelean porque se concrete lo que quieren.
Griselda Gutiérrez Castañeda, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, afirmó que hoy no se pueden regatear logros en materia de género, ni que socialmente estos temas se hayan posicionado como asuntos de interés público. Lejos de ser resultados satisfactorios o estables, el género, dijo, requiere una labor constante de reivindicación y consolidación, ante riesgos de escamoteo, intentos de legitimar juegos de poder o retrocesos.
El ejercicio de la ciudadanía no es reductible a la emisión del voto, enfatizó Gutiérrez Castañeda, para quien la incursión de las mujeres en la vida pública muestra indicios de una conciencia meridiana de ciudadanía plena, de ahí la importancia de suscribirla como objetivo para remontar rezagos y hacer valer derechos.

MUJERES, SINÓNIMO DE ENTREGA
Una valoración incontrovertible revela que las mujeres en todo el mundo son sinónimo de fuerza, entrega, sacrificio, amor y respeto. Incondicionalmente han luchado y se han convertido en un pilar dentro y fuera de sus hogares. Desde siempre han luchado por sacar adelante a sus familias, aún en las condiciones más adversas, sin embargo el camino de las mujeres en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo, dista de ser satisfactorio.
Frente a este panorama, el Partido Humanista considera que es impostergable el seguir transformando la situación de nuestras mujeres. Hay que reflexionar sobre los avances logrados e implementar políticas públicas y programas que inserten a las mujeres plenamente en la vida pública, mejoren sus oportunidades e impulsen su desarrollo individual, social y profesional.
En consonancia considera importante invitar a todos los connacionales a sumarse para erradicar la discriminación laboral, para garantizar el derecho al trabajo, a la educación y a la formación profesional de nuestras madres, hijas, amigas, colegas y ciudadanas.
Su propuesta es incorporarse a un México libre de violencia hacia nuestras mujeres. Queremos un México en el que nuestras madres, hermanas y amigas puedan salir a la calle y sean respetadas por cada miembro de la sociedad.
“Necesitamos un país en el que podamos confiar en el otro. Hoy, que alzamos la voz para hablar del ser creativo por excelencia, la mujer, exhortamos a toda la sociedad mexicana a unir esfuerzos y transformar nuestra situación actual”.
Al respecto un profundo análisis de Soraya Pérez Munguía en su carácter de presidente de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana, AC, lanza una pregunta a bocajarro a propósito del Día Internacional de la Mujer: En México, ¿realmente podemos celebrar?
Según información del Inegi, de las 57.5 millones de mujeres, casi 11 millones han sufrido violencia por parte de su pareja. La encuesta reconoce cuatro tipos de violencia: emocional, económica, física y sexual. En el Distrito Federal más de 210,000 mujeres han padecido violencia física y sexual, para dimensionar: es como si todas las mujeres de la delegación Azcapotzalco y Xochimilco hubieran sufrido violencia sin excepción.
Para sorpresa, las mujeres que más han sufrido violencia por parte de su pareja son las mujeres jóvenes (de 24 a 34 años), cerca de 3 millones de mujeres; además, no necesariamente se cumple la teoría que entre más educadas más empoderamiento; de hecho, las mujeres con educación media superior y superior mostraron un gran porcentaje de violencia, casi 30 por ciento.
Un dato alarmante revela que cerca de 4.5 millones de mujeres nunca acudieron a una instancia para solicitar ayuda por la violencia que recibían, y las pocas que lo hicieron acudieron al DIF y no a un ministerio público, a pesar de estar catalogado como delito.
El problema de la violencia tiene su origen en la familia, este patrón se repite y es un círculo vicioso que no se puede romper, casi 70% de las mujeres que sufrió violencia también la practican con sus propios hijos.
Además de la violencia en el hogar, las mujeres podemos ser víctimas de violencia laboral. Cerca de 4 millones de mujeres han sido víctimas de discriminación laboral: 2 millones ha declarado que percibe un ingreso menor al de un hombre que realiza la misma actividad, y otros 2 millones de mujeres han tenido menos oportunidad que un hombre para ascender. A más de 90% de éstas les solicitaron una prueba de embarazo para solicitar un trabajo, y a 855,000 mujeres las despidieron, no les renovaron el contrato o les bajaron el salario por el simple hecho de estar en esta condición.
Además, el presupuesto no está preparado con equidad, no tenemos claridad de que el gasto público beneficia de igual forma a mujeres y hombres; como ejemplo, prácticamente no hay edificios públicos con salas de lactancias, lo que impide que mujeres sanas puedan conservar leche materna en los primeros meses de sus infantes.
Aún hay mucho por hacer: falta información, falta educación, faltan recursos, falta equidad.
En cuanto a la participación de las mujeres en la vida política de nuestro país, definitivamente, nuestra participación pública en la toma de decisiones es mucho mejor que hace algunos años, aunque la famosa cuota de 50% que promueve la mayoría de los partidos políticos aún no es una realidad. En el 2014, 38% de los 500 espacios para diputados fueron ocupados por mujeres. En la Cámara de Senadores, de los 128 curules, 34% son ocupados por mujeres.
En ese mismo año, el Congreso local de Tabasco tuvo la mayor proporción de mujeres, con 42%; seguido por Chihuahua con 38%, y Oaxaca con 32 por ciento. De manera opuesta, en Coahuila, Nuevo León y Puebla, existe una menor participación. A nivel municipal, las diferencias son más marcadas: de los 2,434 municipios y 16 delegaciones políticas del DF, sólo 6% de mujeres ocupó el cargo de presidentas municipales o jefas delegacionales.
En la administración pública federal, de 24 secretarías de Estado sólo tres son encabezadas por mujeres sin contar la reciente incorporación de Arely Gómez al frente de la PGR para aumentar algo esta baja representación. De 54 subsecretarías, sólo nueve son encabezadas por mujeres.


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