El telón de camisetas negras en el Chopo

Música, trueque y cultura

Por Omar Páramo/Francisco Medina (UNAM)

El Museo del Chopo busca regresar a sus orígenes: el trueque entre jóvenes, oír música y, lo más interesante, interactuar entre ellos, que se sientan parte de una comunidad que entiende e impulsa sus gustos, aficiones y el interés por la cultura popular.

Por lo pronto, con música y 350 camisetas negras –con el nombre de grupos de rock famosos-, conforman un gigantesco telón. Como homenaje a este espacio, Pia Camil decidió crear una obra monumental a base de textiles y, para confeccionarla, convocó al barrio y pidió a los vecinos camisetas negras con logos de grupos musicales

Dentro del imaginario colectivo, pensar en el Museo Universitario del Chopo es hacerlo en dos cosas que ya no están ahí: el esqueleto de dinosaurio que había en su interior y el tianguis cultural a sus afueras.

En este último lugar, los jóvenes intercambiaban vinilos, casetes y cartuchos de ocho pistas, y se reunían para oír rock y punk, algo que no podían escuchar en otro lado ya que en la primera mitad de la década de los 80 este tipo de música estaba vetada en la radio y todo material relacionado con ambos géneros entraba al país de forma clandestina, era caro y muy difícil de conseguir.

En el rescate del Chopo y en retribución a todo aquel que participe recibiría de vuelta una playera intervenida por ella y por la diseñadora Lorena Vega. ¿Y por qué esta dinámica?, se le pregunta a la artista. “Para preservar la práctica que dio pie a dicho mercado: el trueque”.

La creadora lleva ya años experimentando con la expresividad de la ropa de segunda mano: ya antes presentó una serie de intervenciones en el interior de algunas casas de la ciudad alemana de Colonia, y en la capital de Guatemala marchó por las calles con una pieza llamada Divisor pirata, inspirada en un performance de 1968 de la brasileña Lygia Pape, sólo que ahora Pia unió decenas de remeras y tejió una inmensa prenda con múltiples huecos para el cuello, a través de los cuales la gente se asomaba y caminaba cubierta bajo un solo manto, cual si fuese una hidra de 100 cabezas.

“Emplear camisetas usadas me permite hablar de las relaciones económicas entre América Latina y Estados Unidos, de explotación, consumismo y el tránsito entre lo formal y lo informal, y de una desigualdad que, por un lado, produce riqueza, y por el otro carencias, pero también de historias personales, ya que cada prenda salió del clóset de alguien único y trae consigo un relato singular”.

Written By Huellasmx